sábado, 10 de abril de 2010

Don Adán del Castillo




Nuestro padre, D. Adán del Castillo y Westerling nació en Las Palmas el 19 de febrero de 1845. Fue el sexto hijo del Cuarto Conde de la Vega Grande, D. Agustín del Castillo y de la esposa de este, Dña. Ana Westerling y Massieu.Nuestro padre, y digo nuestro padre porque estoy segura que hablo en nombre mío y de mis hermanos que ya no están, fue hombre de carácter muy sereno y ponderado. Estuvo ligado siempre a los principios que en nuestra familia se tuvieron por inalterables, pero supo al mismo tiempo marchar con el ritmo que los momentos iban señalando, pero sin altibajos ni extremismos.Hijo de su tiempo, para él fueron sagrados los principios de la conducta social que su familia había seguido y a mi entender y al de todos los que cuanto solicitaron su ayuda o consejo y fueron estos principios los que supo transmitir a sus hijos y que nosotros seguimos con atención muy rigurosa, dentro de las variaciones que el tiempo y la vida ha impuesto.Nuestra familia, los Castillo, por la que mi padre sentía un respeto inmenso, desciende de dos conquistadores de Gran Canaria, D. Hernán García del Castillo y su hijo Cristóbal, dos capitanes que vinieron a la isla en la primera expedición del General Juan Rejón, en 1478; es decir hace 500 años.Nos decía mi padre que aquel Hernán había sido uno de los cinco capitanes que vinieron a la conquista con Rejón.Estos dos señores fueron los que los que de verdad fundaron el Telde cristiano, costearon casi en su totalidad las obras de la parroquia de San Juan Bautista, don Cristóbal hizo traer parte de sus valiosos ornamentos incluidos en el famoso retablo flamenco que hasta hoy se ve en el altar mayor de aquel templo. Esta familia llegó a Gran Canaria procedente de Andalucía , donde se habían establecido y desde entonces hasta hoy asiento seguro en el archipiélago dando su sangre a las familias de mayor tradición histórica en él y a muchas de la península.Cristóbal García del Castillo realizó en Gran Canaria una labor muy fecunda , creó el famoso ingenio de azúcares que llevaba su nombre y poseyó una importante flota para atender a sus explotaciones agrícolas, que fueron muy importantes; tal vez una de las primeras de la región. El creó el tan conocido e importante Mayorazgo de Castillo en las tierras del sur de la isla con asiento principal en Telde.Nos decía mi padre que nuestra familia sostuvo el patronazgo de la Iglesia y Monasterio de Santo Domingo de Las Palmas, aparte otras importantes fundaciones que sería excesivamente extenso detallar.Más tarde entraron en estas obligaciones las propiedades de San Lorenzo y San Gregorio en la misma zona, que siempre atendieron con gran desprendimiento y afecto, y entre ellas las de Tamaraceite con la de la Virgen de los Reyes en Las Palmas. Sería enfadoso citar las personas que se destacaron a través de la historia, pero creo que debo destacar al historiador D. Pedro Agustín del Castillo y Ruiz de Vergara, del que tanto se ha escrito como patricio e historiador.Este D. Pedro Agustín fue nuestro abuelo. Dejó entre otros escritos su conocida descripción Histórica de Las Islas Canarias. Precisamente este señor vivió de niño en nuestra casa de la calle del Castillo. Se cuenta en la familia que estando en la azotea echando a volar una cometa se ató el hilo a la cintura y vino un golpe de viento muy fuerte y se lo llevó, y gracias a su preceptor no pasó la cosa a mayores.Mi padre fue un hombre muy activo pero sin ambiciones, enemigo de las intrigas y luchas políticas. Vivió como toda su familia las vicisitudes de país en el último tercio del siglo pasado y parte de éste, pero sin demasiadas apetencias ya que para que prestara siempre su colaboración más desinteresada a cuanto significara servicio a la Patria y a nuestra tierra.El vivió, como todos, las circunstancias y conflictos producidos aquí por el derrocamiento de Dña. Isabel II, la Segunda República, la Monarquía de D. Amadeo de Saboya y más tarde la Restauración en la persona de D. Alfonso XIII.Al declararse la guerra de Cuba tanto mi padre como mi madre, actuaron con mucho interés en las tareas de instalación en Las Palmas de un Hospital Militar de emergencias que se organizó en el anterior local del Casino, así como en otras medidas tomadas para un caso de urgencia. Puedo sentirme orgullosa, como se sintieron mis hermanos todos, y del ambiente de la formación humana y muy cristiana que se nos impartió en nuestra familia. Mi padre había estudiado primero en el colegio de San Agustín , hasta terminar el grado, luego quiso su padre enviarlo a la península a incrementar sus estudios, pero las exigencias del patrimonio familiar tenía, impidieron llevar a cabo la iniciativa, aquí siguió estudiando y perfeccionando sus estudios. Estudios de Agronomía que tanto le interesaban con los profesores que entonces teníamos, ya que la calidad agrícola de sus propiedades así lo precisaban.Nuestros padres se casaron en 1878, mi madre perteneció a la antigua familia de Manrique de Lara, de la que fue Mayorazga, y fuimos siete hijos.Mi madre fue señora de gran corazón y de muy entero carácter. Presidió la Junta de Damas que se formó aquí con motivo de la estancia de S.M. Don Alfonso XIII, en el año 1906, antes y en instantes muy difíciles, cuando la Diputación Provincial nos olvidaba , ella fue la principal organizadora del conjunto de Damas que se impuso la difícil y abnegada tarea de solicitar de puerta en puerta la aportación de las clases pudientes a fin de suministrar víveres, ropas y hasta instalaciones al Hospital de San Martín y al resto de establecimientos benéficos que padecían una penuria espantosa. Ella en unión de su marido y tal vez adelantándose a su tiempo, intentó fundar una guardería infantil, pero fueron tantos los impedimentos con que se hubo de encontrar que desistió al final descorazonada por la falta de apoyo.Más tarde ya en este siglo fueron ellos quienes cedieron terrenos muy amplios en Guía, junto al Albercón de la Virgen, para la creación de un granja agrícola, que era lo que mi padre sentía con más intensidad, la agricultura; y hasta pensó en algún instante levantar por su cuenta el edificio del Centro, pero al ver la apatía que tanto el Gobierno como los centros locales e insulares demostraron, quedó fundada pero en papel. Nuestra familia, hubo instantes que fue dueña de gran parte de los lugares de San Gregorio junto a San Lorenzo, que en lo antiguo se llamó Lugarejo, y de Tamaraceite.Siempre atendimos como hemos hecho en cuantos lugares hemos tenido tierras, las solicitudes que en orden a establecimientos de carácter benéfico público y muchas veces privados, se nos han solicitado y aunque las cosas han cambiado, nosotros y en honra a nuestro padre hemos cedido gratuitamente estos terrenos de Tamaraceite para crear en ellos el centro que lleva su nombre.Fue caballero de la Gran Cruz del Mérito Agrícola y Presidente del Consejo de Fomento de Las Palmas. Perteneció a la primera junta que se celebró en el Cabildo Insular ( en el cuadro que está en el Cabildo Insular ) con la primera presidencia figura él también ( como consejero ) en el año 1912.( … )


