lunes, 3 de diciembre de 2012

75 años de curas en nuestra parroquia.

 Aunque desde el año 1896 aparecen curas encargados o capellanes de Tamaraceite, hasta la fecha solamente han sido diez los sacerdotes con nombramiento de Párroco, teniendo en cuenta que la parroquia de San Antonio Abad fue creada el 8 de diciembre de 1937, cuyo 75 aniversario celebramos en estos días.


Ésta es la relación de párrocos:
1. Don Mariano Hernández Romero (Diciembre 1937-Marzo 1938)
2. Don Manuel Rodríguez Falcón (Marzo 1938- Octubre 1944
3. D. Vicente González García (octubre 1944-Enero 1953)
4. D. Pedro Castellano Molina (Febrero 1953-Octubre 1955)
5. D. Ignacio Domínguez Domínguez (Octubre 1955-Junio 1971)
6. D. Pío Luis García Marrero (Junio 1971-Octubre 1979)
7. D. Manuel Acosta Henríquez (Octubre 1979-Septiembre 1982)
8. D. Olegario Peña Vega (Septiembre 1984-Septiembre 1994)
9. D. Jesús Vega Mesa (septiembre 1994- septiembre 2008)
10. D. Cristóbal Déniz (septiembre 2008-........)

Pero, además de los párrocos, otros sacerdotes han realizado tareas pastorales en Tamaraceite con nombramiento de capellán, coadjutor o adscrito. Antes de ser parroquia, hubo al menos nueve capellanes: D. Jacinto Falcón Navarro (1896-1903), D. Ceferino Hernández Rodríguez (1903-1910), D. Marcelino Quintana Miranda (1910-1918), D. Manuel Socorro Pérez (1918-1919), D. Pedro Hernández Benítez (1919-1933), D. José Cárdenes Déniz (1933-1935),D. Abrahán González Arencibia (1935-1936), D. Manuel Alonso Luján (1936) y D. Mariano Hernández Romero (1936, hasta su nombramiento de párroco en 1937).

Otros sacerdotes se encargaron de la parroquia de Tamaraceite en pequeños períodos de tiempo o colaborando con el párroco como coadjutor, vicario o adscrito. Esta es la relación:
D. Gregorio Florencio Rodríguez Artiles (vicario: 1942-49)
D. José Déniz Montesdeoca (Vicario: 1944)
D. Juan Morales Sánchez (encargado: 1955)
D. José Suárez Florido (Vicario: 1966)
D. Manuel Guerra González (Encargado: 1966-67)
D. José Manuel Naranjo Sosa (Vicario:1967-68)
D. José Perera Rodríguez (Vicario: 1967-68)
D. Gerardo Larrea Lafuente (Encargado:1971)
D. Carlos Antonio Pérez Hoyos (Encargado: 1971)
D. Bartolomé Santana Sánchez (Vicario:1973-76)
D. Francisco Cabrera Suárez (Adscrito: 1979-1982)
D. Cristóbal Díaz Rodríguez (Vicario: 1980-1982)
D. Pedro Galván Vega (Adscrito:1984-1992)
D. Miguel Lantigua Barrera (Adscrito: 1994- 2007)
D. Norberto Medina (Vicario: 2007-2008)
D. Juan Carlos Medina (Vicario: 2008-.......)






miércoles, 28 de noviembre de 2012

El Camino Viejo de San Lorenzo



El Camino Viejo de San Lorenzo está a punto de desaparecer en su tramo entre Tamaraceite y la Casa de Pico por las obras de Tamaraceite Sur. Por ello y antes de que se pierda si alguien no pone remedio sería bueno no olvidar que  es una ruta histórica de más de 3 kilómetros que utilizaban nuestros antepasados ya que no existía la actual carretera que todos conocemos. Esta zona, desde tiempos prehistóricos, ha estado muy influenciada por el hombre pues era un lugar de vital importancia tanto agrícola como ganadera dentro de la isla de Gran Canaria, como así lo recogen diferentes historiadores.

Este lugar es uno de los puentes históricos de comunicación más importantes que unen a San Lorenzo (capital del municipio) y Tamaraceite (su núcleo más importante) por encontrarse en una encrucijada de caminos con el norte de la isla de Gran Canaria. Y no solo eso sino que es un tramo de un antiguo camino real que unía la capital con Teror por San José del Álamo.

Este Camino, se encuentra actualmente abandonado y sirviendo de escombrera a ciudadanos incívicos, es por ello de la importancia de que haya iniciativas que impulsen el dar a conocer, investigar, proteger y difundir este patrimonio histórico y cultural de nuestros antepasados. Ya Gesplán ha actuado en la zona señalizándolo.

Lo ideal sería no solamente recuperar el Camino Viejo de San Lorenzo para el uso y disfrute de los vecinos, como vía de unión entre ambos pueblos, sino crear un espacio didáctico de la flora y la fauna  para los centros educativos de la zona. En un futuro se intentaría recuperar el camino que hay por el cauce del barranco y que discurre junto a las laderas, es más largo, menos transitable pero más bonito.

Por ello solicitamos a las diferentes instituciones, a que se impliquen en este proyecto para poder mantener y difundir este espacio que puede ser una vía de unión entre San Lorenzo y Tamaraceite y un lugar de ocio y disfrute para todos los habitantes de la zona de expansión más importante de la ciudad de las Palmas de GC, ya que es de los pocos lugares que quedan dentro de la ciudad con un entorno rural y natural sin explotar. Ya en la Junta de Distrito se presentó una Moción que fue aprobada por unanimidad de todos los partidos con representación en la Junta. Esperemos que no se quede en eso.

martes, 20 de noviembre de 2012

Dibujos de Jesús Arencibia en el pregón de 1951 a la Vírgen del Pino.



En los prolegómenos de la clausura del Centenario de nuestro ilustre vecino el artista Jesús Arencibia, les ofrecemos tres ilustraciones que han llegado hasta nuestras manos en las que se recrea la aparición de la Patrona de Gran Canaria y que ilustraron el pregón de las Fiestas del Pino del año 1951, pronunciado por Juan del Río Ayala. Unos dibujos inéditos hasta el momento y que amplían la nómina de obras del pintor de Tamaraceite.

jueves, 7 de junio de 2012

Pregón de las Fiestas de Tamaraceite, extemporáneo , alimento de un sentimiento, a modo de ensayo

