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domingo, 13 de enero de 2019

Pregón de las Fiestas de Tamaraceite 2019

Por Esther Cabrera

Sr Párroco, familiares, vecinos, amigos todos.

 Cuando recibí la llamada del párroco Víctor Domínguez  para comunicarme la invitación para ser la  pregonera de las fiestas de San Antonio Abad de este año 2019, se me vino el mundo abajo. Pregonar, ser pregonera de las fiestas patronales de mi pueblo, del pueblo que me vio nacer hace ya unos cuantos años, es una gran responsabilidad y un  gran honor para mí, aunque para los más jóvenes esto esté pasado ya de moda. Por eso, quiero en primer lugar dar las gracias al Párroco y a la comisión de Fiestas por la confianza puesta en mí, pero sobre todo en hacer posible que las fiestas de Tamaraceite no se pierdan en el olvido.
Para mí ha sido muy difícil expresar en palabras tantos y tantos recuerdos y vivencias de tantos años en Tamaraceite, en la Parroquia y en la Escuela. Porque es, en estos tres ejes, en lo que voy a basar mi pregón. Pero quiero dejar claro que esto que les voy a contar no es la historia de Tamaraceite, ni de la Parroquia ni de la Escuela, sino que son mis vivencias de niña, de joven y de adulta, y así se los transmito.
Ha habido un antes y un después en nuestro querido pueblo de Tamaraceite, del cual nos enorgullecemos de pertenecer. Y aquí hago una reivindicación a todas y todos los que aquí vivimos a mantener el término pueblo ya que en poco tiempo hemos pasado a ser un barrio y últimamente distrito VIII. Un pueblo en el que todos nos conocíamos, nos respetábamos y nos unía una gran camaradería.
Y voy a hacer alusión a continuación a la IGLESIA.
Las celebraciones litúrgicas del pueblo las comenzábamos los domingos a las 5 de la mañana, que en algunos pueblos se le llamaba la misa de los cazadores, un deporte muy practicado en esta zona de Tamaraceite.
A las salidas de misa se tertuliaba bien en la Plaza como en los comercios que se encontraban alrededor de la Iglesia, como el de Juanito Pérez, donde se aprovechaban los señores a tomar su buchito de café y donde encontrábamos a personajes tan pintorescos y recordados como Don Félix el practicante y otros personajes públicos del pueblo. En la tienda de Juanito Pérez se vendía de todo, desde un tornillo hasta un tornillo. Ferretería, cafetería, electrodomésticos, zapatos y comida. Un centro comercial en toda regla, como el que luego montara a gran escala Manuel Cabrera “Macriver” y del que tanto se hablaba en toda la isla. En los pequeños comercios se utilizaba el “fiado” en vez de la tarjeta de crédito de hoy en día. Esto era de una gran ayuda para la gente necesitada del pueblo.
Cerca de la tienda de Juanito Pérez estaba la famosa industria de pan y dulces de Doña María Villegas, famosas no solo en Tamaraceite sino en toda la isla por sus bizcochos lustrados, ya que los coches de hora hacían sus pertinentes paradas aquí. Otro de los bares que estaban en torno a la parroquia era el bar de Cristóbal, famoso por sus tapas de calamares y churros de pescado.
Los días de fiesta, después de misa, los paseos se hacían en la Carretera General, tanto las mayores como las más jóvenes, t venían incluso de otros pueblos como Arucas, Teror, Telde o Santidad. Algunos días determinados, sobre todo en días de fiesta. 
Otra de las tiendas que no me gustaría olvidar era la de Periquito Acosta y la de Prudencio Medina, que colaboraban en el cambio de vales de Cáritas por alimentación.
En torno a la Iglesia también estaban las industrias de harina y molinería como la Molinería San Antonio de Don Juan Suárez, que luego continuaría su hijo Antonio Juan,  y la de Elías que estaba en la Cruz del Ovejero.
Pero la historia de la Iglesia de Tamaraceite  viene muy unida a los sacerdotes que por aquí pasaron y que tuve la oportunidad de conocer.  Todos dejaron su huella, según sus cualidades. Con Don Pedro Castellano hice mi primera comunión, y con él se empezó a restaurar el templo parroquial. Hombre infatigable con la venta de números para poder empezar la obra.
Una persona que no podemos olvidar es la figura de Pepe Déniz, que aunque está en nuestro núcleo familiar, no por ello voy a dejar de mencionar. Vivió en cuerpo y alma el compromiso con su parroquia, como lo hizo más tarde con Don Ignacio Domínguez, otro sacerdote muy recordado y querido por todos que le tocó finalizar las obras de remodelación de la iglesia, la casa parroquial y construyendo los salones parroquiales que luego pasarían a ser usados por Cáritas y por Catequesis. Una manera de recaudar fondos eran las rifas benéficas y los festivales, o mejor dicho, las Comedias, como así se conocían, las Comedias de Mariquita González, madre de Sionita Díaz y del artista Juan Alberto Díaz. En las comedias participaban muchas personas del pueblo de diferentes edades como Mary Afonso o Pepe González y donde se fomentaba una gran amistad y familiaridad. En esta etapa destaco la colaboración de nuestro gran pintor Don Jesús Arencibia que nos dejó como gran recuerdo esta grandiosa obra de arte, este mural que es una de sus obras más importantes.
Otro personaje que me gustaría recordar esta noche, trabajador incansable por el pueblo y la parroquia fue Antonio Arencibia, al que le debemos la decoración de la capilla del Santísimo y cuya cristalera fue diseñada por su primo Jesús Arencibia. A Antonio Arencibia le debemos el diseño de los retablos de las naves laterales del templo, la renovación de los cuadros, tronos e imágenes. Antonio vivía intensamente la Navidad, Semana Santa y como no, la solemnidad de nuestro patrono San Antonio Abad y del Santo Cristo. Fue impulsor de la Bajada del Cristo crucificado.
El día de San Antonio Abad se hacía la solemne función en la ermita de la Mayordomía y posteriormente se traía a San Antonio el Chico desde la ermita de la Mayordomía hasta el templo parroquial, imagen que a partir de los años 70 salía en procesión hasta la Plaza de la Cruz donde se realizaba la Bendición de los Animales.
En la etapa de Don Ignacio otras figuras relevantes en la iglesia fue la de Mateo Medina, monaguillo y posteriormente sorchantre. Pepito Lezcano y Manuel Cazuela eran los responsables de las tareas musicales.
Después de Don Ignacio llegó a la parroquia Don Pío Luis García y como coadjutor Don Pedro Galván y fue en esta etapa cuando se creó la parroquia de Lomo Los Frailes y se dividió la parroquia de Tamaraceite, nombrándose a Don Pedro Galván como primer párroco de la Parroquia de Nuestra Señora del Camino de Fátima.
Otro de los párrocos que me gustaría recordar es a Don Olegario, con él se llevó a cabo una misión popular con los Padres Redentoristas, donde surgieron muchas asambleas familiares y una Comunidad Neocatecumenal. Durante su estancia se preocupó de los ancianos y enfermos con un gran celo apostólico.
Más recientemente hemos tenido en nuestra parroquia a Don Jesús Vega, fundador de Radio Tamaraceite y que ha llegado hasta nuestros días gracias a la encomiable labor de otros párrocos posteriores como Don Cristóbal Déniz, que creó la Fundación de la radio y Don Jorge Martín que siguiera sus pasos y hoy en día es Conciliario de la emisora diocesana. Una emisora creada para la formación de jóvenes pero con un gran papel evangelizador que la ha llevado a ser hoy uno de los grandes proyectos de comunicación de la diócesis, siendo el Obispo Don Francisco Cases presidente de su Fundación.
En la época de Suso llegaron las comunidades del Sagrado Corazón y las Dominicas que tanto bien han hecho en nuestra parroquia. Recordamos con gran cariño a Lidia, María Dolores, Fina, Isabel, María, Elena y Aquilina entre otras.
Hay que recordar la figura de los sacristanes como Agustinito, Juanito el Cartero y Antonio que tan buena labor hicieron durante muchos años.
Para finalizar les quiero contar un poco del ámbito educativo. Cuando yo era pequeña existía las Escuelas del Rey, una de niños con Don Manuel Balbuena y Don Lorenzo y otra de niñas con la maestra la Señorita Puri, con la que estuve poco tiempo. Lego había otras escuelas más pequeñas como la de Mary Monzón, Adoración, Chita o Angelita. También tuvo una escuela en el Puente Marujita Hernández de la que recuerdo que el primer día de clase, como yo iba siempre corriendo, no vi que iba una gallina y sus polluelos y pisé a uno de ellos. ¡Cuál no fue mi amargura! ¡Cómo para olvidar mi primer día en el colegio de Marujita! Ya entonces mi hermana Olga puso una escuela donde la mayoría de los niños que iban se preparaban para hacer el ingreso al bachiller. ¡Yo tendría que echarle muchas flores a mi hermana pero lo dejo ahí!
Estudié Bachiller y luego hice Magisterio. Terminé la carrera y seguí con la escuela de mi hermana un tiempo hasta que me ofrecieron dar clase en una academia, la Providencia, donde estuve cinco años dando clases hasta que Don Juan Roque vino un día a buscarme a mi casa para si quería dar clases en el Grupo Escolar porque necesitaban maestros. Y yo le dije que sí. ¡Frente a mi casa qué le iba a decir! Ahí pasé los últimos treinta años de mi vida laboral, donde no todo fue de color rosa, ya que algunas espinas hubo también en el camino. Sobre todo vivir la transición de la escuela, donde al maestro se le respetaba, se le trataba de usted y de pronto se pasó al tutear al maestro y a las faltas de respeto al maestro. Tuve muy buenos compañeros de trabajo como fueron los directores Don Juan Roque, Juan Alberto Roque, Juan Alberto López, Juan Jesús González o Manolo Reyes. También grandes maestros y maestras del pueblo que me enseñaron mucho como Doña María o Doña Paca Hernández, Juana Guerra, Conchi Moreno o Fernando Arencibia. Un grupo de maestros y maestras que nos tocó luchar por la jornada única tras comprobar que los niños rendían menos por la tarde que por la mañana.
Pero hoy en día casi ni conocemos a los maestros del pueblo, ya no paseamos por Tamaraceite, como mucho vamos a Los Alisios, el pequeño comercio ha ido desapareciendo poco a poco comido por las grandes superficies que, quién lo iba a decir, llegaron a Tamaraceite. Donde antes solo había plataneras y estanques ahora solo hay tiendas, asfalto y aceras. Los tiempos han cambiado y nosotros hemos cambiado, pero lo que no podrá hacernos perder el progreso son nuestros recuerdos.
Con estas palabras, sinceras, salidas de lo más hondo de mi alma, he querido cantar a mi pueblo, animada por mis recuerdos y por mis vivencias. Quiero volver a dar las gracias a quienes me han dado la oportunidad de hacerlo, y a ustedes, vecinos, familiares, amigos todos, gracias por escucharme con la atención que lo han hecho, gracias por su paciencia. Mi cometido como pregonera es el de invitarles a vivir las fiestas patronales de san Antonio Abad, antes de que se pierdan en el olvido. Estamos obligados. Solo me queda desearles ¡Felices fiestas a todos! Y gritar con ustedes