Fuente: micolegioadan.blogspot.com

lunes, 5 de abril de 2010

Una afición no muy común


Entiendo que no es muy común ver a un tipo con unos prismáticos acostado en el suelo de noche viendo y contando estrellas, aunque en mi caso llegó a ser lo más normal del mundo. No por el mero hecho de soñar sino más bien por curiosidad y comprender esta maravillosa ciencia. Un día por curiosidad cogí unos prismáticos que teníamos en casa, unos Kenko 10X50 y se me ocurrió observar el firmamento con ellos, la verdad que en ese momento y tras 5 minutos me dije que eso era muy complicado para mí y que como no comprendía lo que observaba no le dedicaría más tiempo. Unas semanas más adelante mientras cursaba 3º BUP en el Cairasco de Figueroa una fría mañana de Diciembre de 1995, reparo en que se me olvidaron en casa unos ejercicios que se iban a corregir ese mismo día, así que no me quedó más remedio que sacrificar el descanso del recreo e irme a la biblioteca junto con algunos compañeros, donde el silencio sepulcral era su santo y seña. Los ejercicios no eran nada del otro mundo y en 10 minutos prácticamente estaban resueltos, una vez resueltos y mientras se sucedían las bromas risas entre los compañeros, presté atención a los libros que tenía en la estantería de enfrente, reparo en unos pocos clasificados como ciencias naturales pero apartados del resto, me refiero a que el orden de apilado de los libros en esa estantería en concreto era de izquierda a derecha y estos pocos libros estaban uno encima del otro en la parte contraria de la estantería, como si estorbaran o algo parecido, no pude resistir la curiosidad y me acerqué a ver por qué estaban apartados del resto, cuál fué mi sorpresa al ver que uno de esos libros se titulaba "Como observar el firmamento con prismáticos", no podía salir de mi asombro, naturalmente ese mismo día pedí prestado el libro en la biblioteca donde una tal Estrella, me cedió el libro sin problema alguno no sin antes recalcarme la fecha de devolución, el libro era una traducción al español de un conocido divulgador y Caballero Inglés llamado Patrick Moore, donde explicaba generalmente la clasificación de las estrellas más brillantes del cielo por constelaciones, con la ayuda del libro ya comencé a ponerle forma a todo aquel caos de estrellas, para la nochebuena del '95 ya reconocía todas las constelaciones del cielo de Invierno, pero tenía una limitación, la azotea de mi casa de Piletas no disponía de mucho campo de visión, así que no me quedó más remedio que buscar un sitio con un cielo más abierto y poca contaminación lumínica, el lugar elegido, la cercana montaña de San Gregorio, en un principio siempre iba reclutando con éxito amigos y conocidos que tenía por aquellos años, pero hay que entender que a todo el mundo no le gusta esta afición y aunque al principio había mucho entusiasmo, se iban aburriendo poco a poco, algunos confundieron esta afición con el avistamiento de Ovnis y , lógicamente salieron decepcionados, entre tanto durante el transcurso de las semanas pude seguir reconociendo más estrellas y constelaciones con la ayuda de aquél magnífico libro y las buenas condiciones de transparencia que ofrecía por entonces el cielo de San Gregorio en los puntos más alejados de la civilización, sobre todo mirando hacia el sur donde lucían magníficas las constelaciones del Centauro y la esquiva cruz del sur, esta última de forma parcial, los planetas Júpiter y sus 4 lunas perfectamente visibles con los prismáticos (realmente tiene más de 20 satélites), Venus y sus fases, el escurridizo Mercurio inmediatamente tras anochecer, el rojizo Marte y Saturno aunque el anillo era invisible a mis modesto equipo . Poco me duró el "observatorio", lo que tardaron en cansarse los amigos y para ir yo solo pues no me arriesgaba, así que dejé de lado durante un tiempo los prismáticos, unos meses más tarde anunciaron por televisión que para la 2º semana de Abril del año 1996 sería visible el cometa Hyakutake, cerca de la estrella Arturo, todo un hito por lo cerca que pasaría de nuestro planeta, ya reconocía esa estrella y por este cometa volví a coger los prismáticos de nuevo y aguardé pacientemente a que se retiraran las nubes esa noche de máximo acercamiento que, para más señas era Viernes y, ciertamente fué todo un espectáculo, a simple vista se veía enorme con su brillante cabellera y su gran cola, no cabía en el campo de los prismáticos y se me quedó una huella que no me abandonaría nunca, esta era mi afición y decidí en ese momento dedicar bastante de mi tiempo libre a recopilar información y comprender los fenómenos y la mecánica celeste y, como no comprender el clima de la zona, para poder decidir que días y qué condiciones eran más apropiados para observar y cuáles no, obteniendo conclusiones bastante interesantes.Unos meses más tarde allá por Junio de 1996 nos mudamos a la parte Sureste de la isla y aquí he seguido evolucionando en el aprendizaje esta ciencia, ahora mismo ya dispongo de varios telescopios, prismáticos gigantes, cámaras, etc....aunque esto quizás sea otra historia. Pero jamás podré olvidar mis primeros pasos en la materia el tiempo que residí en el Barrio de Piletas..Recientemente he recibido una de mis fotos de la luna ha sido elegida "Lunar Photo of the day" en la web LPOD gestionada indirectamente por la Nasa, foto que me gustaría compartir con todos ustedes. http://lpod.wikispaces.com/February+26%2C+2010
Fuente: Israel Tejera Falcón http://astrovecindario.blogspot.com

miércoles, 31 de marzo de 2010

Semana Santa. Descanso, fervor y diversión.