Desde la rinconera en que tarde o temprano se convierte la vida qué, desde entre las manos se va. Desde la distancia a que se van quedando atrás tantas y tantas aspiraciones en las que uno no aventuró el primer paso y que ahora añora. Desde el respeto sacro a todo lo sacro que uno no ha dispensado (no materializado) hasta ahora. Desde la presencia tremenda que todo lo vano ha tenido en mi vida hasta ahora, que, como el sol que declinó ayer por la parte de las mares de la aldea y cayó por las espaldas de Tenerife, así mismo, creo, ha declinado lo vano en mí. Por eso voy a tomar en mano el acto más noble de quien se precie hombre. Voy a cantar en alabanza de mi pueblo que en esencia es su/mi santo; a modo de pregón extemporáneo, en el ecuador de la romería pasada y porvenir. No es un ramalazo de vanidad y exhibicionismo de este pregonero, (que como tal me dirigiré en adelante) ni de creída y engreída suficiencia el presentarse aquí en representación de todos. Lo que mi humilde persona va a llevar a cabo desde una pobre argumentación escrita a priori, eso, lo podemos hacer y decir todos los aquí presentes. Cuantos aquí estamos en este no mundano recinto (templo) ejerciendo de conciudadanos, de convecinos ¡y lo más importante!, de parroquianos bajo el cayado defensor, ante la dulce y paternal mirada atenta y continua, y protección sobrenatural que nos asegura nuestro querido santo. Por lo tanto, desde los santos compromisos del cielo divino.- repito, los aquí presentes ¡todos! estamos más que capacitados para disponernos y alabar con soltura de palabra a alguien (virarse y señalar con el índice al santo) que ha tomado parte en nuestros sueños, decisiones, deseos, y toda motivación. Cuando habla el corazón las razones son secundarias, espiritualmente hablando; es por lo que ni nos hace falta la sintaxis ni ninguna técnica literaria expositiva; y menos los tiempos en que se deben estatuir las distintas partes de la disertación coaligada. Es mas, cualquier técnica de comunicación humana es contraria a la única que usamos desde la total y absoluta humildad, para dirigirnos a los asuntos del paraíso celestial; y en humildad, ninguno de los que estamos aquí podemos darnos lecciones ¿Por qué? Porque todo el que entra en la casa del señor, fe, demuestra; y la humildad es compañera inseparable de la fe. Es por lo que volvemos a decir,- esta vez asegurándolo- que, las técnicas para la comunicación humana respecto de la oración con lo divino, no dicen nada por querer decir demasiado desde la razón- y aquí queridos amigos, la razón no es nadie para comunicar fe, devoción y amor al impoluto hombre que fue en el mundo, y muchísimo menos para y por lo que es hoy Él en el cielo: el santo de santos que veneramos.
Les conozco a todos ustedes; a la mayoría desde la niñez. Me podría dirigir a cada uno y después de llamarle por su nombre, preguntarle: ¿no tienes un corazón hecho de amor que no te cabe en el pecho? ¡Yo digo que la contestación sería sí!. Si así mismo preguntara yo a cualquiera de ustedes: ¿no eres tú, el o la, de empática y conmiserada personalidad que sólo conoce los límites humanos? ¡yo digo otra y mil veces que sí! Todos ustedes queridos conciudadanos, de naturaleza buenos y honrados; estoy seguro, que de estar aquí en mi lugar, ¡incluso sin papeles! costaría un lío para saber quien lo hizo mejor lanzando alabanzas a nuestro querido San Antonio.
¡San Antonio Abad bendito! -santo e ilustre eremita- en este ratito de lectura, que por descontado sabemos que sabes cuanto vamos a decir; nos has de tolerar y disculpar que lo digamos. Porque es la única forma que tenemos los tristes humanos de confraternizarnos inteligiblemente de acuerdo cuantos aquí estamos reunidos; para darte gracias por tus gestiones ante Dios nuestro señor, para que nos conceda gracias, bienes y favores, que a tu santísima esencia hemos solicitado directamente. Humildes hemos de aceptar cuanta leyenda negra y torpe se nos atribuya a los humanos con el pie en la tierra, porque en sana comprensión debemos reconocer lo desnortados que vamos por el mundo; sin esa encomiable decisión que tu tuviste y que te condujo a seguir estrictamente cuando decidiste; junto a tus inseparables animales, seguir la senda del señor a raja tabla. Que es por lo que, sin lugar a dudas, la santa madre iglesia católica, después de quedar anonadada por tu biografía y tras exhaustivos estudios e indagaciones, te erigió en santo y te subió a los altares. Con tu vida ejemplar; por tu santidad, le quitaste al mundo (en tu entorno) todo viso de blasfemia; y tu aura y cuanto te rodeaba, quedaba inmerso, más bien impregnado de rocío celestial cuanto tocabas con tus manos; y toda iniquidad se salía de tu presencia,- para fuera y lejos de ti explosionar oliendo a azufre-.
Este es un acto de advocación y alabanza de orgullosa voluntariedad a nuestro San Antonio, del cual, por su santísima piedad y causas ganadas, nace en nosotros el fervor para quererle desde nuestro corazón humano; además de espiritualmente adorarle y venerarle, porque hemos comprobado que siempre nos ha devuelto el ciento por uno. En cada una de nuestras vidas dispuso su hombro para que en él se lloraran las negativas vicisitudes de todo aquel de nuestro pueblo que lo necesitó. Y la prueba de lo que hizo de su santa mano, está en cuantos aquí estamos reunidos; amén de la gran cantidad de personas que ya no están entre nosotros. ¿Podríamos presumir que si estuvieran aquí -por maravilloso milagro-, estarían al total alabando a San Antonio?. ¡¡Sin duda!! ¿Por qué?. Porque le conocen de trato en el cielo, ese paraíso, de auras y confines celestiales. No cupiendo la menor duda de que ello sería así y comprendiendo que no pueden hacer presencia material; sintámosles en presencia espiritual. ¡¡Porque están a miles con nosotros!! Ahora mismo con nosotros; hablando al que también fue su patrono en el cortísimo tiempo que fue su vida humana; que desde siempre por su levedad se ha caracterizado en este lacerado planeta. ¡Que maravilloso sería el oído humano! si pudiera sentir el canto divino que ahora mismo están entonando junto a nosotros miríadas de espíritus en alma; que en el cuerpo de carne y hueso humanos, y que fueron, allende sus vidas materiales; seguramente no les contendría el mayor estadio de fútbol que se conozca; y que aquí en este santo recinto están todos ellos confinados en un solo espíritu. Alabando a San Antonio; en alabanza compañera, en el espíritu monolítico, que todo lo que está en el cielo así lo es y lo tiene. De ello no debemos tener la menor duda.
Tamaraceite tiene de casi todo, como cualquier otro pueblo tiene casi de todo. Pero todos los pueblos no tienen lo que ha tenido,-y en muchos casos- tiene Tamaraceite. Por los pregones que hemos escuchado a otros pregoneros respecto de sus santos patronos; o advocaciones en honor a vírgenes en un caso y santos en otros, hemos visto que sin defecto ninguno se encumbra por el pregonero la santidad que la santa madre iglesia mandó venerar tras la canonización respectiva; y ello es lo que se debería hacer sin más. Pero como a la sazón hemos visto que también es uso ir intercalando pasajes del carácter e idiosincrasia del barrio o pueblo, etc. perdóname San Antonio, que no tenga el talento suficiente para salirme de esa moda. Hablar solamente de ti sería lo correcto, mas, los límites de mi conocimiento son estrechos y no me ha sido dado poder romper esquemas. El favor personal que te pido es que ilumines al próximo para que te haga un pregón para tu alabanza absoluta.
Aquí desde luego no se van a reflejar juegos y anécdotas de nuestra infancia porque calimbre, el que se coge se queda, palito es árbol, el capitán trueno y todos los recuerdos de la infancia son maravillosos en todas partes y en cualquier parte; siendo únicas de cada persona sus experiencias de la niñez, juventud, etc. No vamos a cantar nuestras vivencias porque es desaconsejable hacer reseñas que no pueden ser comparativas y que pertenecen a la unicidad de cada persona. Sin embargo no nos sustraeremos de hacer una valoración abstracta y generalista de nuestra pueblil mini sociedad - que como decía nuestro muy leído convecino D. Facundo Moreno Bolaños DEP.-: “La sociedad es una asociación de socios asociados”: siendo así; que no llegue al punto del relajo el asociacionismo. Todo en su medida.
Con lo anterior nos hemos construido preámbulos para entrar propiamente, automáticamente, en la historia inmediata que conocemos de primera mano; sin ayuda de legajos, porque no es competencia de este pregonero ir a los archivos históricos; ni aún a lecturas de nuestra historia publicada que la hay, ¡y muy buena! ¿Y porque nos desinhibimos de tan sanas prácticas?. Porque con lo que conocemos de nuestra historia es más que suficiente para hacer el esfuerzo tremendo por no quedar muy a mal. Que siempre el atiborramiento de datos es engañoso porque confunde. La historia de Tamaraceite ha nacido de gente venida de la cordillera del Atlas, de las riberas del Guadalquivir, etc. No hace falta ahondar para saber que a partir de empezar las incursiones en nuestro territorio hemos estado en una andadura que se puede catalogar de infancia histórica; la cual, hemos mejorado de un par de décadas acá. Desde el principio tomamos los apellidos legados, de nuestros conquistadores atendiendo al modo de marcaje del vasallaje porque esa era la moda.
El viaje del primer canario a la península (documentado) fue el de don Fernando Guanarteme. Yo no se desde otros lugares de la isla, pero, desde Tamaraceite el primero que viajó a la península fue Don Félix García Toledo (exagerando un poco, por consiguiente presunta y supuestamente) para conquistar el título de practicante en curas y prácticas de cirugía menor. Hoy sería un lío saber que tamaraceiteños viajan a Madrid todos los días.
Ya vamos por la altura en que hay que ser telegráfico y me voy a valer de mínimos silencios para darles a entender que voy a pasar de una cosa a otra sin conexión alguna. Siempre es muy de agradecer la premura, o al menos más, que las de por de más, dilatadas exposiciones (cuatro segundos de silencio en este punto). Del único pintor que nos honra D. Jesús Arencibia (no por único menos grande: fue primer premio nacional de pintura) se ha pasado a cientos de personas que pintan lo que pintan. En esta actividad, nuestra cultura amaga con crecer, ¡y mucho!.
De las artes literarias que empezaron en ciernes yendo a casa de un vecino a que les leyera la carta de Cuba o les escribiera la de para Cuba, se ha pasado a sin fin de comunicadores en todos los estilos devenidos de los antiguos verseadores y escribanos. Se han escrito muchos libros de toponimias y curiosidades de este pueblo, pero la literatura propiamente dicha, o sea, escritor así como suena, sólo hemos tenido uno; se trata de J. J. Mújica Villegas con cinco libros publicados en los que se ha ido creciendo al máximo partiendo de una talla literaria más que fortalecida y así perfeccionando la ya perfecta resolución de la narrativa de sus inicios, tenemos ahora su devenir intelectual presentado en su última obra titulada: ¿“QUE PIENSA LA ETERNIDAD”?. Compendio maduro lleno de empirias verdaderas; sin ningún tipo de fisura bajo los diferentes aspectos. Con carga emotiva emulante a la del “Lazarillo de Tormes” o “La muerte del borracho” de Dickens, etc. Que si les nombro lo hago para la más alta comparativa, según mi opinión y mis gustos. Ha habido personas en Tamaraceite doctas y con formidable formación que han publicado; pero no tienen el don del literato nato que es J. J. Mújica, que, ante él no llegan ni a principiantes. Perdóname San Antonio Abad bendito lo que voy a decir: las licenciaturas y demás, no garantizan literatura rotunda ni brillantez de ideas publicables; sino todo lo contrario,- visto el paño-. (tres segundos de silencio).
Los muchachos quinceañeros de los años 60 hacían por aquellos tiempos un rudimentario “periódico” (“El Espejo”, solo la iniciativa es de celebrar) en folios de la época grapados a mano y mecanografiados uno a uno. A excepción de un folio dedicado a la cultura, lo demás era fútbol porque aquí había equipos y jugadores para parar un tren. Estaba El Pirata, El Juventud, El San Antonio, como equipos más representativos y profesionales. después había una multitud de alevines seniors y juveniles -no creo que haya habido sitio donde se pateara más el balón- la mayoría de “los redactores” de ese “periódico” eran deportivos y la página para la cultura la defendían J. J. Mújica, Pedro Domínguez y pocas más personas de las que lamentablemente no me acuerdo. De las que sí se acuerdan al total cuando, en un evento cultural cualquiera, se lee la lista de todos los que estaban “en la redacción de ese periódico” y jamás nombran a Pedro Domínguez: el poeta más sólido que ha tenido todo Tamaraceite. Adelantamos a una semblanza que luego se hará de la poesía de “perico“, que, con solo 12 años colaboraba con un poema en cada numero “de ese periódico”, que salía semanal. Ahí les va como ejemplo unos versos publicados; de los que me acuerdo: “En una fuente campera bebí agua cristalina,- que brotaba de la entraña de una peña campesina-. Abstraído, poseído de su in adúltero frescor, puro y tonificante,- ¡hay!, fui consciente y henchido de amor, ¡hasta exclamar!-: ¡a Dios, no hay quien lo adelante!. Esto lo escribió Pedro Domínguez (y está publicado en “El Espejo“) cuando era sólo un niño. (tres segundos de silencio en este salto).