         ¡Viva  Tamaraceite!

         Vivan las fiestas de San Antonio Abad

         Muchas gracias.

viernes, 19 de enero de 2018

Acto del comienzo de las Fiestas de Tamaraceite 2018



El pasado 13 de febrero se abrieron los actos de las fiestas de San Antonio Abad de Tamaraceite. Un acto que compartimos en audio y alguna imagen en vivo.

domingo, 14 de enero de 2018

Pregón Fiestas de Tamaraceite 2018

Por Esteban G. Santana Cabrera
Realizar el pregón de mi pueblo, Tamaraceite, para mí es un honor, doble por otra parte, ya que no solo por ser el escogido y pasar a pertenecer entre ese elenco de personajes que han podido realizar este acto tan entrañable, de un lugar que no hace poco más de 500 años era uno de los cantones de esta isla de Gran Canaria, sino porque Tamaraceite ya no es lo que era, ni a nivel físico ni desgraciadamente en cuanto al arraigo de la gente que por aquí habita.
Mucho ha llovido desde esa época en que los antiguos moradores del lomo de la Cruz, en la que nos encontramos, sobre el que se asentó el camino real y después la carretera hacia Arucas, al norte el barranquillo de Jacomar,  en el entorno de la antigua dehesa de Tamaraceite,  al lado del camino real que va a la Ciudad y el lugarejo de Tamaraceite que no es otro que el después llamado Lugarejo de San Lorenzo por donde discurría el camino real hacia Teror.
Gran Canaria, según Viera y Clavijo, estaba dividida en varios cantones o pequeños estados: Galdar, Telde, Agüimez, Texeda, Aquexata, Agaete, Tamarazeyte, Artebirgo, Artiacar y Arucas, gobernadas por reyes, llamándose el de Tamarazeyte “Adeun”. Tamaraceite desde tiempos prehistóricos ha estado muy influenciada por el hombre ya que era un lugar de vital importancia agrícola y ganadera dentro de la isla de Gran Canaria, como así recogen diferentes historiadores. La población aborigen se asentaba principalmente en lo que hoy conocemos por “La Montañeta” y prueba de ello son las innumerables cuevas que existen en la zona y que sirvieron de vivienda a nuestros abuelos. Desde 1476 se data la existencia del cantón de Tamaraceite. Durante la colonización, los historiadores Abreu y Galindo y Morales Padrón hablan de capturas de ganado, productos agrícolas y de la existencia de grandes palmerales. En el S. XVII hay referencias de las primeras inundaciones. En 1641, cuando sólo llevaba un año construida la ermita, un temporal hizo correr el barranco de Tamaraceite, inundándose la misma. Se veían nadando las vigas, tablas y tallas, decían,  a pesar de que ésta se encuentra a más de 25 metros del lecho del barranco.
Pero no me quiero detener en este pregón en la historia de Tamaraceite, que la mayoría conocemos. Hoy lo que nos ha reunido aquí son las fiestas. Las fiestas de este pueblo vienen de la mano de la Parroquia de San Antonio Abad de Tamaraceite que cumplió 80 años el pasado mes de diciembre. La figura del cura ha sido muy importante en la historia de este pueblo, y en las fiestas por supuesto. Si no es por el párroco Víctor Domínguez, y por el empeño de la gente de la parroquia cada año, las fiestas de Tamaraceite ya no existirían. Haya actos populares o no, porque como la fiesta de este año ya la hemos vivido por estos lares, donde la gente, cansada ya de pedir y no recibir se aburre y no se implica por tener un pueblo más amable, y en el que haya otros puntos de encuentro que no sea la nueva área comercial.
Porque la gente antes se encontraba en la plaza, en el paseo, en la sociedad, en el cine, en los carnavales y cómo no, en las fiestas de su santo patrono. Todo se ha perdido menos esto último, y gracias a Dios, y a los curas. Aunque desde el año 1896 aparecen curas encargados o capellanes de Tamaraceite, hasta la fecha solamente han sido doce los sacerdotes con nombramiento de Párroco, teniendo en cuenta que la parroquia de San Antonio Abad fue creada el 8 de diciembre de 1937.
Hoy quiero hacer mención especial a uno de los párrocos que dejó huella en Tamaraceite, entre otros muchos, y cuyos restos descansan en nuestro templo parroquial. Fue Don Ignacio Domínguez. De impresionante cataloga la despedida el periódico El Eco de Canarias del miércoles 13 de octubre de 1971, de manos de su corresponsal por aquella época nuestro entrañable amigo y que tanto hiciera por estas fiestas, Antonio Ojeda, del que hasta aquellos días había sido su cura párroco Don Ignacio Domínguez. Si impresionante fue la despedida, igual lo fue la recepción de sus restos mortales en la iglesia de Tamaraceite que estaba abarrotada para recibir al que hasta ese momento había sido su párroco y cuyo funeral  fue oficiado por el Obispo de la diócesis Monseñor Infantes Florido, siendo yo apenas un niño.
Pero las fiestas de este pueblo, hay que unirlas a los personajes que marcaron  la historia de la Montañeta de Tamaraceite, aparte de los curas, personajes carismáticos como los guardias, las famosas “tiendas de Aceite y Vinagre” y de sus propietarios. Mariquita Serapita, Mariquita Coello, Lorenzo“el Titino”, Pilarito, Carmita Déniz, Isabelita “la Barbera”, Pedro Acosta, Luisito Falcón y Juanita Pérez fueron algunos de los más conocidos o personajes relacionados con la educación como el profesor Balbuena, Conchi Moreno, las hermanas Cabrera o Chita que daba clase en su cueva de la calle Belén... Destacamos también otros personajes como el ilustre artista Jesús Arencibia o su primo Antonio, Felipito, el chófer, siempre bien vestido con su uniforme, José “Padre Dios”, tostador del molino de Antonio Juan Suárez, las costureras Lolita Vizcaino y Julita, Andrés el sastre o Mariquita González impulsora de las comedias y que tantas obras albergara esta misma iglesia y algunos de cuyos actores y actrices se encuentran hoy entre nosotros. Pero hay otros personajes populares de nuestra Montañeta y de nuestras fiestas, como Manuel Cazuela, Pepe Déniz, Antonio “el Padrino”, Jacinto, Agustín “Murillo”, Ramón el de las flores, las parteras, los practicantes, los barberos y un sinfín que le daban a las fiestas ese toque de vecindad que tanto echamos de menos. Muchos de ellos confluían en espacios como el pilar, el cine, la sociedad de recreo, la plaza o el paseo, pero sobre todo en las fiestas, lugar de encuentro de vecinos y foráneos.
Hablar de las fiestas de Tamaraceite, hoy que tanto se habla de los centros comerciales, es hablar de Manuel Cabrera Rivero “Macriver”, pionero de los centros comerciales en la isla y que era fiel apoyo para las comisiones de fiestas de la época para que sufragaran los gastos de las mismas. Cuantos vecinos “ilustres” y cuántos ya en el olvido. Por ello aprovecho este estrado para reivindicar un Tamaraceite nuestro, donde paseemos por unas calles que lleven los nombres de nuestra gente, de nuestros vecinos, de esos que marcaron una parte de nuestra historia más cercana.
El verde de los dragos y las palmeras, los estanques y las plataneras han dado paso a un gris cemento que se mezcla en la noche con las luces del gran centro comercial Alisios  que se ha inaugurado en Tamaraceite Sur donde antes eran fincas llenas de vida y que, se llena de gente dispuesta a buscar la mejor ganga, mientras antes era lugar de trabajo para muchos de nuestros vecinos.
Los tiempos cambian, y las fiestas también, como no podía ser menos, pero el ejemplo de San Antonio Abad debe ser para nosotros los tamaraceiteros y los nuevos moradores, un ejemplo de persistencia. Nadie nos va a apagar la voz, y a ello contribuye desde hace más de 20 años Radio Tamaraceite que, cómo no, llegó de la mano de otro cura de los que han dejado huella en nuestro pueblo, Jesús Vega Mesa. Una radio que ha tenido a lo largo de estos años varios reconocimientos como el  Premio Jóvenes con Valores 2006 de la Comunidad canaria otorgado por la Fundación la Caixa, el Premio Nacional Manos Unidas de radio 2008, Premio de Periodismo Pedro Marcelino Quintana 2009, de la Tertulia Pedro Marcelino Quintana de Arucas, el reconocimiento de la Fundación Bertelsmann al trabajo que realizaba Radio Tamaraceite como experiencia de Emprendimiento Social Juvenil (ESJ) y el reconocimiento recientemente de la Fundación Banco Santander entre otros.
 Tamaraceite desde los años 50 se constituye en una zona de asentamiento barato, sin planificación, cerca de la ciudad y a la vez cerca de núcleos rurales de procedencia como Artenara, Teror, Valleseco, etc. El Nomenclator de 1950 cifra en 2.712 habitantes de derecho y 2.673 habitantes de hecho. Muchos de nuestros barrios de alrededor surgen en zonas donde las actividades agrarias comienzan a caer en desuso, ya que se van abandonando los bancales y los embalses. Tamaraceite casco ha ido creciendo a pasos agigantados, triplicando su población en las fincas que la rodeaban y que conocíamos por sus nombres como la Finca del Canario, la de Don Sixto Henriquez, y otras.
No quiero que este pregón sea un canto a lo que fue sino que sea un discurso a lo que debemos ser. No quiero que sea un canto a la tristeza y a la añoranza sino un grito a la esperanza y a la lucha por el cambio. El Tamaraceite de hoy es un Tamaraceite distinto al que fue en la época dorada del Cine Galdós, Los Covina, la Compañía Lope de Rueda o Adeun. Todos ellos muy relacionados con las fiestas de este pueblo, porque tenían presencia año sí y año también en los actos que por aquí se organizaban. El Tamaraceite de hoy es distinto pero con muchas posibilidades si recuperamos lugares y espacios que en otra época tenían otro uso y que ahora pueden ser espacios para el encuentro entre los vecinos como puede ser el camino Viejo a San Lorenzo, el Corredor Verde o los alrededores de la ermita de la Mayordomía.  El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria está desarrollando un Proyecto de rehabilitación integral del casco histórico de Tamaraceite contando con la participación de los colectivos sociales, vecinales y los representantes de los centros educativos, sanitarios y de carácter social que hay en el barrio. Apoyémosles, participemos. Es verdad que mucho tienen que cambiar las cosas para que nosotros lo veamos, pero la fe es lo último que se pierde, por ello que nos sirva de ejemplo nuestro santo patrono y pidámosle que nos dé fe y fuerzas para trabajar para que Tamaraceite vuelva, si no a ser lo que fue, que eso va a ser imposible, sí que al menos vuelva a ser un pueblo con dignidad.