Se acerca el puente de Semana Santa. Descanso, fervor, diversión o las tres se conjugan a la vez. Todavía, pese a quien le pese la Semana Santa se sigue viviendo con plenitud, eso sí de otra manera que antes, pero continúa siendo una manifestación de respeto y simbología para el cristiano. La vida del cristiano gira en torno a la Resurrección de Jesús, referencia más importante de nuestra fe. Durante los tres primeros siglos del cristianismo la única fiesta que realmente se celebraba era la Pascua de Resurrección. Con el paso del tiempo ese acontecimiento de la Resurrección se fue ampliando alrededor de la Semana Santa que se celebra el domingo siguiente a la primera luna llena del equinocio de primavera, entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Yo tengo muchos recuerdos de la Semana Santa, cargada de solemnidad y respeto. La gente se iba preparando desde el Miércoles de Ceniza con la entrada de la Cuaresma, cuando no se podía oir hablar de carnaval. Cuarenta días de ayuno y abstinencia, sobre todo de carne los viernes, que se llevaba a rajatabla. Por esos años el latín era el idioma oficial de la iglesia y los monaguillos tenían que aprenderse de memoria las oraciones en la lengua clásica. Don Manuel Rodríguez, al salir de la escuela, en los escalones, les enseñaba, y daba más “leña” que clases... Pero se aprendía. Uno de los monaguillos de aquella época recuerda que en Tamaraceite el cura Don Manuel Rodríguez puso, en donde hoy está el mural de Jesús Arencibia, las cortinas que le había prestado el dueño del cine, Don Manuel Marrero. Colocó unas cuerdas y había que tirar de ellas cuando, en la Vigilia de Pascua, el cura cantara “Gloria in excelsis Deo” (Gloria a Dios en las alturas). Y mientras cantaba el gloria, los monaguillos tenían que hacer sonar con fuerza las campanillas chicas. Manuel se cansaba de tocar tanto tiempo y el cura le daba capones en la cabeza diciendo: sigue, sigue, sigue... Mucho respeto sí que había en semana santa. En la radio solo podías escuchar música clásica y como te cogieran cantando el viernes santo te daban un capón.Ese día era el clásico del sancocho con gofio amasado y batatas.Muchos monaguillos se peleaban por salir en las procesiones que eran muy solemnes en los pueblos y la capital, aún cuando no estaba muy de moda lo de las cofradías. El vestuario del monaguillo, era la sotana y el roquete en la parte de arriba. El mayor llevaba sobrepelliz. También se ponían la moceta, una especie de capa hasta media espalda, como las pañoletas de las mujeres. El sochantre estaba para cantar y el sacristán estaba para el arreglo de la iglesia. Quién no recuerda hace unos años, algunos ya, cuando llegaba la semana santa y los grupos de jóvenes se reunían para vivir "su semana santa". En algunos de nuestros pueblos se representaba por las calles la pasión y muerte de Jesús, que culminaba colgando a "Jesús" de un madero. Incluso la iluminación la ponían varios coches con sus faros encendidos. Todavía sigue esta tradición, después de dieciocho años, en la Villa de Agüimes donde se representa el Auto de la Pasión escrita por Orlando Hernández, hijo de la villa. Otras muchas son las imágenes de estos días, como la del sábado, cuando se bendecía el agua y los monaguillos salían a rociar las casas. Ellos entraban y la gente les decía dónde debían rociar. Los moradores en agradecimiento daba algunos huevos o algunas perrillas que ellos iban recogiendo. Cuando llegaban a una tienda, compraban con el dinero de la alcancía un poco de pan y sardinas. A los monaguillos de antes nadie los tenían que despertar para ir a misa. El gallo de Cirila Cantero en Tamaraceite los despertaba los domingos a las cuatro y media de la mañana y solamente por el hecho de ponerse la sotana no dormían en toda la noche pensando en el pan calentito que traía Agustinita para los monaguillos. En estos días la Semana Santa se vive de manera algo "diferente". Los cristianos de hoy en día combinan playa con cultos, que no está mal tampoco, porque digo yo, tiempo para todo hay.

viernes, 26 de marzo de 2010

La graduación del machito

Les dejo con otro de los recuerdos de nuestro amigo Sergio Naranjo. ¡Excepcional!