Tenemos hoy gran cantidad de cantantes de oído e instrumentistas, genios de la música; de haberla estudiado, pero ¿qué pasa?, no hay educación musical en nuestro pueblo. A pesar de todo Tamaraceite dio un gran tenor: D. Antonio Soto, especialista en zarzuela que se pasó su vida actuando por todo el mundo. Y fue curioso el comienzo de este divo. Cuando era poco más que un niño; servía trayendo leche de los establos a la mansión de Doña Lola Betancort de Villegas: la cual un día escuchó cantar al muchacho. Tan bien lo hizo en la ocasión que Doña Lola lo mecenó (este es un dato impreciso: digo lo que he oído y no he comprobado) en cuantos estudios y viajes hasta que llegó a figura.
En la poesía hemos tenido dignísimos representantes , mas sin embargo, poeta auténtico sólo hemos tenido uno: Pedro Domínguez. ¡Sí!, Perico el barbero. La puridad de cuanto su verso toca, es la poesía. Pedro es una continua indagación poética y ni se ocupa en las técnicas que le permitan construirla. En especial, ni se inmuta en rebuscamientos de lenguaje y aun así transmite las ideas líricas sin castrarlas; su poemario (inédito) es a partir de ideas poéticas que sólo afectan al poema en concreto. En una estilización natural innata en que se depura todo aquello que no es poético en él. Su auténtica poesía, rebasa los límites del poema y por lo tanto preexiste en Pedro. Es por lo que decía D. Miguel de Cervantes que uno es el número de poemas y otro el de poetas existentes. Que, según su opinión, estos últimos, los que son y los que han sido se pueden contar con los dedos de las manos. No decimos que Perico entre en esos dedos, pero lo más parecido a lo que en esos dedos entre -en todo Tamaraceite- es él, porque lo dice su obra. Cuantas artes y ciencias conoce el hombre se pueden cultivar y a penetrar en ellas en lo que el empeño y el raciocinio tengan su medida. Incluso se puede investigar la senda poética, pero el poeta auténtico no se hace, ha de nacer. Por eso hay tan pocos que no inciten al vómito y entre esos pocos si que esta Pedro. Le traemos a este aparte del pregón, que junto con Mújica son lo más destacado de nuestra intelectualidad y a los cuales no se les lee ni se les escucha porque no son niños de papá y no tienen dinero. En este punto mueve el rabo y se relame por colarse, toda una teoría de las falacias del licenciado frente a la filosofía oriunda de la choza del pobre; pero no puede ser llevado a cabo el tremendo abuso de masacrarles dos horas con semejantes,- llamémosles extremos-, por ocultar la vanidad de llamarles profundidades; a ese fatigoso soportar la arenga que de semejante asunto se derivaría.
Ahora bien, en contrapartida de quedar ustedes libres de pasar por esos berenjenales con qué amagué, han de permitirme que en la persona de Pedro Domínguez termine de exponer lo que yo considero la poesía mayormente dentro de la raya de San Lorenzo; especialmente la arropada bajo el manto divino del inconmensurable San Antonio, que inapelablemente la propició. Ni que decir tiene que Pedro ¡nunca! Recurrió al lenguaje poético caduco y altisonante del romanticismo; a esas simples construcciones verbales sin importancia; donde queda presa la poesía como único valor. A Pedro le atañe y ¡es! interiormente la belleza superior; que es la que entra en el ámbito del misterio, y ello se ve producido en el estampido del poema a su nacimiento. La palabra de que se ayuda es una entelequia andamial, que sin embargo, para tanto sirve a la seudo poesía y tan huidiza y secundaria le es a la poesía auténtica. Pedro no toca tema que no sea esencialmente poético. La poesía la siente el poeta en su interior y tiene una existencia real en su seno y no tiene porqué convertirla mediante la palabra, necesariamente, en artificio verbal si no lo desea o le apremia. Muchas veces sucede que el poeta conoce un himno gigante y extraño pero no puede producirlo, porque, “esa máquina poética auténtica” no se arriesga a hacer una poesía escultórica y aparentemente perfecta, sonora y hueca; obsolescente y que muy poco dice al corazón de un hombre. La poesía de Pedro lanza una palabra como si fuera una piedra, hiere el sentimiento y huye, luego, desnuda de artificio se sumerge y vuelve a reunirse con las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía. Ese es el poeta auténtico que jamás ha tenido ni tendrá que demostrar la valía, que muy pocos comprenderán. ¡¡No!!, no se nos ha convertido en una clase de literatura lo que en rigor es el acto de rogativas y alabanzas a nuestro querido San Antonio Abad; porque así como en otros pregones a la hora de no hablar del santo, se decide por lo que el pregonero tenga a bien; aquí se ha decidido presentar en sociedad (porque no son valorados como se debiera) a los dos hombres más grandes que ha dado nuestra cultura (que otra cosa son las licenciaturas, doctorados y cátedras) J. J. Mujica el literato y Pedro Domínguez el poeta. (tres o cuatro segundos de silencio)
Aunque Tamaraceite vivió el silencio profundo de las hondas galerías; porque durante la semana salía caminando a diario la masa trabajadora (que en el pueblo “era la totalidad“) a los trabajos agrarios en la periferia; no rompía por ello el silencio en el pueblo sino algún coche que pasaba por casualidad,- por eso el pueblo propiamente dicho sufrió de soledad; inanimados sus callejones y …, sus rudimentarias casas conocieron de abandono. No había tiempo para cuidarlas. Se salía a trabajar de noche y se llegaba a las seis de la tarde: la mujer, a seguir trabajando en la casa y el hombre, a traer un saco de hierva para la cabra; a pesar de ser tan amorosas para vivir las cuevas de la montañeta, frescas en verano y asocaditas en invierno; y con el microclima exterior más agradable del mundo, por si fuera poco.
La historia de nuestra inmediata generación y mediata a unas cuantas generaciones anteriores ha estado marcada por amores y desamores, armonías y desencuentros; pero no entre ricos y pobres, ni entre burgueses y de clase obrera; porque hasta antes de ayer éramos todos clase obrera plataneril; con los afincados viviendo en la capital; por lo que nos las teníamos que ver entre nosotros mismos con la unión que los intereses compartidos aportan. Lo digo porque se daba el caso con excesiva frecuencia de pelearnos al moquetazo limpio, por los cafetines el sábado por la noche y el domingo por la mañana “nos lamíamos” juntos, confraternalmente, las heridas; sin que ello fuera óbice para quizás antes de un mes meternos manos de nuevo. La casta igualitaria, con los mismos, exactamente iguales problemas para todos, característicos de nuestro pueblo; no admitía rencores; o como mínimo los sobrellevaba estupendamente bien.