¡Viva San Antonio Abad, Viva Tamaraceite!


jueves, 26 de marzo de 2015

Pregón de las Fiestas de Tamaraceite 1997

Por: Maxi González

Distinguidas autoridades, miembros de la Comisión de Fiestas, señoras y señores, muy buenas noches:

Quisiera comenzar expresándoles mis mejores deseos de paz y bienestar para este nuevo año 1997 que apenas cumple unos días de vida, y felicitarles, de paso, por las fiestas patronales que, en honor de San Antonio Abad, se inician hoy en Tamaraceite.

Debo manifestar, asimismo, mi agradecimiento a la comisión organizadora de los festejos por brindarme la oportunidad de dirigirme a todos ustedes en calidad de pregonero. Quienes hemos hecho de la palabra, hablada o escrita, una actividad profesional, tenemos en la redacción de un pregón y su posterior lectura en público, algo parecido a una prueba de selectividad. Confieso que es un gran honor ocupar esta tribuna en el día de hoy. Huelga comentar lo orgulloso que me siento por la designación, por poder pregonar las fiestas de mi pueblo y por compartir esta jornada con mi gente de toda la vida.

No es este mi primer pregón, pero sí el que más me ha costado preparar, porque supone un ejercicio de responsabilidad añadido el hecho de ser tamaraceitero, nacido, criado y ensolerado, permítanme el término, en Tamaraceite, aunque, luego, los avatares de la vida, los guiños del destino y el espíritu de la bohemia le hayan llevado a uno de aquí para allá.

Sabe Dios cuántos pregoneros y de qué enorme talla y categoría me habrán precedido, gente brillante que ha recopilado y transmitido con sapiencia y cariño lo más granado y esencial del devenir de nuestra pequeña pero entrañable comunidad a través de los tiempos, gente que nos ha acercado a la figura de San Antonio Abad como referente de identidad y culto, gente que, por su trayectoria personal, profesional o artística y por su contribución a la colectividad, se ganó el nombramiento con todos los honores. Quien les habla, que no pasa de ser el autodidacta típico de la época, se siente aquí un tanto impostor interpretando la figura del pregonero, aún a sabiendas de que el ejercicio de mi actividad en el mundo de las comunicaciones, me ha regalado una cierta habilidad para, al menos, saber juntar letras. Pero un pregón es algo más: es, ante todo, sentimiento, tocar la fibra sensible de la vecindad. No sé si lo conseguiré.

Dos temas me rondaban por la cabeza como pilares fundamentales para la confección de este pregón. De un lado, rendirle un cálido reconocimiento a las figuras de Jesús y Antonio Arencibia, no sólo por tratarse de los máximos referentes artístico-culturales de Tamaraceite, sino también por su generosidad y compromiso sin límites con este templo -el mural que se encuentra a mis espaldas es una de las muestras palpables- y con la ermita de la Mayordomía; en resumen, por su fervor religioso y su defensa del latir espiritual de la parroquia. Desistí abordar este tema porque personajes de la talla de Jesús y Antonio Arencibia merecen bastante más que un modesto pregón, aunque dejo constancia de mi recuerdo hacia ellos.

Lo segundo venía a ser diametralmente opuesto en su esencia, pero sonoro en su repercusión: denunciar el abandono sistemático y contumaz con el que la clase política atropella a nuestro pueblo de manera arbitraria hasta sumirnos, en momento puntuales, en la condición de ghetto o reducto marginal. Estas etiquetas pueden parecer tremendistas, pero como mejor se entienden es viviendo fuera de Tamaraceite:“Ah, tú eres de ese barrio mafioso” –te endosan de inmediato en cuanto nombras tu procedencia-. Por fortuna, ha remitido algo el grado de inseguridad ciudadana y los periódicos ávidos de carnaza se han visto obligados a aparcar el estrellato que nos concedían en sus crónicas negras; eso sí, tras satisfacer su morbo y machacarnos con obsesión.

Aunque en buena medida se hayan superado estos duros escollos, no debemos olvidar. Para que estos políticos, muy bien pagados, por cierto, con el dinero del pueblo, y los colectivos sociales que nos representan se esmeren en defender y propiciar el desarrollo integral de Tamaraceite, será necesario recordarles a menudo estos lamentables capítulos para que no se vuelvan a repetir.

También terminé por desechar esta cuestión porque entiendo, como ya dije al principio, que un pregón ha de llegar al corazón de la gente; debe ser un mensaje de alegría y esperanza que resalte los valores de un lugar y de sus gentes, que se pronuncie en lenguaje positivo y que invite a la participación de unas fiestas con el clima propio de ellas.

sábado, 11 de enero de 2014

Pregón de las Fiestas de Tamaraceite 2014


Tamaraceite 11de Enero de 2014

“PREGONANDO LAS FIESTAS DEL AÑO 2014 EN HONOR AL SANTO                                 PATRON, SAN ANTONIO ABAD DE TAMARACEITE”

Con mi extensivo y cariñoso saludo…….