Para poder ser respetado, en medio de aquella sociedad cruel, bárbara y tierna, todo a la vez, había que superar varias peleas y hacer el burro del modo más extremo. Y casi lo tenía hecho, cuarto de E.G.B., H-10, Doña Miriam de tutora y clase de chiquillos nada más; ellas estaban con don Fernando en la H-9. Curso 74/75 que se daba hasta mediados de julio, no creas; ya le ganaba a un montón y las burlas zahirientes del año anterior habían sido superadas. Ahora quedaba la última prueba, la que todo el mundo te recordaba si no habías hecho, para ser tenido en respeto: las chiquillas.A las chicas no se les decía nada, que se ponían a llorar y sus pruebas no eran válidas; a las grandes menos, que aparte de pasarse el día alega y alega, me habrían mandado al carajo y alguna bofetada de compaña. Tenían que ser las de una edad como la mía, de unos nueve a once años, antes de que todos llegáramos a esa edad en que nos echamos a perder. Se ponían a jugar a algo de lo suyo, y yo las tenía que retar para hacerlo también. Y si pasaba la prueba, sofoco incluido, estaba todo hecho.Al brilé no me aceptó ninguna, que con lo bruto que soy mis pelotazos no los quiere nadie; a eso del sé-sé-sé con las manos y cantando no acepto yo, que es una machangada que no da valor ninguno. Las cogidas, calimbres y coritos de las chiquillas son coto cerrado y ninguno entra allí. Al final me fui al elástico. Al pie de la puerta trasera del Colegio, frente al comedor, a la izquierda según se entra, bajo la sombra de un árbol frondoso, dos chiquillas sujetan un elástico de unos tres metros estirado, mientras otras seis o siete van saltando. Yo les suelto la bravata despectiva para que se piquen; no puede ser insultante, que entonces lo puedes pasar muy mal, o peor si llaman a alguno de los grandes y te bañan en leches. Me sale bien, ochenta diablas con cara de angelitos que no sé cómo lo oyeron ni de dónde salieron, me respondieron, todas a una: ¿Aaaah, síiiiiiii? ¡Pues a ver si tú lo haces, listiiiiiillooooo!Todas se disponen a examinarme, pero el candidato a machito se siente ufano y fuerte. Tobillo. ¡Buah! Fue pasar caminando por encima. Rodilla. Apenas tuve que levantar la pierna, la cabeza alta, retador... Ellas, ufanas, seguras, calladas... Medio muslo. Ellas saltan primero. Asombrosamente, hacen una pirueta de media vuelta, saltan y lo pasan. Yo ya empiezo a pensar que por qué no reté a las que están más al centro saltando a la soga. Pero supero el trago. Me fui aflojando, aflojando...Cintura. ¡Boooh! La cosa se está complicando. Hay que verlas, se van al suelo con las manos, hacen la palma, giran, pasan el elástico y caen de pie, la falda siempre en el sitio. Hombre, yo también puedo hacer eso, y sin falda que me preocupe, pero aquellos sudores ya no son de cansera. Hombro. Ahora se puede estirar la pierna hacia arriba, pisar el elástico con el pie, bajarlo y pasar. Ellas lo hacen, y me miran suspicaces. Mientras lo hago voy rezando para que esto acabe.Oreja. No sé qué noté en algunas cuando pasaron todas y me tocó a mí, pero al pisar, a una se le escapó el elástico (yo pa mí que lo soltó, juraíto por dió) y me llevé un jaramagazo del hombro al tronco de la oreja, pasando por todo el pescuezo y saliendo por la coronilla, que se sintió en San Gregorio. Los que jugaban al fútbol en el patio de arriba, en equipos de cincuenta cada uno, asomaron a reírse; otro tanto hicieron los de la reconca, pegados al terrero; los del calimbre de allá por la H-6 se llegaron pronto. Por la banda de abajo, los del boliche dejaron los guás; los de las estampas de los escalones del comedor no pudieron dar una palmada más; algunos abandonaron el voleibol un rato; y hasta los del churro de cerca de casa de Manolito se acercaron también.Y allí quedó este pobre penitente delante de aquellas brujas, ahora calladas, soberbias, satisfechas y ufanas, sin reírse, degustando su venganza, gesto despectivo, mientras yo no tuve más remedio que dejar el intento para mejores veras y de otras maneras. Batido en retirada, con la cabeza gacha, creyendo que había fracasado, resultaba, en ese imposible mundo de entender que son las ideas de las mujeres, que había ganado el título.Ya fui tenido en respeto y nadie más se metió conmigo. Pero este que está aquí no ha vuelto a desafiar a una mujer en los treinta y cinco años posteriores ni en otros tantos que viviera.

sábado, 20 de marzo de 2010

Entrega de Notas




Se acerca el final del trimestre y con él la bien temida entrega de notas. Pero este hecho traumático en otro tiempo, parece que en la actualidad ha perdido ese toque de intranquilidad y tensión que bien vivimos algunos llegando incluso a tener pesadillas con este papel. En la imagen podemos ver un boletín de notas de hace 36 años, el de nuestro amigo Sergio Naranjo, y que a buen seguro le traerá algún que otro recuerdo. Si me permiten les voy a contar mis días de entrega de notas. Mis primeros recuerdos del colegio son del "Colegio de Chita" , cuando estaba situado en el Callejón del antiguo Correos, en la Calle Magdalena en la Montañeta. Cuando empezamos la primaria mi padre por cercanía a su trabajo nos apuntó en el Colegio san Francisco Javier de Guanarteme. De los primeros recuerdos que tengo de ese colegio es "cagarme de miedo" en el sentido literal de la palabra. Don Santiago era el terror de los niños y todavía siento en mis nalgas las palizas por no saberme la lección o no saber resolver una raíz cuadrada en 4º de primaria. Pero tenía compañeros que lo tenían más crudo aún, ya que los pobres se la llevaban por ser zurdos. Yo la verdad que no fui un estudiante ejemplar porque tuve la suerte, o la desgracia, de tener un hermano gemelo del que me aproveché mientras pude, o lo que es lo mismo, él estudiaba y yo me copiaba. Recuerdo como si fuera hoy que en 6º, en el Adán, mi hermano me despertaba a las 6 de la mañana para que estudiara para el examen que tendríamos horas después. Yo de remolón terminaba con el libro de sociales delante pero con el ojillo cerrado. Cuando preguntaba Doña Angelina en Sociales me ponía con el libro escondido en la falda a decirle la lección y ella no se daba cuenta, o eso al menos nos parecía. Al final en el examen terminaba poniéndome lo más cerca posible de mi hermano para ver si podía escapar. Y a veces escapaba, y tanto, que así sobreviví hasta 2º de BUP, en que repetí curso y ya me tuve que buscar la vida. Después de esa "catástrofe" no volví a repetir curso alguno y la entrega de notas empezó a dejar de ser un mero trámite para convertirse en el indicador del esfuerzo realizado. Generalmente era así aunque, a veces, éste no se veía recompensado y venían las desilusiones, como si algo te rompiera el alma y el cuerpo. Pero sin duda que la enseñanza sin entrega de notas no es lo mismo. Ahora me toca a mí poner las notas y lo que sí que les aseguro es que siempre viene a mi mente mi etapa de "gandul" y me sirve para valorar mejor el esfuerzo de mis alumnos y a entender también a los que todavía no han descubierto que estudiar realmente vale la pena.

domingo, 14 de marzo de 2010

Tiempos pasados no tan buenos (I)


Nuestro amigo Sergio Naranjo nos envía otro de sus recuerdos de la infancia. Les dejo con él.