Éramos sanotes y amigos unos de otros; individuos que incluso, habían tenido quince peleas (exagerando un poco). Lo único que estaba muy mal visto eran “las almorradas” con la cabeza. El que con la cabeza “mandaba” (las otras formas de mandar con ella estaban en Tenerife y en Madrid); el que topaba con el arma de todas las desavenencias, era llamado traicionero, y con desprecio. Por eso y por lo demás y por todo; éramos auténticos hermanos todos, en las fragilidades de todo tipo; menos en la forma física; en cuanto a ella, éramos flacos, pero fuertes y contorsivos como grueso alambre de acero. Todo ello marcó un signo y fortaleció nuestro sino, pírrico en política, relajado en las costumbres; donde era normal que todos hablaran de todos; pero mucho más normal todavía que nadie se disgustaba por lo que dijeran de él. El tamaraceiteño de los años cincuenta era un espécimen único en el mundo. Con muy poco alimento en el estómago no se ha conocido hombres más duros con un pico en las manos, descargando y cargando sacos de guano de 100 kilogramos; en los barcos y en los cultivos. O cargando sacos de cereal en los silos de 60 y 70 kilogramos durante jornadas enteras un día tras otro; y después, ¡encima! era un pasota, gran pasota por inteligente y penetrante. Sabía que no le era dado arreglar nada. Y como obedeciendo a una contraseña transmitida por los móviles, no había nadie dispuesto a estropearlo más; de ahí su pasotismo profundizado en el más genuino y natural escepticismo. A partir de 1980 y quizás antes empezaron “las manías” por vigilar que los chiquillos no se escaparan de la escuela, la cual, empezó a dar menos “leña” y a elevar “la militarización” con cuya ascensión al respeto entre educador y educando, se inicia un período mediano, moderado, que daba gusto.
Estas sanas prácticas parece se van desvaneciendo ahora porque están sonando rodillamientos colocados en los seminales de los profesores y se dice que están lanzando piñas los galletones a maestros, que algunas, no difieren de la patada de un caballo y que son de muy respetar y considerar las tremendas trompadas, esas que llegan a muy tremendas.
Como se ve este pregón no tiene o sigue un hilo conductor porque es imposible que un pregón lo tenga sin entrar en la torpeza comparativa; por eso no podemos biografiar personas. Imaginemos que encomiamos la venerable beatitud de cada uno de los párrocos que han honrado nuestra parroquia. Comprenderán lo desacertado que sería, sabiendo que cada cual admira particularmente a uno de entre todos de los que se acuerda; por consiguiente, el efecto sería exactamente igual si nos refiriéramos a cualquier gremio de enseñantes, maestros en oficios, etc. Y aquí no estamos para hacer distingos; estamos primordialmente por venerar a San Antonio y para cantar personas únicas en las que todos puedan estar de acuerdo de su excepcionalidad. Se compartan o no sus ideas, forma de ser o a la hora que se levantan (en este punto silencio de tres segundos). En cuanto a la música, Tamaraceite tiene esa parcela desierta como decía antes. ¡Sí!, estaba D. Miguel Arencibia y también la esposa de D. Enrique Henríquez que leían una partitura, pero, eran sus músicas de autoconsumo; no se subieron nunca a un escenario a excitar la actitud hierática del espectador exigente; o a gozar de la tolerancia, la emoción y el regocijo que todo gran artista provoca amansando a las fieras. No hablamos de música folklórica ni de ninguna que tenga apelativo. Hablamos de música cuando la palabra suena sola así, ¡de remplón!, y de esa tampoco podemos hacer un hilo conductor porque aquí no ha existido.
No tenemos muchos argumentos para dar ludicidad a este pregón y hasta es un suerte que así sea porque de lo que se trata es de exacerbar la figura de San Antonio; que muy lamentablemente, para ello estamos muchísimo más limitados porque, ¿como puede una mente terrenal decir algo, ¡lo más mínimo! del estado celestial actual; del status de San Antonio allá en el cielo en este preciso instante?. Queridos amigos y convecinos, la verdad en pelete a de ser siempre derrotista (a pesar de lo que hemos dicho de enterezas en este pregón). No podemos venir aquí a congratularnos de los pequeños logros y menos cuando no son colectivos; de todos auténticamente; que es cuando cierto chovinismo, al menos, no está muy mal visto. Bien es verdad que a ese respecto nos hemos hecho eco de dos hombres buenos y sabios excepcionalmente; con la única ilusión de que se les escuche y se aprenda de ellos.
En resumen, no articulamos el grito ¡viva San Antonio! al uso en la finalización de todos los pregones porque San Antonio está muchísimo más que vivo. Lo que si exclamamos es que todos llevemos la rectitud de vida que nos haga merecedores de estar con él en la verdadera vida que inequívocamente debemos perseguir desde la renuncia, la castidad (huir de la frontera de entrada a la libidinosidad) y la honradez. Esa verdadera vida - está en el alma salvada, puesta por la eternidad allá en el cielo-.
Bueno, ¡a pesar que San Antonio comparte la verdadera vida junto a Padre Dios, no estando por ello necesitado de nuestros vítores y “vivas”!, ¿Porqué no vamos nosotros hasta donde nos pertenece, como vehemente e ilusionada humanidad en Cristo nuestro señor, a lanzar el grito definitivo? (en este punto cuatro segundos de silencio): ¡¡¡VIVA SAN ANTONIO!!!.