Este pregonero quiere alzar la voz, anunciando los festejos
Del inicio de las fiestas de San Antonio Abad 2014    
Llegando a todo un Pueblo
Convertido mi Tamaraceite, en Ciudad y eje del Distrito

Hoy en esta Iglesia de San Antonio Abad de Tamaraceite
Cuando siempre he estado mirando a su altar
Por primera vez me permiten mirar
Y miro desde este estrado a su gente

Gente a la que le puedo llamar mi gente
A los que a través de los pasos de mi vida
He conocido siempre y cada día voy sumando…
Quiero y me considero un hijo más
Teniendo mi corazón y sus corazones sin límites

domingo, 13 de enero de 2013

Pregón de las Fiestas de Tamaraceite 2013


Luis C. García Correa, pregonero de 2013, Adriana Beltrán,
presidenta de la Comisión de Fiestas y
José Manuel Cabrera, pregonero del 2012


Subir a este estrado, para pregonar nuestras fiestas Patronales, es una demostración que soy un servidor de ustedes.Me he pasado mi vida queriendo ser un servidor de la comunidad. Gracias por permitirme serlo y hacer este pregón  para ustedes y visitantes.
Gracias también por todos los que se han quedado para acompañarnos.
 
Luis García Correa
pregonero de Tamaraceite 2013
Y ahora debo comenzar por agradecer, y de la forma más efusiva, que repito, ese honor que se me ha concedido de pregonar las Fiestas de San Antonio Abad, de nuestro querido pueblo de Tamaraceite, que coinciden con el gran acontecimiento del 75 aniversario de la creación de nuestra Parroquia.
Este honor me lo ha concedido la Comisión de Fiestas, maravillosamente representada  por su presidenta,  la Srta. Adriana Beltrán, con esa mayoría de jóvenes solidarias, ayudada por alguien que tanto quiere al pueblo de Tamaraceite, como lo ha demostrado durante años, doña Conchi Moreno.
Gracias y que Padre Dios les bendiga, y agradecerles el Padre Nuestro que me rezaron para que este pregón sea lo que pretende.
¿Y qué pretende este pregón y este pregonero?
Primero, insistir que celebramos el 75 aniversario, de la creación de Nuestra Parroquia.
Fue allá por el año de 1937, el 8 de diciembre, -Día de la Inmaculada Concepción-, que el recién llegado y famoso Señor Obispo, Monseñor Antonio Pildaín y Zapian, firmó el decreto de creación de nuestra Parroquia junto con la de Nuestra Señora de la Encarnación de Tenoya.
Párrocos que han sido curas de almas, haciendo aportes de enorme valor.
¿Cuántos bautizos, bodas, defunciones, confesiones, ayudas de todo tipo hemos recibido? Incontables. Han cuidado de nuestra salud corporal y la del alma. Ayudas a la vida y a la muerte. ¿Qué más se puede hacer y cómo agradecer tanto trabajo y tanto bien?
Podríamos también relatar las muchas anécdotas que se han tenido con los monaguillos a lo largo de estos 75 años, y algunos de prestigio como lo es nuestro querido y admirado amigo José Lezcano Guerra, con quien siempre estaremos en deuda.
No podemos olvidar las distintas formas del altar principal, y hoy el maravilloso e impresionante mural que nos dejó Jesús Arencibia.
Toda esta historia hay que pregonarla a los cuatro vientos, intentando manifestar el eterno agradecimiento de un pueblo a su Parroquia y a sus párrocos.
Seamos un ejemplo para los que nos visiten en esas fiestas, porque  somos un pueblo solidario y queremos seguir siéndolo.
Devolver bien por el bien recibido. Es nuestra deuda, y no sé otra manera de ir pagando lo debido: salvo la de cuidar de nuestra Iglesia, a nuestro párroco, y seguir queriéndonos como hermanos.
Hemos sido un pueblo y lo queremos seguir siendo.
Que sepan quienes nos visitan que estamos abiertos a todos, para juntos compartir las dichas de la ilusión y de la alegría. Que nadie se encuentre o se sienta solo.
«Que se viven tres días, uno para trabajar, otro para la diversión, y el otro dedicarlo a pedir perdón».
Seguro que juntos lo pasaremos mejor. Vengan y lo comprobarán. Por ello insisto en anunciar, proclamar y pregonar las fiestas conmemorativas del Nuestro Patrono San Antonio Abad.
¿De quiénes son esas fiestas?   De un pueblo, del gran pueblo de Tamaraceite.
¿Quiénes las organizan?    Las organizan todo un fantástico grupo de vecinos, que nos representan con una gran dignidad a los tamaraceiteros.
¿Quiénes somos?   Los nacidos o los que estamos viviendo desde hace muchos años, -como es mi menda-, al igual que todos los últimamente incorporados a este impresionante y bello valle de Tamaraceite.
¿Cómo vamos a celebrarlo?
Dando y regalando la alegría, que este pueblo ha tenido a lo largo de los siglos, y sigue teniendo.
Somos un pueblo honesto. Nuestro comportamiento ha sido de suma laboriosidad, de lo que estamos muy orgullosos, porque nos lo hemos ganado a pulso. Siempre hemos sido solidarios y buenos vecinos.
El mal ajeno era nuestro, y el nuestro lo compartíamos con los buenos vecinos y se reducía a la mitad o a casi nada.
Si en algo se ha destacado este pueblo es por el amor al prójimo, no con palabras sino con hechos.
Eso es lo que ofrecemos: amor, educación, trabajo, honestidad y gozar de la libertad, y todo lo ofrecemos con alegría, que la queremos compartir, para que sean aún mayor.
Estas creencias y vivencias queremos compartirlas con quienes nos rodean, y con quienes nos vienen acompañar, para en unión festejar la festividad de Nuestro Santo Patrono San Antonio Abad de Tamaraceite.
Queremos compartir nuestra alegría con los visitantes, así seremos auténticamente felices. Lo podemos hacer porque somos un pueblo libre, que va hacia delante, con una juventud de esplendor, de armonía y valores, que camina hacia el futuro. Un brillante futuro que se ganará con honestidad, laboriosidad y hermandad.
Después de Padre Dios, están la familia, los amigos, los vecinos, la comunidad y todo con libertad.
Queremos reunirnos para gozar de ser felices y compartir, que eso es la felicidad: compartir.
¿Cómo queremos compartir la felicidad? 
Dando y entregando, con hechos, aquello que tenemos: vean el programa y se convencerán y compruébenlo después.
Son estas fiestas Patronales, y los 75 años de la Parroquia, la gran ocasión para demostrarlo y gozarlo.
Queremos seguir siendo un pueblo, aun dentro de nuestra ciudad.    
Al decir pueblo nos referimos a continuar teniendo las virtudes de la convivencia: esa preocupación por el problema ajeno, el del vecino o familiar. Queremos seguir siendo solidarios y no aislados en medio de los demás. Querernos y gozar de la amistad y la vecindad.
Queremos seguir teniendo y viviendo nuestras tradiciones solidarias y educadas.   
Queremos seguir enterándonos de la salud de la vecina y del vecino. Que son mis compañeros de toda la vida. Máxime con la experiencia que ya tenemos, los 75 años de nuestra Parroquia, aunque como pueblo somos centenarios.
Este maravilloso valle de Atamaracit, tiene sus raíces en el poblado aborigen. Somos un pueblo viejo, y nos enorgullecemos de ello.
Este valle se viste de gala, y su Parroquia y su Iglesia -lugar de encuentro personal y con Dios- se suma a colaborar en lo que puede: ofrecer la Iglesia para rezar.
Compartir que es repartir, y repartiendo le toca a todos. A usted, al vecino, al amigo y al visitante.
Queremos que sepan que seguiremos siendo los mismos después de estas fiestas, siempre les estaremos esperando.
Somos un pueblo que ha sido, es y quiere ser consecuentes con sus creencias y con sus valores, y de ellos nacen las vivencias de amor a los demás como a nosotros mismos.
Les queremos porque somos un pueblo honesto y participativo.
Rogamos a San Antonio Abad, -que bendice todo-, nos bendiga también a nosotros junto con los que nos acompañan en estos festejos.
Nos dé la plena felicidad y la plena libertad, para no sólo compartir las alegrías, también compartir los problemas.
 Así podremos arreglar  los graves temas de hoy, y los de mañana, porque la única solución es el compartir la honestidad de la mayoría con la participación y la unión, y habremos fortalecido la necesidad que nos tenemos de unos y otros, y la habremos realizado con amor.
Así brillará la luz de la solidaridad, y Tamaraceite será el faro que ilumine al visitante que nos acompaña como a mí y al vecino.
Por todo ello les aconsejamos y rogamos, no dejen de venir y compartamos lo bueno que tenemos, porque lo malo lo habremos resuelto o anulado.
Somos un pueblo agradecido que camina por el sendero luminoso de la libertad y queremos ser consecuentes queriendo y agradeciendo el bien recibido, y lo hacemos con estas palabras y con los hechos diarios de apoyo a nuestra Parroquia, y de ayuda a nuestros vecinos.
No queremos la felicidad sólo para nosotros, la queremos compartir.
¿Qué queremos?
Unas fiestas animadas, pues tenemos lo que corresponde: gente nueva con gran alegría, entusiasmo y pasión.
¿Qué necesitamos?
Mucha gente para juntos alegrarnos dándonos la bendición, porque jóvenes hoy administran la gestión.
Que estamos en fiestas y las hacemos con el corazón, llenas están de amor, para que las gocemos hoy, mañana y sean siempre plenas de alegría y pasión. Estamos en fiestas, es la gran ocasión de compartir sentimientos, alegría e ilusión. Para juntos revivir los valores de la honestidad y de la participación.
Estamos en fiestas que es la gran ocasión.
Que viva San Antonio Abad, sus parroquianos, vecinos y visitantes, y viviremos momentos de plena felicidad y amor.
Que Padre Dios y la Santísima Virgen nos acompañe e ilumine, dándonos la dicha de festejar a San Antonio, juntos y con gran ilusión.
Gracias, y les deseo la plena felicidad con libertad. Les quiero con pasión.
Felices fiestas y las sean para todos, lo deseamos con amor.
Gracias don Cristóbal, Adriana, Conchi, Carmen nuestra concejal, jóvenes y quienes nos escuchan, a todos por haber contribuido, haberme oído, y por la paciencia y bondad que han tenido, lo que les agradezco de  todo corazón
Muchas gracias y felices fiestas.