Según llegué al Adán del Castillo, allá por fines de noviembre de 1973, a mi cuenta pasaron pocos días, aunque fueron unos quince, y se nos mandó ir a formar al patio. A grito pelado, de forma muy dura, los niños unas filas, las niñas otras: ¡Firmes! ¡Ar! ¡Cubrirse! ¡Ar! ¡Fuera! ¡Esa palmada al muslo! ¡Alinearse bien o van saber lo que son latigazos! ¡Firmes! ¡Ar! Marcando el paso... ¡Ar! Y allá vamos los niños a dar zapatazos contra el suelo, mientras las niñas se mueven, pero no tan fuerte. ¡De frente! ¡Ar! Y salimos. No sé qué puede ocurrir hoy, los maestros están coléricos, hay gente rara en el Adán, gente seria, de mal carácter y mal encarados. Parece que disfrutan con hacernos eso. Salimos del colegio y enfilamos el Paseo de los Mártires. Pobre de quien se eche fuera del paso, del orden. Le pegan, y si llora le pegan más. A las niñas no les gritan, las insultan porque son niñas. Vamos haciendo un rítmico traqueteo calle adelante, hasta que llegamos frente a una tienda y allí bajamos, ¡paso normal, ar!, y no marcamos el paso, bajamos los escalones y nos vamos a situar donde alguien que se hace cargo de nuestra fila nos pone. En la plaza está formada una banda de requetés, que se llaman así y no requetenes, que así les llaman en San José, ustedes que son unos maúros. Son feos, tienen una boina roja, una camisa azul, un pantalón negro y botas de soldados; tienen unas correas en el cuerpo, y se bambolean rítmicamente al compás de unos tambores. Po-porropón, pon-pon, siempre sonando una y otra vez, y de vez en cuando cornetas. Banderas. Y malas caras, mal genio. Algunos tienen unas chaquetas blancas y dan órdenes. Se hacen saludos levantando la mano. Algún niño llora y le pegan, y no se calla, y se lo llevan a un recodo de la plaza y le pegan más.Se hacen saludos de unos a otros, se dan gritos, nos mandan firmes. Y los tambores. Po-porropón, pon-pon, una y otra vez. Yo quiero estar en San José, lejos de allí, con mis cochitos y mis ruedas para jugar; con mis cañas haciendo de caballos; con mis boliches, mis trompos... Pero me aguanto. Hace unos días que he llegado a este colegio y todo ha sido sufrir, el nuevo, el débil. ¡De frente paso normal! ¡Ar! Y vamos entrando a la iglesia, a mí me ha tocado al medio de la segunda fila de la izquierda, casi en el centro de la nave. Y Don Luis nos espera, con una sonrisa beatífica y satisfecha, las manos reposando cruzadas en el pecho, actitud santa. Ha terminado el sonido del tambor y alguien desde algún sitio que no identifico, grita a pleno pulmón: ¡Camaradas! ¡Viva Cristo Reeeeeyyyy! Todos responden: ¡UH! ¡Vivas PAÑÑÑÑA! ¡UH! ¡Vival CaudiLLOOOO! ¡UH!Nunca había estado en una misa como esta. Trapos en el altar con símbolos del desfile de la victoria. Banderas en la iglesia. Y una homilía para decirnos muy enardecidamente que éramos el futuro de la grandeza nacional. Había nacido, en efecto, un rebelde. Cuando uno de ellos me soltó un jaquimazo que casi me tira al suelo porque no grazné después de uno de esos vivas (no sabía qué ni cuándo había que responder, al año siguiente vaya si lo supe), no lloré. Pero ya tenía claro que aquella no era mi gente, ni aquello era lo mío. Nunca sería de ellos.No. Todo tiempo pasado no fue mejor, aunque me puedes devolver mis ocho años.

martes, 9 de marzo de 2010

Aniversario de Juanito Guedes

Se cumplen 39 años del fallecimiento de Juanito Guedes. Se inició en el histórico equipo del Porteño, el que luego sería la UD Tamaraceite, como juvenil. Después de ser convocado para la Selección Juvenil de Las Palmas, donde tuvo destacadas actuaciones como extremo izquierdo, se incorpora al equipo juvenil de la U.D. Las Palmas, de donde con sólo 18 años salta al primer equipo en la temporada 60-61, haciéndole debutar en Ceuta el 23 de abril de 1961 el entonces entrenador, Casimiro Benavente, en su puesto habitual de medio izquierdo con el número 6. A partir de esa fecha es el titular indiscutible en esa demarcación. Su primer gol con la U.D. Las Palmas lo obtuvo el 4 de marzo de 1962 en un célebre partido frente al Córdoba, donde un dudoso gol de los andaluces provocó un grandioso escándalo en el Estadio Insular. En la temporada 61-62 actuó en todos los partidos de Liga y Copa. Siguió siendo titular indiscutible y poco a poco se convierte en el auténtico líder del equipo por sus magistrales pases largos y su potente disparo con la zurda. En la temporada 63-64, la U.D. Las Palmas retorna a la Primera División, realizando Guedes unas destacadas actuaciones que le reconocen como una de las figuras del fútbol nacional. Los grandes equipos se interesan en sus servicios, pero él firma en blanco con los colores del club de su tierra con el que conseguiría las mas altas cotas del historial del balompié canario. Su primer gol en la División de Honor lo consigue en el Estadio Insular frente al Oviedo el 1 de noviembre de 1964 en una memorable actuación. La muerte de Juanito Guedes causó un profundo pesar en todo el pueblo canario y en la afición futbolística española, pues todos admiraban su gran clase. El partido de homenaje póstumo, frente al Partizan de Belgrado, fue una emotiva manifestación de cariño de todo el pueblo canario y del fútbol español. En Tamaraceite se le hizo un emotivo homenaje en el Cine Galdós, donde no cabía ni un alfiler. Fruto de las vivencias de aquellos días un joven satauteño, amigo suyo, Salvador Santana, le compone una canción que todavía hoy nos hace llorar y con las que les quiero dejar hoy. Aquella esbelta figura, con su gran zancada, que en el momento preciso soltaba un pase de zurda que los habilidosos y rápidos extremos, León y Gilberto I, materializaban en espléndidos goles, será inolvidable para cualquier aficionado. Su nombre lo lleva hoy el Campo de Fútbol de Tamaraceite.