Por: Antonio Domínguez Herrera

sábado, 2 de junio de 2012

Ay barrio la Montañeta

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Ay barrio La Montañeta fue una canción compuesta por Maximino González allá por mediados de los 60, donde describe a través de una canción la idiosincrasia de esta zona de pueblo de Tamaraceite.

jueves, 3 de mayo de 2012

El Día de la Cruz

Tal día como hoy hace muchos años ya, en tiempos de mi niñez, había una buena costumbre entre los vecinos de nuestro pueblo de Tamaraceite, poner una cruz en la fachada de la casa.
La historia viene de muy atrás, con mucho de leyenda, narra como en el emperador Constantino I el Grande, en el sexto año de su reinado, se enfrenta contra los bárbaros a orillas del Danubio, en una batalla cuya victoria se cree imposible a causa de la magnitud del ejército enemigo. Una noche Constantino tiene una visión en el cielo en la que se le apareció brillante la Cruz de Cristo y encima de ella unas palabras, “In hoc signo vincis” (Con esta señal vencerás).
El emperador hizo construir una Cruz y la puso al frente de su ejército, que entonces venció sin dificultad a la multitud enemiga. De vuelta a la ciudad, averiguado el significado de la Cruz, Constantino se hizo bautizar en la religión cristiana y mandó edificar iglesias. Enseguida envió a su madre, Santa Elena, a Jerusalén en busca de la verdadera Cruz de Cristo. Una vez en la ciudad sagrada, Elena mandó llamar a los más sabios sacerdotes y logró hallar el lugar donde se encontraba la Cruz, pero no estaba sola. En el monte Calvario, donde la tradición situaba la muerte de Cristo, encontró tres maderos ensangrentados ocultos y para descubrir cuál era la verdadera cruz donde falleció Cristo, colocó una a una las cruces sobre personas enfermas, e incluso muertos, que se curaban o resucitaban al tocar la cruz que había sido la de Cristo. A partir de ahí nace la veneración a la Santa Cruz, ya que Santa Elena murió rogando a todos los que creen en Cristo que celebraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz.En Tamaraceite las cruces eran todas diferentes, grandes, pequeñas, más vistosas, más sencillas, pero todas adornadas con lo que había. El que tenía geranios, con ellos y si no con hojas verdes.
Mi madre siempre solía ponerla en la terraza, se la hacía su prima Fermina, y la colocaba la noche anterior, dejando debajo de ella un vaso con agua, que pasaba a ser "agua bendita" porque muy temprano pasaba el cura, me acuerdo de Don Ignacio, y las rociaba con agua bendita.

martes, 24 de abril de 2012

En recuerdo a Antonio José González Medina


Por: Pepe Juan Mujica

Esta noche nos reunimos aquí para entrar todos cogidos de la mano en los espacios ocupados por el recuerdo, por la gratitud e incluso por la admiración. Sustantivos elocuentes que están prendidos a la memoria de la persona que ya no está con nosotros, pero que merece que deseemos para siempre en nuestros corazones seguir, aún así, estando con ella. Esa realidad la testifica la celebración de este acto, la decidida y plausible iniciativa de esta Concejalía y la presencia de todos cuantos aquí estamos para manifestarle esos tres sinceros modos de enfatizar los sentimientos sobresalientes mencionados antes.

En una ocasión leí un pensamiento que conjuga acertadamente con la personalidad del amigo que hoy recordamos. Dice así:
“Hay en el mundo un lenguaje que todos comprenden: es el lenguaje del entusiasmo, de las cosas hechas con amor y con voluntad, en busca de aquello que se desea o en lo que se cree.”
La reflexión, del escritor brasileño Paulo Coelho, es adecuada para recordar a Antonio José González Medina, esa persona que tras haberse ido de nosotros se encuentra, sin embargo, instalada, incluso con mayor fuerza que ayer, en nuestros corazones. Ese lenguaje mencionado por el pensador en su idea, no es más que la metáfora del comportamiento admirable de algunos seres humanos. Tras esa voluntad afanada en la búsqueda de todo aquello que se desea y se cree, aparecemos nosotros, la mayoría, como los grandes beneficiarios del arrojo instalado en el pálpito de esos corazones singulares, tal como el suyo lo era. Como si fuesen notas que componen una sinfonía, personas como él sobresalen cada una con modulación diferente y con intensidad también distinta y peculiar. Pero todas coinciden al lograr en la partitura interpretada un canto a la generosidad, al esfuerzo, al tesón y a la voluntad. Para nosotros, los aquí reunidos y para cuantos tuvieron el placer de conocerle, Antonio José fue, sin duda, una nota espléndida y significada en esa composición alegórica.
El paso por la vida no resulta airoso si, al terminarla, no se deja una huella, un recuerdo, un indicio que deje constancia de que se ha participado en esa aventura que es vivir. Antonio José lo hizo, y de la forma sencilla y espontánea de quien nunca puso el énfasis en conseguir ese mérito, sino que por su actitud inquieta y modesta consiguió dejarnos esa señal sin pretenderlo. Fue un hombre apacible, desinteresado, cordial y generoso. Un hombre comprometido con la cultura, para establecer con ella vínculos de conocimiento, pero también de afectos, de concordia, de amistad y de altruismo.
De su Arucas natal llegó a nosotros como profesor del Colegio Valencia, y luego, del Instituto de Tamaraceite. Aquí le conocimos de ese modo y de ese mismo modo en muy poco tiempo comenzó a granjearse la simpatía de sus alumnos, muchísimos chicos y chicas que vivieron en primera persona las excelencias de un maestro decidido no sólo a enseñar, sino a compendiar ilusiones y valores dentro de ese crisol de la Educación con mayúsculas. Fue profesor, a la vez que compañero de viaje, en el itinerario de estudios de cada uno de sus alumnos. Pero, a mi juicio, aparte de ser esa persona dotada de un peculiar imán para los afectos, Antonio José sobresalió en dos cosas que no puedo dejar de mencionar al recordarle. La primera, su afanado ímpetu por ser un constante y diverso espectador, asomando siempre su mirada a todo lo cultural y artístico, pienso que con una especial predilección hacia la poesía. De forma similar a como lo venía haciendo en la Tertulia Marcelino Quintana de Arucas, con “Música y poesía en la Ermita”, aquí puso cuerpo y alma para que fuese posible, mediante su coordinación, la realidad del proyecto que empezó llamándose “Distrito VIII en verso” que, como bien sabemos, fue una exitosa llamada a todos los vecinos de cualquier edad y condición a participar en lo que, en su conjunto, iban a ser los libros de poesía más espontáneos y representativos de la creatividad de la gente de Tamaraceite, San Lorenzo y Tenoya. De que hoy, cualquier participante en aquellos eventos, sobre todo si es joven, mire y viva con entusiasmo la poesía o la lectura, tienen gran parte de responsabilidad la intuición y el empuje de Antonio José. En el otro aspecto, en ese segundo recorrido que también deseo enfatizar, se encuentra su demostrado cariño, su sentida y cálida devoción por todo aquello que estuviese relacionado con Tamaraceite, con su gente, y en especial con los muchísimos alumnos forjados por él. En el largo tiempo que nos acompañó fue siempre un estímulo en cualquier acto social o pedagógico. De ello dice su acercamiento de los jóvenes a la Radio, trayendo ésta a las aulas, su entera disposición para colaborar con todos en cuantas iniciativas fuesen alumbradas, su presencia en cualquier acto para poner siempre un grano más de arena con su compañía, o su cálida sencillez y su brillante fervor hacia el afecto y la amistad. Por otras muchas cosas quisiera yo darle las gracias, incluso desde la perspectiva de lo personal, pero eso ya lo hago en silencio muchas veces.
Recordamos al hombre y al amigo. Tuvimos la gran suerte de que una persona así pasase por nuestras vidas y recorriese con cada uno de nosotros un pedacito de ellas. Antonio José está y va a estar siempre conmigo en el recuerdo; pero sé que no es sólo mío ese privilegio. Va a permanecer en la mente y en el corazón de todos. Una lágrima contenida siempre me confirma la maravillosa sensación de haberme contado entre sus amigos.
En mi alma se queda eternamente, y conmigo en el alma va allí donde yo voy.