jueves, 7 de junio de 2012

Pregón de las Fiestas de Tamaraceite, extemporáneo , alimento de un sentimiento, a modo de ensayo

Desde la rinconera en que tarde o temprano se convierte la vida qué, desde entre las manos se va. Desde la distancia a que se van quedando atrás tantas y tantas aspiraciones en las que uno no aventuró el primer paso y que ahora añora. Desde el respeto sacro a todo lo sacro que uno no ha dispensado (no materializado) hasta ahora. Desde la presencia tremenda que todo lo vano ha tenido en mi vida hasta ahora, que, como el sol que declinó ayer por la parte de las mares de la aldea y cayó por las espaldas de Tenerife, así mismo, creo, ha declinado lo vano en mí. Por eso voy a tomar en mano el acto más noble de quien se precie hombre. Voy a cantar en alabanza de mi pueblo que en esencia es su/mi santo; a modo de pregón extemporáneo, en el ecuador de la romería pasada y porvenir. No es un ramalazo de vanidad y exhibicionismo de este pregonero, (que como tal me dirigiré en adelante) ni de creída y engreída suficiencia el presentarse aquí en representación de todos. Lo que mi humilde persona va a llevar a cabo desde una pobre argumentación escrita a priori, eso, lo podemos hacer y decir todos los aquí presentes. Cuantos aquí estamos en este no mundano recinto (templo) ejerciendo de conciudadanos, de convecinos ¡y lo más importante!, de parroquianos bajo el cayado defensor, ante la dulce y paternal mirada atenta y continua, y protección sobrenatural que nos asegura nuestro querido santo. Por lo tanto, desde los santos compromisos del cielo divino.- repito, los aquí presentes ¡todos! estamos más que capacitados para disponernos y alabar con soltura de palabra a alguien (virarse y señalar con el índice al santo) que ha tomado parte en nuestros sueños, decisiones, deseos, y toda motivación. Cuando habla el corazón las razones son secundarias, espiritualmente hablando; es por lo que ni nos hace falta la sintaxis ni ninguna técnica literaria expositiva; y menos los tiempos en que se deben estatuir las distintas partes de la disertación coaligada. Es mas, cualquier técnica de comunicación humana es contraria a la única que usamos desde la total y absoluta humildad, para dirigirnos a los asuntos del paraíso celestial; y en humildad, ninguno de los que estamos aquí podemos darnos lecciones ¿Por qué? Porque todo el que entra en la casa del señor, fe, demuestra; y la humildad es compañera inseparable de la fe. Es por lo que volvemos a decir,- esta vez asegurándolo- que, las técnicas para la comunicación humana respecto de la oración con lo divino, no dicen nada por querer decir demasiado desde la razón- y aquí queridos amigos, la razón no es nadie para comunicar fe, devoción y amor al impoluto hombre que fue en el mundo, y muchísimo menos para y por lo que es hoy Él en el cielo: el santo de santos que veneramos.
Les conozco a todos ustedes; a la mayoría desde la niñez. Me podría dirigir a cada uno y después de llamarle por su nombre, preguntarle: ¿no tienes un corazón hecho de amor que no te cabe en el pecho? ¡Yo digo que la contestación sería sí!. Si así mismo preguntara yo a cualquiera de ustedes: ¿no eres tú, el o la, de empática y conmiserada personalidad que sólo conoce los límites humanos? ¡yo digo otra y mil veces que sí! Todos ustedes queridos conciudadanos, de naturaleza buenos y honrados; estoy seguro, que de estar aquí en mi lugar, ¡incluso sin papeles! costaría un lío para saber quien lo hizo mejor lanzando alabanzas a nuestro querido San Antonio.
¡San Antonio Abad bendito! -santo e ilustre eremita- en este ratito de lectura, que por descontado sabemos que sabes cuanto vamos a decir; nos has de tolerar y disculpar que lo digamos. Porque es la única forma que tenemos los tristes humanos de confraternizarnos inteligiblemente de acuerdo cuantos aquí estamos reunidos; para darte gracias por tus gestiones ante Dios nuestro señor, para que nos conceda gracias, bienes y favores, que a tu santísima esencia hemos solicitado directamente. Humildes hemos de aceptar cuanta leyenda negra y torpe se nos atribuya a los humanos con el pie en la tierra, porque en sana comprensión debemos reconocer lo desnortados que vamos por el mundo; sin esa encomiable decisión que tu tuviste y que te condujo a seguir estrictamente cuando decidiste; junto a tus inseparables animales, seguir la senda del señor a raja tabla. Que es por lo que, sin lugar a dudas, la santa madre iglesia católica, después de quedar anonadada por tu biografía y tras exhaustivos estudios e indagaciones, te erigió en santo y te subió a los altares. Con tu vida ejemplar; por tu santidad, le quitaste al mundo (en tu entorno) todo viso de blasfemia; y tu aura y cuanto te rodeaba, quedaba inmerso, más bien impregnado de rocío celestial cuanto tocabas con tus manos; y toda iniquidad se salía de tu presencia,- para fuera y lejos de ti explosionar oliendo a azufre-.
Este es un acto de advocación y alabanza de orgullosa voluntariedad a nuestro San Antonio, del cual, por su santísima piedad y causas ganadas, nace en nosotros el fervor para quererle desde nuestro corazón humano; además de espiritualmente adorarle y venerarle, porque hemos comprobado que siempre nos ha devuelto el ciento por uno. En cada una de nuestras vidas dispuso su hombro para que en él se lloraran las negativas vicisitudes de todo aquel de nuestro pueblo que lo necesitó. Y la prueba de lo que hizo de su santa mano, está en cuantos aquí estamos reunidos; amén de la gran cantidad de personas que ya no están entre nosotros. ¿Podríamos presumir que si estuvieran aquí -por maravilloso milagro-, estarían al total alabando a San Antonio?. ¡¡Sin duda!! ¿Por qué?. Porque le conocen de trato en el cielo, ese paraíso, de auras y confines celestiales. No cupiendo la menor duda de que ello sería así y comprendiendo que no pueden hacer presencia material; sintámosles en presencia espiritual. ¡¡Porque están a miles con nosotros!! Ahora mismo con nosotros; hablando al que también fue su patrono en el cortísimo tiempo que fue su vida humana; que desde siempre por su levedad se ha caracterizado en este lacerado planeta. ¡Que maravilloso sería el oído humano! si pudiera sentir el canto divino que ahora mismo están entonando junto a nosotros miríadas de espíritus en alma; que en el cuerpo de carne y hueso humanos, y que fueron, allende sus vidas materiales; seguramente no les contendría el mayor estadio de fútbol que se conozca; y que aquí en este santo recinto están todos ellos confinados en un solo espíritu. Alabando a San Antonio; en alabanza compañera, en el espíritu monolítico, que todo lo que está en el cielo así lo es y lo tiene. De ello no debemos tener la menor duda.
Tamaraceite tiene de casi todo, como cualquier otro pueblo tiene casi de todo. Pero todos los pueblos no tienen lo que ha tenido,-y en muchos casos- tiene Tamaraceite. Por los pregones que hemos escuchado a otros pregoneros respecto de sus santos patronos; o advocaciones en honor a vírgenes en un caso y santos en otros, hemos visto que sin defecto ninguno se encumbra por el pregonero la santidad que la santa madre iglesia mandó venerar tras la canonización respectiva; y ello es lo que se debería hacer sin más. Pero como a la sazón hemos visto que también es uso ir intercalando pasajes del carácter e idiosincrasia del barrio o pueblo, etc. perdóname San Antonio, que no tenga el talento suficiente para salirme de esa moda. Hablar solamente de ti sería lo correcto, mas, los límites de mi conocimiento son estrechos y no me ha sido dado poder romper esquemas. El favor personal que te pido es que ilumines al próximo para que te haga un pregón para tu alabanza absoluta.
Aquí desde luego no se van a reflejar juegos y anécdotas de nuestra infancia porque calimbre, el que se coge se queda, palito es árbol, el capitán trueno y todos los recuerdos de la infancia son maravillosos en todas partes y en cualquier parte; siendo únicas de cada persona sus experiencias de la niñez, juventud, etc. No vamos a cantar nuestras vivencias porque es desaconsejable hacer reseñas que no pueden ser comparativas y que pertenecen a la unicidad de cada persona. Sin embargo no nos sustraeremos de hacer una valoración abstracta y generalista de nuestra pueblil mini sociedad - que como decía nuestro muy leído convecino D. Facundo Moreno Bolaños DEP.-: “La sociedad es una asociación de socios asociados”: siendo así; que no llegue al punto del relajo el asociacionismo. Todo en su medida.
Con lo anterior nos hemos construido preámbulos para entrar propiamente, automáticamente, en la historia inmediata que conocemos de primera mano; sin ayuda de legajos, porque no es competencia de este pregonero ir a los archivos históricos; ni aún a lecturas de nuestra historia publicada que la hay, ¡y muy buena! ¿Y porque nos desinhibimos de tan sanas prácticas?. Porque con lo que conocemos de nuestra historia es más que suficiente para hacer el esfuerzo tremendo por no quedar muy a mal. Que siempre el atiborramiento de datos es engañoso porque confunde. La historia de Tamaraceite ha nacido de gente venida de la cordillera del Atlas, de las riberas del Guadalquivir, etc. No hace falta ahondar para saber que a partir de empezar las incursiones en nuestro territorio hemos estado en una andadura que se puede catalogar de infancia histórica; la cual, hemos mejorado de un par de décadas acá. Desde el principio tomamos los apellidos legados, de nuestros conquistadores atendiendo al modo de marcaje del vasallaje porque esa era la moda.
El viaje del primer canario a la península (documentado) fue el de don Fernando Guanarteme. Yo no se desde otros lugares de la isla, pero, desde Tamaraceite el primero que viajó a la península fue Don Félix García Toledo (exagerando un poco, por consiguiente presunta y supuestamente) para conquistar el título de practicante en curas y prácticas de cirugía menor. Hoy sería un lío saber que tamaraceiteños viajan a Madrid todos los días.
Ya vamos por la altura en que hay que ser telegráfico y me voy a valer de mínimos silencios para darles a entender que voy a pasar de una cosa a otra sin conexión alguna. Siempre es muy de agradecer la premura, o al menos más, que las de por de más, dilatadas exposiciones (cuatro segundos de silencio en este punto). Del único pintor que nos honra D. Jesús Arencibia (no por único menos grande: fue primer premio nacional de pintura) se ha pasado a cientos de personas que pintan lo que pintan. En esta actividad, nuestra cultura amaga con crecer, ¡y mucho!.
De las artes literarias que empezaron en ciernes yendo a casa de un vecino a que les leyera la carta de Cuba o les escribiera la de para Cuba, se ha pasado a sin fin de comunicadores en todos los estilos devenidos de los antiguos verseadores y escribanos. Se han escrito muchos libros de toponimias y curiosidades de este pueblo, pero la literatura propiamente dicha, o sea, escritor así como suena, sólo hemos tenido uno; se trata de J. J. Mújica Villegas con cinco libros publicados en los que se ha ido creciendo al máximo partiendo de una talla literaria más que fortalecida y así perfeccionando la ya perfecta resolución de la narrativa de sus inicios, tenemos ahora su devenir intelectual presentado en su última obra titulada: ¿“QUE PIENSA LA ETERNIDAD”?. Compendio maduro lleno de empirias verdaderas; sin ningún tipo de fisura bajo los diferentes aspectos. Con carga emotiva emulante a la del “Lazarillo de Tormes” o “La muerte del borracho” de Dickens, etc. Que si les nombro lo hago para la más alta comparativa, según mi opinión y mis gustos. Ha habido personas en Tamaraceite doctas y con formidable formación que han publicado; pero no tienen el don del literato nato que es J. J. Mújica, que, ante él no llegan ni a principiantes. Perdóname San Antonio Abad bendito lo que voy a decir: las licenciaturas y demás, no garantizan literatura rotunda ni brillantez de ideas publicables; sino todo lo contrario,- visto el paño-. (tres segundos de silencio).
Los muchachos quinceañeros de los años 60 hacían por aquellos tiempos un rudimentario “periódico” (“El Espejo”, solo la iniciativa es de celebrar) en folios de la época grapados a mano y mecanografiados uno a uno. A excepción de un folio dedicado a la cultura, lo demás era fútbol porque aquí había equipos y jugadores para parar un tren. Estaba El Pirata, El Juventud, El San Antonio, como equipos más representativos y profesionales. después había una multitud de alevines seniors y juveniles -no creo que haya habido sitio donde se pateara más el balón- la mayoría de “los redactores” de ese “periódico” eran deportivos y la página para la cultura la defendían J. J. Mújica, Pedro Domínguez y pocas más personas de las que lamentablemente no me acuerdo. De las que sí se acuerdan al total cuando, en un evento cultural cualquiera, se lee la lista de todos los que estaban “en la redacción de ese periódico” y jamás nombran a Pedro Domínguez: el poeta más sólido que ha tenido todo Tamaraceite. Adelantamos a una semblanza que luego se hará de la poesía de “perico“, que, con solo 12 años colaboraba con un poema en cada numero “de ese periódico”, que salía semanal. Ahí les va como ejemplo unos versos publicados; de los que me acuerdo: “En una fuente campera bebí agua cristalina,- que brotaba de la entraña de una peña campesina-. Abstraído, poseído de su in adúltero frescor, puro y tonificante,- ¡hay!, fui consciente y henchido de amor, ¡hasta exclamar!-: ¡a Dios, no hay quien lo adelante!. Esto lo escribió Pedro Domínguez (y está publicado en “El Espejo“) cuando era sólo un niño. (tres segundos de silencio en este salto).