domingo, 28 de febrero de 2010

La Cruz del Ovejero


Tamaraceite fue lugar de paso para personas, vehículos y animales desde época histórica. Abundante ganado de zona de cumbres bajaba en invierno a zonas más bajas como Tamaraceite a pastar y por aquí andaban durante algunos meses. Esta zona fue muy abundante en agua por lo que no es equivocado decir que fuera un lugar apetecible para el pastoreo y cercana a un núcleo urbano para repostar. Aprovechaban los pastores de ovejas y cabras el barranco de Guanarteme o las suaves lomas que había entre La Isleta y Tamaraceite para llevar la leche que vendían o los animales. A la influencia de la agricultura y de los fenómenos naturales en la degradación del paisaje tamaraceitero hay que sumar desde mucho antes el sobrepastoreo, ya que los rebaños permanecían aquí desde noviembre hasta julio, para después trasladarse a Valleseco o Firgas. Por ello existían cortijos como el de San Gregorio, de ahí le viene el nombre al lugar. Como el topónimo Cruz del Ovejero, que viene de una cruz que se puso allí hace mucho ya y que desapareció con el tiempo, porque según cuentan nuestros mayores, en esa zona hubo un asesinato. Dos pastores discutieron por una oveja, fruto de esa discusión uno de ellos apuñaló al otro, falleciendo en el instante. Los lugareños colocaron una cruz en el lugar para rememorar aquel fatídico acontecimiento. De ahí le viene el nombre al lugar.

jueves, 25 de febrero de 2010

Mariquita García la partera


Hoy les voy a hablar de una persona muy cercana, mi abuela. Ella se llamaba María García, Dios la tenga en el cielo, esposa de José Cabrera y muy conocida no solo por su labor, de la que les voy a contar a continuación, sino por su gran bondad. La gente de Tamaraceite la conocía por Mariquita García, la partera, y fue la "madre" de muchos de los niños que ahora tienen 40 ó 50 años. Todavía recuerdo su caja metálica amarilla, de galletas inglesas, donde guardaba sus artilugios para las "operaciones" que realizaba siempre en la casa de las parturientas. Ella sabía con solo tocar a la futura madre si "estaba para ella" y si no les decía "mi niña, tienes que ir para abajo". Ella nos contaba que las mujeres le suplicaban que hiciera lo que pudiese, que ellas no querían"ir para abajo", osea, ir a la clínica, ya que eso suponía que había muchas posibilidades de que no volviera por el alto índice de mortalidad que había en la "Clínica Nueva" como así la llamaban, cuando antes de construirse la Clínica del Pino había una "clínica" que después fue Casa de Socorro en la calle León y Castillo.
Mariquita García no cobraba porque las personas a las que atendía eran tan pobres como ella, que apenas tenían para comer. Ella lo hacía por amor a Dios y a las personas. Y como Dios da el ciento por uno, nunca le faltaba un plato de comida en su casa ya que la gente le pagaba con unas papitas o plátanos o lo que tuviesen. Pero no solo atendía a las mujeres de nuestro pueblo de Tamaraceite sino que venían a buscarla de otros pueblos cercanos y de Las Palmas. Sus hijas estaban acostumbradas a que a cualquier hora de la noche podía tocar alguien, algunos venían en taxi, de los pocos que había por aquellos años, para que acudiera a asistir a su señora. Incluso en el ocaso de su vida, cuando la demencia fue tocando su cabeza, acudía a asistir a partos. Me cuenta mi tía que una vez tocaron en casa para preguntar por Mariquita García y salió en silencio sin que ella se despertara para decirle que ella ya no podía ir a asistir. Pero Mariquita si se despertaba quería acudir, y en más de una ocasión así lo hizo. Cuentan las que vivieron esta experiencia que era tan buena que incluso quisieron llevársela a la clínica a hacer de matrona, y ella amablemente dijo que ya no estaba para eso y que solo lo hacía por ayudar. Pero su labor no solo consistía en asistir en el parto sino que luego iba a realizar las curas a la parturienta, a lavar a los niños a las 24 horas y a las niñas a relizarle los agujeros de los orejas. Estoy seguro que muchos de los que nos leen fueron asistidos por Mariquita García y todavía la recuerdan.

sábado, 20 de febrero de 2010

Conchi Moreno, mi maestra de prácticas




Sergio Naranjo nos vuelve a dejar con otra de sus perlas. Hoy, casualmente, es un día especial para Conchi Moreno ya que es su cumpleaños, por lo que queremos dejarle con este pequeño gran regalo de Sergio Naranjo, uno de sus alumnos. Muchas gracias a Sergio y ustedes a disfrutarlo.