Muchas gracias.

domingo, 22 de abril de 2012

Jesús Arencibia y el Mural del Salón de Plenos del Cabildo Insular de Gran Canaria



lEl Salón de Plenos del Cabildo Insular de Gran Canaria está presidido por un hermoso mural de nuestro pintor más universal, Jesús Arencibia. Fue realizado en el año 1954 y está dividido en tres partes donde entremezcla escenas marineras y religiosas. En él destaca la figura humana, su recreación en las manos y pies de los modelos y su original visión de lo mundano y lo divino entremezclado. En las imágenes podemos ver un momento del trabajo del artista. Las fotografías pertenecen a la colección personal del artista y propiedad de su familia.
Este mural ha sido estudiado por la historiadora de arte Natalia Ferrando. Para acceder a la explicación de este Mural PINCHE AQUÍ.

lunes, 9 de abril de 2012

Recuerdo de una Semana Santa

Por: Sergio Naranjo
Ostento, entre otros que también hubo, el honor de haber realizado el más ridículo papel en una representación de Semana Santa en La  Milagrosa. Aquello fue antes de cuando mi prima Elsa me depiló  la cara con Bunitex, allá que don Santiago el Nuevo ordenó  aprovechar estos días de contrición y dolor para quitar de  debajo de los santos los restos del primer altar que allí hubo,        datado de antes de los años veinte y que estaban picados de  polilla, amenazando las imágenes del Cristo crucificado y la  Dolorosa. San Juan no tuvimos, ni falta que hizo aquel año, que con la inmejorable representación de un servidor, dimos a escenificar malamente algunas escenas de la Pasión, según San Juan y unas tres Marías que quita pallá, malajarrias del carajo,  que nunca piensan cosa ninguna que valga la pena.
        El primer acto fue a ser la Última Cena, puestos todos los muchachillos a trabajar, y a falta de pan apareció un vinillo de consagrar en aquel mueble, varias botellas cosecha de 1927.        Poseída por la santidad de aquellas circunstancias, Elsa repitió la fórmula ritual a su manera, y retirada en sutil oración con        una botella y compaña en lo alto de la tribuna, puso énfasis en  aquello de “tomad y bebed todas de él”. Mal rayo las parta.
        Dicen ellas que no fue sino un chupito de comunión, pero la cosa  es que aquí se pasó al acto segundo, el abandono de todos los   discípulos, porque en cuanto los demás vieron aquello salieron        por patas y me dejaron solo con aquellas malintentás a quienes  por otras cosas yo tendría que aguantar hasta el final del día.       
        El Vía Crucis fue a empezar justo por El Calvario, adonde  llegamos a ver si la nariz de Teresa volvía a coger color de        gente, pero visto que sus padres la podían divisar de Los  Caideros se resolvió mudarnos hasta Los Espigones, en medio de  aquella sucesión de risas al llanto, pasando por detrás de la  calle. Ya en el sitio hubo que llegar a Las Camellas a ver si  poníamos en la casa y con tino a Elsilia, que por entonces  lloraba como no hubo Magdalena. Me tocó allí pronunciar una de   las santas palabras, “mujer, aquí tiene a su hija”, y salir por   patas sin más explicación. De allí llegamos al Palmito, así que dejamos a Teresa recomponer el resto del viaje, y vuelta al  Pueblo, donde tuvo lugar la entrada triunfal en casa de mi tía  Julia, con aquella jeringá, que tenía una zorimba encima como  para caminar de lado.
        Cuando todo estuvo cumplido, pidiendo perdón a Dios porque no sabía lo que hacía, entregué la custodia de mi prima y la dejé en soledad, la tarde entera llorando y yo esperando a que        resucitara.

lunes, 19 de marzo de 2012

De Tamaraceite al espacio

Por: Israel Tejera
"Hace unas semanas me llevé dos alegrías en forma de sendas astrofotografías lunares publicaciones en la web del geólogo de la NASA Chuck Wood LPOD: http://lpod.wikispaces.com/March+9%2C+2012  y http://astrovecindario.blogspot.com/  cuyo fin es poner de nuevo a la Luna en el punto de mira de futuras misiones y es que nuestro satélite aún podría contener varios secretos aún por descubrir sobre todo acerca del pasado de nuestro planeta y del propio Sistema Solar y es que al no contener atmósfera el pasado común del sistema Luna - Tierra está allí grabado a fuerza de impactos de meteoros y diversos episodios de emanaciones de magma desde el interior de la luna. Estas 2 tomas hacen referencia a esto mismo, una de las tomas contiene uno de los impactos más antiguos y violentos que tuvieron lugar en la luna, el cráter Maginus mientras que la 2º toma hace referencia a un oscuro manto compuesto de materiales piroclásticos cuyo origen aún no está muy claro al 100%. Son tomas realizadas desde la localidad de Vecindario y que ponen de manifiesto las magníficas condiciones de nuestra isla para este tipo de trabajos.