Tenemos hoy gran cantidad de cantantes de oído e instrumentistas, genios de la música; de haberla estudiado, pero ¿qué pasa?, no hay educación musical en nuestro pueblo. A pesar de todo Tamaraceite dio un gran tenor: D. Antonio Soto, especialista en zarzuela que se pasó su vida actuando por todo el mundo. Y fue curioso el comienzo de este divo. Cuando era poco más que un niño; servía trayendo leche de los establos a la mansión de Doña Lola Betancort de Villegas: la cual un día escuchó cantar al muchacho. Tan bien lo hizo en la ocasión que Doña Lola lo mecenó (este es un dato impreciso: digo lo que he oído y no he comprobado) en cuantos estudios y viajes hasta que llegó a figura.
En la poesía hemos tenido dignísimos representantes , mas sin embargo, poeta auténtico sólo hemos tenido uno: Pedro Domínguez. ¡Sí!, Perico el barbero. La puridad de cuanto su verso toca, es la poesía. Pedro es una continua indagación poética y ni se ocupa en las técnicas que le permitan construirla. En especial, ni se inmuta en rebuscamientos de lenguaje y aun así transmite las ideas líricas sin castrarlas; su poemario (inédito) es a partir de ideas poéticas que sólo afectan al poema en concreto. En una estilización natural innata en que se depura todo aquello que no es poético en él. Su auténtica poesía, rebasa los límites del poema y por lo tanto preexiste en Pedro. Es por lo que decía D. Miguel de Cervantes que uno es el número de poemas y otro el de poetas existentes. Que, según su opinión, estos últimos, los que son y los que han sido se pueden contar con los dedos de las manos. No decimos que Perico entre en esos dedos, pero lo más parecido a lo que en esos dedos entre -en todo Tamaraceite- es él, porque lo dice su obra. Cuantas artes y ciencias conoce el hombre se pueden cultivar y a penetrar en ellas en lo que el empeño y el raciocinio tengan su medida. Incluso se puede investigar la senda poética, pero el poeta auténtico no se hace, ha de nacer. Por eso hay tan pocos que no inciten al vómito y entre esos pocos si que esta Pedro. Le traemos a este aparte del pregón, que junto con Mújica son lo más destacado de nuestra intelectualidad y a los cuales no se les lee ni se les escucha porque no son niños de papá y no tienen dinero. En este punto mueve el rabo y se relame por colarse, toda una teoría de las falacias del licenciado frente a la filosofía oriunda de la choza del pobre; pero no puede ser llevado a cabo el tremendo abuso de masacrarles dos horas con semejantes,- llamémosles extremos-, por ocultar la vanidad de llamarles profundidades; a ese fatigoso soportar la arenga que de semejante asunto se derivaría.
Ahora bien, en contrapartida de quedar ustedes libres de pasar por esos berenjenales con qué amagué, han de permitirme que en la persona de Pedro Domínguez termine de exponer lo que yo considero la poesía mayormente dentro de la raya de San Lorenzo; especialmente la arropada bajo el manto divino del inconmensurable San Antonio, que inapelablemente la propició. Ni que decir tiene que Pedro ¡nunca! Recurrió al lenguaje poético caduco y altisonante del romanticismo; a esas simples construcciones verbales sin importancia; donde queda presa la poesía como único valor. A Pedro le atañe y ¡es! interiormente la belleza superior; que es la que entra en el ámbito del misterio, y ello se ve producido en el estampido del poema a su nacimiento. La palabra de que se ayuda es una entelequia andamial, que sin embargo, para tanto sirve a la seudo poesía y tan huidiza y secundaria le es a la poesía auténtica. Pedro no toca tema que no sea esencialmente poético. La poesía la siente el poeta en su interior y tiene una existencia real en su seno y no tiene porqué convertirla mediante la palabra, necesariamente, en artificio verbal si no lo desea o le apremia. Muchas veces sucede que el poeta conoce un himno gigante y extraño pero no puede producirlo, porque, “esa máquina poética auténtica” no se arriesga a hacer una poesía escultórica y aparentemente perfecta, sonora y hueca; obsolescente y que muy poco dice al corazón de un hombre. La poesía de Pedro lanza una palabra como si fuera una piedra, hiere el sentimiento y huye, luego, desnuda de artificio se sumerge y vuelve a reunirse con las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía. Ese es el poeta auténtico que jamás ha tenido ni tendrá que demostrar la valía, que muy pocos comprenderán. ¡¡No!!, no se nos ha convertido en una clase de literatura lo que en rigor es el acto de rogativas y alabanzas a nuestro querido San Antonio Abad; porque así como en otros pregones a la hora de no hablar del santo, se decide por lo que el pregonero tenga a bien; aquí se ha decidido presentar en sociedad (porque no son valorados como se debiera) a los dos hombres más grandes que ha dado nuestra cultura (que otra cosa son las licenciaturas, doctorados y cátedras) J. J. Mujica el literato y Pedro Domínguez el poeta. (tres o cuatro segundos de silencio)
Aunque Tamaraceite vivió el silencio profundo de las hondas galerías; porque durante la semana salía caminando a diario la masa trabajadora (que en el pueblo “era la totalidad“) a los trabajos agrarios en la periferia; no rompía por ello el silencio en el pueblo sino algún coche que pasaba por casualidad,- por eso el pueblo propiamente dicho sufrió de soledad; inanimados sus callejones y …, sus rudimentarias casas conocieron de abandono. No había tiempo para cuidarlas. Se salía a trabajar de noche y se llegaba a las seis de la tarde: la mujer, a seguir trabajando en la casa y el hombre, a traer un saco de hierva para la cabra; a pesar de ser tan amorosas para vivir las cuevas de la montañeta, frescas en verano y asocaditas en invierno; y con el microclima exterior más agradable del mundo, por si fuera poco.
La historia de nuestra inmediata generación y mediata a unas cuantas generaciones anteriores ha estado marcada por amores y desamores, armonías y desencuentros; pero no entre ricos y pobres, ni entre burgueses y de clase obrera; porque hasta antes de ayer éramos todos clase obrera plataneril; con los afincados viviendo en la capital; por lo que nos las teníamos que ver entre nosotros mismos con la unión que los intereses compartidos aportan. Lo digo porque se daba el caso con excesiva frecuencia de pelearnos al moquetazo limpio, por los cafetines el sábado por la noche y el domingo por la mañana “nos lamíamos” juntos, confraternalmente, las heridas; sin que ello fuera óbice para quizás antes de un mes meternos manos de nuevo. La casta igualitaria, con los mismos, exactamente iguales problemas para todos, característicos de nuestro pueblo; no admitía rencores; o como mínimo los sobrellevaba estupendamente bien.