Para Conchi Moreno. Un hada de cuento.
Habitualmente no suelo escuchar entrevistas a quien no tiene nada que decir, pero me paro y escucho a quien habla cosas del pueblo, cosas de la gente. Cosas mías. Al otro lado todos aquellos que José María García llamaba chupópteros, correveidiles, abrazafarolas, todos ellos con una cara descomunal, todos cotizando seis años para quedarse cobrando pensión completa toda su vida y que pague el pobre. Pero a este lado siempre hay gente que me llama la atención.Conchi Moreno fue presentada por Esteban en la radio como una activista por Tamaraceite. Nada que objetar, mientras me picó la curiosidad y me esperé. Y entonces oí aquella voz. Y la volví a escuchar, y me volví a sumergir en mis recuerdos. Campanilla me volvió a llamar desde el País de Nunca Jamás. Alicia me volvió a invitar a entrar en su País de las Maravillas. Y mientras aquella voz iba desgranando una historia personal a favor de Tamaraceite, yo me iba maravillando que a veces, esta curiosa memoria mía, que absorbe lo que le interesa y me hace sudar Dios y patria para memorizar lo que a ella no le impacta, trae también los momentos buenos de mi vida.Y tal como funciona esta memoria, y tal como me sentenciaron hace muchos años ya, en oyendo algo que me insinuara un recuerdo, como quien pone en marcha una cinta de video, mi cerebro recordó, me puso allí, a fines de 1972 en aquella clase de Don Antonio, en El Toscón, frente a una maestra en prácticas que se llamaba Señorita Conchi, una hija de Don Manuel. Éramos niños de segundo, con siete años la mayoría, y nos dejamos llevar por la hipnosis de su semblante, risa embalsada, alegría de una mañana fría y gris de diciembre que ella gratificó.Se puso delante de nosotros tras la pizarra, y un hada madrina nos encantó, y nos enseñó la letra de dos villancicos, tan distinto aquel pequeño tamborilero del habitual de Raphael, tan íntimo. Pero lo conocíamos y lo cantábamos con nuestras vocecillas desafinadas. Y de aquel otro, sopas le dieron al Niño, que nadie conocía y que ella hubo de cantar varias veces, para que su voz se deslizara por el gélido aire de aquella mañana como barranquillo de aguas termales. Y recuerdo aquel cuerpecillo joven y garboso, enfundado en un pantalón negro de pana y una camisa blanca de hilo; aquel peinado de la época hecho a un pelo moreno y recortado. Y la voz, ensoñación angelical.Siempre me quedé con el deseo de encontrar aquel villancico, pero nunca lo vi, hasta que treinta años después lo encontré sonando como música ambiente en unos grandes almacenes. Y les hice quitar aquel disco del reproductor, llevarlo al almacén y contabilizarlo para que me lo pudieran vender. Y lo volví a poner. Pero no sonaba la voz de aquel coro, sonaba la tuya, Conchi. Aquellas sopas se las comió San José no porque estuvieran dulces. Sino porque las cantabas tú. Porque mientras yo tenga memoria, como en las entrevistas de Esteban, siempre habrá otro lado reservado para gente como tú. Cada Navidad habrá un lado para las luces, la hipocresía, los gastos, el materialismo... Y habrá otro para la luz, la sinceridad, la sencillez, el compromiso...La dulzura de tu voz, cada año, permanece en el fondo de mi inocencia, en mi candidez, en mis mejores deseos, haciendo salir a la luna bella y al hermoso sol, el que nos alumbra con su resplandor. Como tu voz.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Me conoces mascarita?


¿Me conoces mascarita? Una expresión que ya pertenece a nuestro pasado más entrañable. Cómo han cambiado los carnavales en los últimos cuarenta años. Se ha ido pasando progresivamente de un carnaval activo a un carnaval pasivo. Un carnaval en que todo nos lo hacíamos con lo que teníamos en casa o con ropa prestada y ahora todo está hecho. Cualquier artilugio o disfraz que queramos está en el mercado. Un golpe duro a la imaginación de niños y mayores. Todavía recuerdo cuando deseábamos que llegase el carnaval para salir a la calle, e ir de casa en casa a pedir un "huevito". Una tradición que con el tiempo se ha perdido, y a mi modo de entender, con ella ha ido desapareciendo la escencia de las fiestas de las carnestolendas. Yo no viví la "fiesta prohibida" que vivieron mis padres y abuelos, en los que a muchos les tocó correr delante de la policía armada con aquellos trajes de "arretrancos" o aquellas fiestas casi clandestinas debajo del bombillo del farol callejero al son de una música discreta para no ser oídos por las autoridades. Aunque sí que es verdad que a todos les tocaba "cuidar" un rato para dar la voz de aviso si aparecían los guindillas. En los años 60 y 70 en nuestros pueblos eran tradicionales las fiestas de la Sociedad de Recreo, para los más pudientes, y las del Cine, a la que podía ir toda la gente sin distincion de clase social. Allí se entremezclaban ricos y pobres, los de la Montañeta y los de la Carretera, los de aquí y los de afuera, todos unidos al son del ritmo que imprimían las orquestas de moda del momento, La Tropical o Los Covina. Incluso había tiempo para las fiestas infantiles las 5 de a tarde. Las cosas han cambiado, hemos pasado de un carnaval familiar y de pueblo o de barrio, a un carnaval mediático y comercial. Ya no hace falta salir de casa para vivir el carnaval, se puede hacer desde el sillón de casa y sin ponerse un triste antifaz. Y sobre todo, no se dice esa frase que tantos recuerdos de mi niñez me trae: ¿me conoces mascarita?