Cada vez que reconocen o publican algunos de mis trabajos amateurs me vienen a la mente aquellos mis primeros pasos en esta afición mientras vivía en el barrio de Piletas, Tamaraceite. En aquellos momentos no podía más que asombrarme ante el espectáculo que brindaba el cielo estrellado de la zona, y me consta que la transparencia del cielo nocturno era más que aceptable, lo era en aquel momento y debería seguir siendo así, sobre todo en las noches de Invierno donde la lluvia juega un papel crucial a la hora de limpiar el aire, no en vano por algo el archipiélago canario está bien considerado entre la comunidad científica sobre todo a la hora de instalar cualquier observatorio astronómico profesional, lo normal es que se edifiquen en Izaña o en La Palma islas que superan fácilmente los 2000 metros de altitud, altura donde normalmente nunca llega la capa de nubes estratiformes tan característica del Alisio y que de hacerlo obligaría a cancelar por completo la actividad o trabajo que pretenda realizarse. En el caso de Gran Canaria debido a su altitud máxima (1950 m) sí suele verse afectada por este fenómeno, reduciendo notablemente el nº de horas útiles al año, siendo ésta quizás, la principal causa de que no hayan escogido nuestra isla para este propósito aunque esto no quiere decir que no se puedan realizar cualquier tipo de trabajo relacionado bien con la astrofísica o simplemente deleitarnos bajo el cielo estrellado, el nº de noches despejadas al año suelen ser relativamente numerosas, sobre todo en invierno.

La comarca de Tamaraceite y sus barrios colindantes a pesar de encontrarse, "astronómicamente" hablando, en la parte más desfavorable de la isla para este tipo de actividad cuenta con otras ventajas, siendo la principal el índice de transparencia o calidad del cielo, podemos comprender esto fácilmente mirando al cielo cualquier noche despejada, a ser posible lejos de cualquier núcleo poblacional, cuanto más oscuro sea el fondo de cielo mejor será la transparencia y mayor "profundidad" podremos alcanzar bien visualmente con ayuda de unos binoculares/telescopio o por medios fotográficos donde contamos con la ventaja de poder valernos de exposiciones fotográficas donde podríamos acumular información (estrellas, galaxias, etc...) en función del tiempo de exposición.. llegando tan lejos como el índice de transparencia local nos permita alcanzar. A esto contribuye en gran medida la pureza del aire marítimo predominante en la región y desde aquí recomiendo encarecidamente aunque sea unas pocas veces a que disfruten del cielo estrellado de la región siempre desde lugares apartados de los núcleos poblacionales, por poner un ejemplo, desde la montaña de San Gregorio. Los aficionados más avanzados podrían incluso atreverse con alguna astrofotografía circumpolar, es decir, apuntar a la estrella polar y realizar largas exposiciones de 5 - 10 minutos dando como resultado una toma donde se puede apreciar los trazos producidos por las estrellas mientras giran aparentemente (realmente es nuestro planeta el que gira sobre su eje) alrededor de una estrella fija, denominada estrella polar.

Por poner un pero, opino que de contar la misma política de alumbrado público que se aplica tanto en La Palma como en Tenerife donde las luminarias alumbran en su totalidad al suelo en lugar de hacia el cielo, esta bondad sería aún más notoria acercándonos al cielo que disfrutaron en su momento nuestros antepasados. Estas luminarias influyen tiñendo el fondo de cielo de color naranja haciendo prácticamente imposible el deleite de esta afición al alcance de todos.

Como siempre estas dos publicaciones quisiera dedicárselas al pueblo de Tamaraceite en general y a los vecinos del barrio de Piletas en particular



Israel Tejera Falcón"

martes, 7 de febrero de 2012

Adios a la Panadería Domingo

Todavía huelo a pan recién hecho de aquel horno del Paseo de los Mártires de Tamaraceite. Muchos recuerdos se nos vienen a la mente a los "chiquillos de 40 ó 50 años" con el cierre de la Panadería de Domingo. En Tamaraceite por aquellos años "competía" con la Panadería de Periquito Benítez en la Montañeta y a los más pequeños nos mandaban a comprar pan a la de Domingo, por cercanía,  en la talega de tela y nos quedábamos "embebidos" cuando veíamos hacerlo a puño y sacarlo y meterlo en el horno de piedra. Nos contaban nuestros padres que Domingo empezó vendiendo pan en un carrito y que poco a poco, con el sudor de su frente, fue haciendo que esa pequeña panadería de pueblo fuera, con los años, un referente industrial en nuestro Archipiélago. Allí trabajaban todos, padres e hijos, como así fue hasta el final de sus días.  Muchos recuerdos me vienen a la mente, las tardes de juegos a la entrada a la Panadería con Mingo y Francis, gente sencilla a pesar de haber llegado a lo más alto que cualquier empresa familiar pudiera imaginarse nunca. Allí veíamos cargar y descargar a los panaderos que iban por las casas a llevar el pan calentito, como Alfonso, que distribuía por buena parte de los barrios de Tamaraceite.
Los chiquillos veíamos que la empresa iba creciendo por los coches que aparcaban en la puerta. Primero un Peugueot, luego un Ford, para más tarde dar paso a un Cadillac que fue el asombro de toda la juventud. Pero a pesar de los grandes coches la sencillez de esta familia era exquisita y la delicadeza con nuestro pueblo estuvo siempre presente, esto es así que muchos de sus empleados eran de nuestro pueblo de Tamaraceite. También apoyó durante muchos años, en su época dorada al Unión Chile de fútbol. La crisis ha podido con ella pero no podrá con nuestros recuerdos ya que la Panadería de Domingo siempre ocupará un lugar importante no solo en nuestra memoria sino en la historia de este pueblo de Tamaraceite.

domingo, 15 de enero de 2012

Pregón de las Fiestas de San Antonio Abad 2012

Por: José Manuel Cabrera Ramírez,
pregonero de las Fiestas de
Tamaraceite 2012
Buenas noches Tamaraceite, hoy me siento orgulloso de compartir con todos el inicio de nuestras fiestas. Quiero dedicar este pregón de manera especial a aquellas personas que siempre están trabajando para hacer que nuestro mundo más cercano brille de forma distinta. Personas que de manera altruista son capaces de ayudar a que nuestras fiestas sean realidad.