Éramos sanotes y amigos unos de otros; individuos que incluso, habían tenido quince peleas (exagerando un poco). Lo único que estaba muy mal visto eran “las almorradas” con la cabeza. El que con la cabeza “mandaba” (las otras formas de mandar con ella estaban en Tenerife y en Madrid); el que topaba con el arma de todas las desavenencias, era llamado traicionero, y con desprecio. Por eso y por lo demás y por todo; éramos auténticos hermanos todos, en las fragilidades de todo tipo; menos en la forma física; en cuanto a ella, éramos flacos, pero fuertes y contorsivos como grueso alambre de acero. Todo ello marcó un signo y fortaleció nuestro sino, pírrico en política, relajado en las costumbres; donde era normal que todos hablaran de todos; pero mucho más normal todavía que nadie se disgustaba por lo que dijeran de él. El tamaraceiteño de los años cincuenta era un espécimen único en el mundo. Con muy poco alimento en el estómago no se ha conocido hombres más duros con un pico en las manos, descargando y cargando sacos de guano de 100 kilogramos; en los barcos y en los cultivos. O cargando sacos de cereal en los silos de 60 y 70 kilogramos durante jornadas enteras un día tras otro; y después, ¡encima! era un pasota, gran pasota por inteligente y penetrante. Sabía que no le era dado arreglar nada. Y como obedeciendo a una contraseña transmitida por los móviles, no había nadie dispuesto a estropearlo más; de ahí su pasotismo profundizado en el más genuino y natural escepticismo. A partir de 1980 y quizás antes empezaron “las manías” por vigilar que los chiquillos no se escaparan de la escuela, la cual, empezó a dar menos “leña” y a elevar “la militarización” con cuya ascensión al respeto entre educador y educando, se inicia un período mediano, moderado, que daba gusto.
Estas sanas prácticas parece se van desvaneciendo ahora porque están sonando rodillamientos colocados en los seminales de los profesores y se dice que están lanzando piñas los galletones a maestros, que algunas, no difieren de la patada de un caballo y que son de muy respetar y considerar las tremendas trompadas, esas que llegan a muy tremendas.
Como se ve este pregón no tiene o sigue un hilo conductor porque es imposible que un pregón lo tenga sin entrar en la torpeza comparativa; por eso no podemos biografiar personas. Imaginemos que encomiamos la venerable beatitud de cada uno de los párrocos que han honrado nuestra parroquia. Comprenderán lo desacertado que sería, sabiendo que cada cual admira particularmente a uno de entre todos de los que se acuerda; por consiguiente, el efecto sería exactamente igual si nos refiriéramos a cualquier gremio de enseñantes, maestros en oficios, etc. Y aquí no estamos para hacer distingos; estamos primordialmente por venerar a San Antonio y para cantar personas únicas en las que todos puedan estar de acuerdo de su excepcionalidad. Se compartan o no sus ideas, forma de ser o a la hora que se levantan (en este punto silencio de tres segundos). En cuanto a la música, Tamaraceite tiene esa parcela desierta como decía antes. ¡Sí!, estaba D. Miguel Arencibia y también la esposa de D. Enrique Henríquez que leían una partitura, pero, eran sus músicas de autoconsumo; no se subieron nunca a un escenario a excitar la actitud hierática del espectador exigente; o a gozar de la tolerancia, la emoción y el regocijo que todo gran artista provoca amansando a las fieras. No hablamos de música folklórica ni de ninguna que tenga apelativo. Hablamos de música cuando la palabra suena sola así, ¡de remplón!, y de esa tampoco podemos hacer un hilo conductor porque aquí no ha existido.
No tenemos muchos argumentos para dar ludicidad a este pregón y hasta es un suerte que así sea porque de lo que se trata es de exacerbar la figura de San Antonio; que muy lamentablemente, para ello estamos muchísimo más limitados porque, ¿como puede una mente terrenal decir algo, ¡lo más mínimo! del estado celestial actual; del status de San Antonio allá en el cielo en este preciso instante?. Queridos amigos y convecinos, la verdad en pelete a de ser siempre derrotista (a pesar de lo que hemos dicho de enterezas en este pregón). No podemos venir aquí a congratularnos de los pequeños logros y menos cuando no son colectivos; de todos auténticamente; que es cuando cierto chovinismo, al menos, no está muy mal visto. Bien es verdad que a ese respecto nos hemos hecho eco de dos hombres buenos y sabios excepcionalmente; con la única ilusión de que se les escuche y se aprenda de ellos.
En resumen, no articulamos el grito ¡viva San Antonio! al uso en la finalización de todos los pregones porque San Antonio está muchísimo más que vivo. Lo que si exclamamos es que todos llevemos la rectitud de vida que nos haga merecedores de estar con él en la verdadera vida que inequívocamente debemos perseguir desde la renuncia, la castidad (huir de la frontera de entrada a la libidinosidad) y la honradez. Esa verdadera vida - está en el alma salvada, puesta por la eternidad allá en el cielo-.
Bueno, ¡a pesar que San Antonio comparte la verdadera vida junto a Padre Dios, no estando por ello necesitado de nuestros vítores y “vivas”!, ¿Porqué no vamos nosotros hasta donde nos pertenece, como vehemente e ilusionada humanidad en Cristo nuestro señor, a lanzar el grito definitivo? (en este punto cuatro segundos de silencio): ¡¡¡VIVA SAN ANTONIO!!!.