lunes, 15 de febrero de 2010

Visita al Consultorio Médico




Nuestro amigo Sergio Naranjo de San José del Álamo nos trae otro de sus recuerdos. Esta vez nos habla de sus visitas al consultorio médico, sito en la Carretera General, enfrente del Estudio Fotográfico Eduardo y de la Centralita Telefónica.
Las seis de la mañana de un amanecer en 1974. En Tamaraceite, al lado del cuartelillo de la Policía Municipal. Fría mañana esta; siempre que me encuentro aquí estoy malo y con fiebre, como hoy. Mi madre y yo hemos llegado lo antes posible; nos hemos levantado temprano a más no poder; hemos hecho todas las cosas a la carrera; mi padre nos ha traído bastante más temprano de lo que suele bajar... Siempre hay entre diez y veinte personas esperando cuando llegamos. Nos demos la prisa que nos demos, allí están. No todas están con cara de enfermos; hay entre tres y cinco que no lo parecen, pero allí están. Las mujeres de inmediato se ponen a hablar. No sé cómo rayos lo hacen, pero en cosa de segundos ya están dándole al pico. Los hombres son más adustos; apenas hablan, y sus frases son más distantes entre sí. El tráfico está de miedo, cualquier día habrá que bajar Tamaraceite haciendo cola, como esto siga así.A las seis y media, puntual como ella sola, llega Rosita. Parece un soldado de cuerda, con sus movimientos rápidos, monótonos, invariables. Esas gafas de culo botella; esas manos ágiles, nerviosas; y ese temperamento digno de un rayo. Apenas levanta metro y medio del suelo, pero se faja con cualquiera. Empieza a pedir las cartillas del seguro, y a cambio va entregando las chapas plateadas con el numerito grabado que nos dará la salvación. Siempre se pelean por la vez las mismas dos o tres; y siempre son las que no tienen cara de enfermas. Por fin, con las cartillas en sus manos, Rosita nos permite pasar a la sala de espera y pasillo. Antes, cuando llegó, abrió, entró y cerró tras ella. Cuando volvió a aparecer venía enfundada en una bata blanca.El pasillo suele ser el sitio donde yo espero. En la sala no cabe un alma. Allá se ha sentado hoy mi madre, que ha podido entrar, para variar. La mayor de las veces la pasa a pie firme, en el pasillo también. Pero hoy está enfrascada en una tremenda discusión de mujeres, y sus rivales le han facilitado sitio, para explayarse entre todas, conformando un tremendo griterío. Fuera quedo yo, que por lo menos ya me puedo quitar la dichosa toalla. Debo tener lo menos treinta y nueve de fiebre. El runrún de los coches bajando por la carretera es continuo. De vez en cuando alguno que sube. Y no amanece. La débil luz del pasillo, un simple bombillo colgado del techo, es aún más intensa que la que hay en la sala, envuelta en una tulipa blanca, en forma de pelota de unos veinte centímetros de diámetro. Miro con desconsuelo aquellas sillas, que nunca he probado. Y el olor, irrespirable, a un montón de colonias baratas, mezclado con el humo de los cigarros...Por fin aparece Don José García. No parece haber tenido nunca pelo, más que en las sienes y la parte superior del cogote, blanco, igual que el de su eterno bigote. Lleva gafas, y un cigarro recién encendido, detrás del cual nos observará. Saluda rutinariamente, mientras entra a la consulta por una puerta distinta a la de los impacientes pacientes. Comienzan a entrar, y salen rápidamente, cada dos o tres minutos, con cara de haberse curado ya. Al fin, mi turno. Cuando ya me babeaba pensando en poderme sentar, cortado mi gozo por un imperativo “déjale el sitio a la señora, Sergio”, pronunciado por mi madre, con aquella entonación fisna que suele poner en el médico, se oye desde dentro el “pase” pronunciado por Rosita y que era esta vez para mí.La consulta es exactamente la misma de siempre. Don José que pregunta qué tiene el niño mientras ni nos mira, garabateando en una receta lo que Rosita le va dictando; mi madre, muy fisna ella, le va soltando la letanía de mis males. Tan pronto acaba Don José de apuntar nuestro número de seguridad social, corta a mi madre y le dice, mientras va escribiendo en la receta: “Cuatro inyecciones, dos al día, y el jarabe, una cucharada en las comidas”. Y se acabó.Ya en la calle, se ha hecho el día. Menos mal que mi madre no me vuelve a colocar la puñetera toalla por encima, mientras al fresco de la brisa mañanera nos vamos hacia arriba, a la farmacia del Cruce de San Lorenzo. Agradezco profundamente aquel fresquillo, aunque esté adobado con humo de gas oil y olor a gasolina, después de lo mal que lo he pasado dentro de aquella ratonera, donde sigue habiendo oscuridad. En la farmacia, algo de cola, pero menos. Allí sí me puedo sentar, en uno de esos bancos hechos con finas tablillas de madera barnizada, que ya no puedo más. Hoy vamos directos a San José del Álamo, no hay que entrar a comprar nada en Casa Marcelita, menos mal. Aunque aún tengo que soportar el último calvario: el taxi. Curioso. Cuando vengo al médico es cuando únicamente lo coge mi madre, y no el coche de hora que nos deja en Hoya Fría, para luego llegar a casa caminando. Aún así, lo del taxi es un sufrimiento. Ese Peugeot 404 que tiembla más que una burra loca; ese olor del forro de los sillones; esa horrible poca velocidad que toman los taxistas, hacen que cuando voy por Piletas esté a punto de vomitar. Si no lo hago es porque no tengo nada en la barriga que soltar. Hoy ha tocado Rubén, el hermano de Vicente; por un tris se nos ha escapado Santiago Naranjo, que tiene el mismo fotingo, pero que por lo menos corre como un tiro. Llegamos a la antesala del paraíso, San José del Álamo, pero aún hay más: La inyección. Dionisita se prepara el cacharro aquel lleno de alcohol al que pega fuego, mientras agita con fuerza la cápsula del inyectable con algo que le ha enchufado allí. El mismo ritual de siempre. Mientras, yo me pongo por lo bajito a rezar todo lo que sé, esperando el momento fatal. No sé cómo, pero me ha enchufado la enésima inyección, y dolorido hasta el alma me voy a casa sin esperar a mamá, que se ha encontrado yo no sé a quién. Pero al fin llega y abre la puerta. Me quito la ropa en uno de los mayores momentos de gozo y albricias que puedo disfrutar en mi vida: he vuelto de una salida de compras o médicos, lo mismo da. Todo ello mientras mamá machaconamente me regaña a grito pelado lo mal que hoy me comportado, soltando un sermón que ni Don Luis. Pero ya estoy en casa...

viernes, 12 de febrero de 2010

Desaparición del Cine Galdós

El Cine Galdós fue un referente cultural y social en nuestro pueblo de Tamaraceite. Muchas fueron las películas que se pusieron en su sala desde que Don José Cruz trajera el cine a Tamaraceite hasta su declive y posterior desaparición. En la imagen podemos ver un momento histórico para Tamaraceite y fue la desparición de lo que había sido la cuna de los sueños de muchos de sus habitantes pequeños y mayores. Con su cierre se vinieron abajo muchos recuerdos que todavía permanecen en el corazón de los mayores de 40.