Según me cuenta mi madre, la primera vez que entré en esta iglesia fue de forma precipitada. A mi padre se le había olvidado avisar de mi bautizo y cuando comenzaron a sonar las campanas de la iglesia se acordó. Me vistieron deprisa y buscaron a dos familiares cercanos que sirvieran de testigos. Mucho más tarde entré por mi propio pie para mi Primera Comunión, mi confirmación, la adoración nocturna y el bautizo de mis hijos.
A mediados de los años 60 corría por los pasillos de la casa terrera frente a la actual Casa de la Cultura. Tercer hijo de cinco. No paraba. Me gustaba correr y saltar. De todos aquellos momentos, recuerdo con cariño mis escapadas a casa de Olguita, sobrina de D. Félix el practicante. Iba desde mi casa a la suya arrastrando un cepillo que usaba para quitar el gancho de su puerta. Me colaba en su comedor, abría su lata de galletas y cogía tantas como fueran suficientes para saciar mi apetito infantil. Sin lugar a dudas eran otros tiempos. Cuando a Olguita le preguntaban que si me había visto, respondía que no. Lo importante de la visita eran las galletas, por eso no me entretenía en saludarla.
Mi casa no era pequeña, pero sí para que sin cansarme bajaba y subía las escaleras. Me gustaba subir al cuarto de la azotea. Era el cuarto de los botones. Un montón de botones que servían para hacer funcionar las emisoras que mi padre usaba con tanto cariño y respeto. Mis mejores momentos llegaban cuando él no estaba y me colaba en su territorio, hasta que me descubrió. Su castigo fue cerrar con llave y colgarla de un clavo. Dicen que era un poco testarudo y a pesar de aquella prohibición, con mi corta edad, seguía descolgando la llave para abrir la puerta y colarme en aquella estancia cargada de olor a válvulas calientes y radiofrecuencia. Fueron tiempos en que las comunicaciones cumplían un papel importante. Venían a mi casa personas de todas partes de la isla para escuchar, aunque fuera por un breve momento, la voz de un ser querido que allende los mares contaba cómo se encontraban. Era casi un milagro que pudieran entablar una conversación al instante. Por aquellos tiempos la única información que llegaba era por correo ordinario y era lenta muy lenta. Fueron muchas las historias que bajo aquel techo se contaron. Muchas alegrías y muchas penas.
En la planta baja tenía totalmente prohibida la entrada, aunque alguna vez me colé. Solo fue por un pequeño momento. Había un taller donde se construían radios que se repartían por todos los puntos de nuestra geografía. Si increíble era poder hablar con un ser querido, no lo era menos que llegaran las voces de los locutores informando de la situación del país. Era un sonido muy particular. Las canciones de Topolino, Antonio Machín, Jorge Negrete y tantos que alegraban con su romanticismo los rincones de las casas, donde se reunían familiares y vecinos ante aquel milagro del futuro. ¡Quién iba a decir que llegaríamos a un momento en que un pequeño aparatito en nuestra palma de la mano nos podría comunicar con imagen y sonido con cualquier persona en cualquier parte del mundo!
De las fiestas de antaño la que más recuerdo era la del Carnaval. Desde el ventanillo de nuestro baño se podía ver el cine Galdós y allí la gente bailando y bebiendo. Me subía en el bidé y desde allí controlaba a las mascaritas.
Cuando cierro los ojos y vuelvo al pasado, me viene la imagen de una barbería frente a la iglesia. Varios sillones a la izquierda, unos bancos a la derecha y al fondo un ventanillo. Cuando llegaba mi turno, colocaban una tabla entre los brazos del sillón. Don Pedro siempre paciente y con su sonrisa en la cara preguntaba: ¿Al corte león? No recuerdo si en aquellos días existían otros cortes porque a mí siempre me hacía el mismo. El olor a barbería y el sonido de las tijeras quedaron grabados para siempre en mi memoria.

Hoy se habla mucho de un personaje que todos conocemos y que fue el creador del mural que aquí vemos. Jesús Arencibia fue para mí una persona extraña. Cuando tenía que subir por el callejón del cine, mi primera mirada se dirigía hacia su ventana y casi siempre estaba asomado con su vestimenta negra. Algunas veces, supongo que por frío, se calzaba una boina también del mismo color. Le tenía mucho respeto porque era serio y el color de su ropa no mejoraba la situación. Alguna vez que acompañé a mi padre a su casa recuerdo un piso casi espejo, un crucifijo enorme y unas velas de mi tamaño. Todo era muy religioso y en aquel momento esto también me producía respeto. Pasaron muchos años hasta que volví a encontrarme con él y su imagen cambió. Me queda el recuerdo de un hombre subido en un andamio dando forma y color a este mural. Seguía siendo un personaje extraño, pero ahora más cercano.
A medida que yo iba creciendo, los inventos también llegaban a nuestro pueblo. Aparecieron los primeros televisores en blanco y negro. Eran grandes y pesados y había que dejarles mucho espacio alrededor, porque además de televisores servían como estufas. Solo se veía un canal y no había mando a distancia, ambos motivo de conflicto en muchas de las casas actuales.
Tanto la radio como el televisor sirvieron de punto de encuentro, de unión entre familias y amigos, que después de la reunión seguían compartiendo los ratos de tertulia, los cafés y los rones. Es verdad que eran otros tiempos, ni mejores ni peores, pero siempre servirán para aprender.
A pesar de tener la plaza tan cerca, no fue hasta mi adolescencia cuando comencé a casi vivir en ella. Mis amigos de la infancia fueron todos personajes ilustres de mi pueblo, por lo menos para . Era nuestro lugar de encuentro y desencuentro. A una hora determinada, no recuerdo por quién ni cómo, aparecíamos todos para nuestra cita. Éramos un grupito de chicos y chicas que queríamos divertirnos.
Si íbamos al cine, lo importante no era solo la película. Empezaba la historia por meter la cabeza en una cuadrado hecho en la pared para comprar una entrada por 1 peseta y media. Luego teníamos que buscar una butaca que estuviera limpia y manejarla con cuidado porque era fácil que sufrieras una majada espectacular. Cuando te levantabas, daba un golpe que casi siempre cogía a alguien concentrado que saltaba del susto. La figura del acomodador era como la guardia civil. Le teníamos respeto y siempre acababa expulsando a alguien de la sala por mal comportamiento. Tengo el recuerdo de una película de Tarzán en blanco y negro que me marcó, porque fue la primera vez que vi un elefante en movimiento. Más tarde quedé desolado, porque proyectaron una película para adultos que no pudimos ver, a pesar de que intentamos comprar al acomodador. Aquí proyectó muchas películas Santiago Diepa un amigo de siempre.
El pueblo era pequeño, mucho menos de lo que es ahora. Cada fin de semana recorríamos sus calles partiendo de la plaza, subiendo el callejón del cine, paseo de los mártires, carretera general y vuelta al principio. Un poco más tarde, descubrimos el bar de Antonio, el ovejero, que no recuerdo si tenía ovejas o no. Íbamos el sábado por la tarde y pedíamos siempre lo mismo: un plato para compartir de calamares con papas fritas.
Recuerdos de mi infancia estuvieron muy cerca de las plataneras. Me encantaba correr saltando los camellones y las acequias. Llegaba desde la casa de Juan Pérez hasta la Cobranza sin ver casi el cielo. Buscaba nidos de mirlos, madrigueras de conejos o plátanos maduros que me servían de tentempié. Lo mejor era el olor de la mañana, la humedad y las gotas sobre las hojas grandes. Aprendí a quitar la hoja seca, deshijar, desflorillar pero lo que realmente me divertía era regar. Oír llegar el agua, abrir la torna para virarla y remangarme los pantalones. El olor de un plátano maduro, de una ciruela o de los nísperos en el vergel que era Tamaraceite.
A medida que crecía, aparecieron nuevos personajes, y quiero compartir el recuerdo de Antonio Arencibia. Algunas tardes me sentaba con él en su pequeño estudio. Siempre me prestaba su sillón de orejas y me encantaba escucharle. Compartimos inquietudes por nuestro pueblo y me animaba para que hiciera cosas. En su libro Tigotán dejó esta dedicatoria: fui amigo de tu padre; soy amigo tuyo pero este obsequio va por otros motivos, tu pasión por nuestro Tamarazait que nos une en el interés”
Mis padres han sido, en parte, responsables de que hoy tenga tantas cosas que contar en este pregón.
Hoy nos reunimos en esta iglesia llena de historia con el fin de dar comienzo a nuestras fiestas. Les animo a participar en los distintos actos que se han organizado.
Quiero aprovechar este momento para agradecer a todos los amigos que cada día trabajan para que nuestro pueblo sea mejor. De manera muy especial a Pilar y a mis hijos Eduardo y Cristina por su paciencia.
La fiesta de San Antonio Abad debe crecer siempre alrededor de su acto principal. Me gustaría algún día escuchar que las fiestas de nuestra isla de Gran Canaria son Nuestra Virgen del Pino en Teror, La bajada de la Rama en Agaete, El charco en la Aldea y La Bendición de animales en Tamaraceite. ¡Felices Fiestas!.