domingo, 14 de enero de 2018

Pregón Fiestas de Tamaraceite 2018

Por Esteban G. Santana Cabrera
Realizar el pregón de mi pueblo, Tamaraceite, para mí es un honor, doble por otra parte, ya que no solo por ser el escogido y pasar a pertenecer entre ese elenco de personajes que han podido realizar este acto tan entrañable, de un lugar que no hace poco más de 500 años era uno de los cantones de esta isla de Gran Canaria, sino porque Tamaraceite ya no es lo que era, ni a nivel físico ni desgraciadamente en cuanto al arraigo de la gente que por aquí habita.
Mucho ha llovido desde esa época en que los antiguos moradores del lomo de la Cruz, en la que nos encontramos, sobre el que se asentó el camino real y después la carretera hacia Arucas, al norte el barranquillo de Jacomar,  en el entorno de la antigua dehesa de Tamaraceite,  al lado del camino real que va a la Ciudad y el lugarejo de Tamaraceite que no es otro que el después llamado Lugarejo de San Lorenzo por donde discurría el camino real hacia Teror.
Gran Canaria, según Viera y Clavijo, estaba dividida en varios cantones o pequeños estados: Galdar, Telde, Agüimez, Texeda, Aquexata, Agaete, Tamarazeyte, Artebirgo, Artiacar y Arucas, gobernadas por reyes, llamándose el de Tamarazeyte “Adeun”. Tamaraceite desde tiempos prehistóricos ha estado muy influenciada por el hombre ya que era un lugar de vital importancia agrícola y ganadera dentro de la isla de Gran Canaria, como así recogen diferentes historiadores. La población aborigen se asentaba principalmente en lo que hoy conocemos por “La Montañeta” y prueba de ello son las innumerables cuevas que existen en la zona y que sirvieron de vivienda a nuestros abuelos. Desde 1476 se data la existencia del cantón de Tamaraceite. Durante la colonización, los historiadores Abreu y Galindo y Morales Padrón hablan de capturas de ganado, productos agrícolas y de la existencia de grandes palmerales. En el S. XVII hay referencias de las primeras inundaciones. En 1641, cuando sólo llevaba un año construida la ermita, un temporal hizo correr el barranco de Tamaraceite, inundándose la misma. Se veían nadando las vigas, tablas y tallas, decían,  a pesar de que ésta se encuentra a más de 25 metros del lecho del barranco.
Pero no me quiero detener en este pregón en la historia de Tamaraceite, que la mayoría conocemos. Hoy lo que nos ha reunido aquí son las fiestas. Las fiestas de este pueblo vienen de la mano de la Parroquia de San Antonio Abad de Tamaraceite que cumplió 80 años el pasado mes de diciembre. La figura del cura ha sido muy importante en la historia de este pueblo, y en las fiestas por supuesto. Si no es por el párroco Víctor Domínguez, y por el empeño de la gente de la parroquia cada año, las fiestas de Tamaraceite ya no existirían. Haya actos populares o no, porque como la fiesta de este año ya la hemos vivido por estos lares, donde la gente, cansada ya de pedir y no recibir se aburre y no se implica por tener un pueblo más amable, y en el que haya otros puntos de encuentro que no sea la nueva área comercial.
Porque la gente antes se encontraba en la plaza, en el paseo, en la sociedad, en el cine, en los carnavales y cómo no, en las fiestas de su santo patrono. Todo se ha perdido menos esto último, y gracias a Dios, y a los curas. Aunque desde el año 1896 aparecen curas encargados o capellanes de Tamaraceite, hasta la fecha solamente han sido doce los sacerdotes con nombramiento de Párroco, teniendo en cuenta que la parroquia de San Antonio Abad fue creada el 8 de diciembre de 1937.
Hoy quiero hacer mención especial a uno de los párrocos que dejó huella en Tamaraceite, entre otros muchos, y cuyos restos descansan en nuestro templo parroquial. Fue Don Ignacio Domínguez. De impresionante cataloga la despedida el periódico El Eco de Canarias del miércoles 13 de octubre de 1971, de manos de su corresponsal por aquella época nuestro entrañable amigo y que tanto hiciera por estas fiestas, Antonio Ojeda, del que hasta aquellos días había sido su cura párroco Don Ignacio Domínguez. Si impresionante fue la despedida, igual lo fue la recepción de sus restos mortales en la iglesia de Tamaraceite que estaba abarrotada para recibir al que hasta ese momento había sido su párroco y cuyo funeral  fue oficiado por el Obispo de la diócesis Monseñor Infantes Florido, siendo yo apenas un niño.
Pero las fiestas de este pueblo, hay que unirlas a los personajes que marcaron  la historia de la Montañeta de Tamaraceite, aparte de los curas, personajes carismáticos como los guardias, las famosas “tiendas de Aceite y Vinagre” y de sus propietarios. Mariquita Serapita, Mariquita Coello, Lorenzo“el Titino”, Pilarito, Carmita Déniz, Isabelita “la Barbera”, Pedro Acosta, Luisito Falcón y Juanita Pérez fueron algunos de los más conocidos o personajes relacionados con la educación como el profesor Balbuena, Conchi Moreno, las hermanas Cabrera o Chita que daba clase en su cueva de la calle Belén... Destacamos también otros personajes como el ilustre artista Jesús Arencibia o su primo Antonio, Felipito, el chófer, siempre bien vestido con su uniforme, José “Padre Dios”, tostador del molino de Antonio Juan Suárez, las costureras Lolita Vizcaino y Julita, Andrés el sastre o Mariquita González impulsora de las comedias y que tantas obras albergara esta misma iglesia y algunos de cuyos actores y actrices se encuentran hoy entre nosotros. Pero hay otros personajes populares de nuestra Montañeta y de nuestras fiestas, como Manuel Cazuela, Pepe Déniz, Antonio “el Padrino”, Jacinto, Agustín “Murillo”, Ramón el de las flores, las parteras, los practicantes, los barberos y un sinfín que le daban a las fiestas ese toque de vecindad que tanto echamos de menos. Muchos de ellos confluían en espacios como el pilar, el cine, la sociedad de recreo, la plaza o el paseo, pero sobre todo en las fiestas, lugar de encuentro de vecinos y foráneos.
Hablar de las fiestas de Tamaraceite, hoy que tanto se habla de los centros comerciales, es hablar de Manuel Cabrera Rivero “Macriver”, pionero de los centros comerciales en la isla y que era fiel apoyo para las comisiones de fiestas de la época para que sufragaran los gastos de las mismas. Cuantos vecinos “ilustres” y cuántos ya en el olvido. Por ello aprovecho este estrado para reivindicar un Tamaraceite nuestro, donde paseemos por unas calles que lleven los nombres de nuestra gente, de nuestros vecinos, de esos que marcaron una parte de nuestra historia más cercana.
El verde de los dragos y las palmeras, los estanques y las plataneras han dado paso a un gris cemento que se mezcla en la noche con las luces del gran centro comercial Alisios  que se ha inaugurado en Tamaraceite Sur donde antes eran fincas llenas de vida y que, se llena de gente dispuesta a buscar la mejor ganga, mientras antes era lugar de trabajo para muchos de nuestros vecinos.
Los tiempos cambian, y las fiestas también, como no podía ser menos, pero el ejemplo de San Antonio Abad debe ser para nosotros los tamaraceiteros y los nuevos moradores, un ejemplo de persistencia. Nadie nos va a apagar la voz, y a ello contribuye desde hace más de 20 años Radio Tamaraceite que, cómo no, llegó de la mano de otro cura de los que han dejado huella en nuestro pueblo, Jesús Vega Mesa. Una radio que ha tenido a lo largo de estos años varios reconocimientos como el  Premio Jóvenes con Valores 2006 de la Comunidad canaria otorgado por la Fundación la Caixa, el Premio Nacional Manos Unidas de radio 2008, Premio de Periodismo Pedro Marcelino Quintana 2009, de la Tertulia Pedro Marcelino Quintana de Arucas, el reconocimiento de la Fundación Bertelsmann al trabajo que realizaba Radio Tamaraceite como experiencia de Emprendimiento Social Juvenil (ESJ) y el reconocimiento recientemente de la Fundación Banco Santander entre otros.
 Tamaraceite desde los años 50 se constituye en una zona de asentamiento barato, sin planificación, cerca de la ciudad y a la vez cerca de núcleos rurales de procedencia como Artenara, Teror, Valleseco, etc. El Nomenclator de 1950 cifra en 2.712 habitantes de derecho y 2.673 habitantes de hecho. Muchos de nuestros barrios de alrededor surgen en zonas donde las actividades agrarias comienzan a caer en desuso, ya que se van abandonando los bancales y los embalses. Tamaraceite casco ha ido creciendo a pasos agigantados, triplicando su población en las fincas que la rodeaban y que conocíamos por sus nombres como la Finca del Canario, la de Don Sixto Henriquez, y otras.
No quiero que este pregón sea un canto a lo que fue sino que sea un discurso a lo que debemos ser. No quiero que sea un canto a la tristeza y a la añoranza sino un grito a la esperanza y a la lucha por el cambio. El Tamaraceite de hoy es un Tamaraceite distinto al que fue en la época dorada del Cine Galdós, Los Covina, la Compañía Lope de Rueda o Adeun. Todos ellos muy relacionados con las fiestas de este pueblo, porque tenían presencia año sí y año también en los actos que por aquí se organizaban. El Tamaraceite de hoy es distinto pero con muchas posibilidades si recuperamos lugares y espacios que en otra época tenían otro uso y que ahora pueden ser espacios para el encuentro entre los vecinos como puede ser el camino Viejo a San Lorenzo, el Corredor Verde o los alrededores de la ermita de la Mayordomía.  El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria está desarrollando un Proyecto de rehabilitación integral del casco histórico de Tamaraceite contando con la participación de los colectivos sociales, vecinales y los representantes de los centros educativos, sanitarios y de carácter social que hay en el barrio. Apoyémosles, participemos. Es verdad que mucho tienen que cambiar las cosas para que nosotros lo veamos, pero la fe es lo último que se pierde, por ello que nos sirva de ejemplo nuestro santo patrono y pidámosle que nos dé fe y fuerzas para trabajar para que Tamaraceite vuelva, si no a ser lo que fue, que eso va a ser imposible, sí que al menos vuelva a ser un pueblo con dignidad.

¡Viva San Antonio Abad, Viva Tamaraceite!


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