Por: Antonio Domínguez Herrera

domingo, 15 de enero de 2012

Pregón de las Fiestas de San Antonio Abad 2012

Por: José Manuel Cabrera Ramírez,
pregonero de las Fiestas de
Tamaraceite 2012
Buenas noches Tamaraceite, hoy me siento orgulloso de compartir con todos el inicio de nuestras fiestas. Quiero dedicar este pregón de manera especial a aquellas personas que siempre están trabajando para hacer que nuestro mundo más cercano brille de forma distinta. Personas que de manera altruista son capaces de ayudar a que nuestras fiestas sean realidad.

Según me cuenta mi madre, la primera vez que entré en esta iglesia fue de forma precipitada. A mi padre se le había olvidado avisar de mi bautizo y cuando comenzaron a sonar las campanas de la iglesia se acordó. Me vistieron deprisa y buscaron a dos familiares cercanos que sirvieran de testigos. Mucho más tarde entré por mi propio pie para mi Primera Comunión, mi confirmación, la adoración nocturna y el bautizo de mis hijos.
A mediados de los años 60 corría por los pasillos de la casa terrera frente a la actual Casa de la Cultura. Tercer hijo de cinco. No paraba. Me gustaba correr y saltar. De todos aquellos momentos, recuerdo con cariño mis escapadas a casa de Olguita, sobrina de D. Félix el practicante. Iba desde mi casa a la suya arrastrando un cepillo que usaba para quitar el gancho de su puerta. Me colaba en su comedor, abría su lata de galletas y cogía tantas como fueran suficientes para saciar mi apetito infantil. Sin lugar a dudas eran otros tiempos. Cuando a Olguita le preguntaban que si me había visto, respondía que no. Lo importante de la visita eran las galletas, por eso no me entretenía en saludarla.
Mi casa no era pequeña, pero sí para que sin cansarme bajaba y subía las escaleras. Me gustaba subir al cuarto de la azotea. Era el cuarto de los botones. Un montón de botones que servían para hacer funcionar las emisoras que mi padre usaba con tanto cariño y respeto. Mis mejores momentos llegaban cuando él no estaba y me colaba en su territorio, hasta que me descubrió. Su castigo fue cerrar con llave y colgarla de un clavo. Dicen que era un poco testarudo y a pesar de aquella prohibición, con mi corta edad, seguía descolgando la llave para abrir la puerta y colarme en aquella estancia cargada de olor a válvulas calientes y radiofrecuencia. Fueron tiempos en que las comunicaciones cumplían un papel importante. Venían a mi casa personas de todas partes de la isla para escuchar, aunque fuera por un breve momento, la voz de un ser querido que allende los mares contaba cómo se encontraban. Era casi un milagro que pudieran entablar una conversación al instante. Por aquellos tiempos la única información que llegaba era por correo ordinario y era lenta muy lenta. Fueron muchas las historias que bajo aquel techo se contaron. Muchas alegrías y muchas penas.
En la planta baja tenía totalmente prohibida la entrada, aunque alguna vez me colé. Solo fue por un pequeño momento. Había un taller donde se construían radios que se repartían por todos los puntos de nuestra geografía. Si increíble era poder hablar con un ser querido, no lo era menos que llegaran las voces de los locutores informando de la situación del país. Era un sonido muy particular. Las canciones de Topolino, Antonio Machín, Jorge Negrete y tantos que alegraban con su romanticismo los rincones de las casas, donde se reunían familiares y vecinos ante aquel milagro del futuro. ¡Quién iba a decir que llegaríamos a un momento en que un pequeño aparatito en nuestra palma de la mano nos podría comunicar con imagen y sonido con cualquier persona en cualquier parte del mundo!
De las fiestas de antaño la que más recuerdo era la del Carnaval. Desde el ventanillo de nuestro baño se podía ver el cine Galdós y allí la gente bailando y bebiendo. Me subía en el bidé y desde allí controlaba a las mascaritas.
Cuando cierro los ojos y vuelvo al pasado, me viene la imagen de una barbería frente a la iglesia. Varios sillones a la izquierda, unos bancos a la derecha y al fondo un ventanillo. Cuando llegaba mi turno, colocaban una tabla entre los brazos del sillón. Don Pedro siempre paciente y con su sonrisa en la cara preguntaba: ¿Al corte león? No recuerdo si en aquellos días existían otros cortes porque a mí siempre me hacía el mismo. El olor a barbería y el sonido de las tijeras quedaron grabados para siempre en mi memoria.

Hoy se habla mucho de un personaje que todos conocemos y que fue el creador del mural que aquí vemos. Jesús Arencibia fue para mí una persona extraña. Cuando tenía que subir por el callejón del cine, mi primera mirada se dirigía hacia su ventana y casi siempre estaba asomado con su vestimenta negra. Algunas veces, supongo que por frío, se calzaba una boina también del mismo color. Le tenía mucho respeto porque era serio y el color de su ropa no mejoraba la situación. Alguna vez que acompañé a mi padre a su casa recuerdo un piso casi espejo, un crucifijo enorme y unas velas de mi tamaño. Todo era muy religioso y en aquel momento esto también me producía respeto. Pasaron muchos años hasta que volví a encontrarme con él y su imagen cambió. Me queda el recuerdo de un hombre subido en un andamio dando forma y color a este mural. Seguía siendo un personaje extraño, pero ahora más cercano.
A medida que yo iba creciendo, los inventos también llegaban a nuestro pueblo. Aparecieron los primeros televisores en blanco y negro. Eran grandes y pesados y había que dejarles mucho espacio alrededor, porque además de televisores servían como estufas. Solo se veía un canal y no había mando a distancia, ambos motivo de conflicto en muchas de las casas actuales.
Tanto la radio como el televisor sirvieron de punto de encuentro, de unión entre familias y amigos, que después de la reunión seguían compartiendo los ratos de tertulia, los cafés y los rones. Es verdad que eran otros tiempos, ni mejores ni peores, pero siempre servirán para aprender.
A pesar de tener la plaza tan cerca, no fue hasta mi adolescencia cuando comencé a casi vivir en ella. Mis amigos de la infancia fueron todos personajes ilustres de mi pueblo, por lo menos para . Era nuestro lugar de encuentro y desencuentro. A una hora determinada, no recuerdo por quién ni cómo, aparecíamos todos para nuestra cita. Éramos un grupito de chicos y chicas que queríamos divertirnos.
Si íbamos al cine, lo importante no era solo la película. Empezaba la historia por meter la cabeza en una cuadrado hecho en la pared para comprar una entrada por 1 peseta y media. Luego teníamos que buscar una butaca que estuviera limpia y manejarla con cuidado porque era fácil que sufrieras una majada espectacular. Cuando te levantabas, daba un golpe que casi siempre cogía a alguien concentrado que saltaba del susto. La figura del acomodador era como la guardia civil. Le teníamos respeto y siempre acababa expulsando a alguien de la sala por mal comportamiento. Tengo el recuerdo de una película de Tarzán en blanco y negro que me marcó, porque fue la primera vez que vi un elefante en movimiento. Más tarde quedé desolado, porque proyectaron una película para adultos que no pudimos ver, a pesar de que intentamos comprar al acomodador. Aquí proyectó muchas películas Santiago Diepa un amigo de siempre.
El pueblo era pequeño, mucho menos de lo que es ahora. Cada fin de semana recorríamos sus calles partiendo de la plaza, subiendo el callejón del cine, paseo de los mártires, carretera general y vuelta al principio. Un poco más tarde, descubrimos el bar de Antonio, el ovejero, que no recuerdo si tenía ovejas o no. Íbamos el sábado por la tarde y pedíamos siempre lo mismo: un plato para compartir de calamares con papas fritas.
Recuerdos de mi infancia estuvieron muy cerca de las plataneras. Me encantaba correr saltando los camellones y las acequias. Llegaba desde la casa de Juan Pérez hasta la Cobranza sin ver casi el cielo. Buscaba nidos de mirlos, madrigueras de conejos o plátanos maduros que me servían de tentempié. Lo mejor era el olor de la mañana, la humedad y las gotas sobre las hojas grandes. Aprendí a quitar la hoja seca, deshijar, desflorillar pero lo que realmente me divertía era regar. Oír llegar el agua, abrir la torna para virarla y remangarme los pantalones. El olor de un plátano maduro, de una ciruela o de los nísperos en el vergel que era Tamaraceite.
A medida que crecía, aparecieron nuevos personajes, y quiero compartir el recuerdo de Antonio Arencibia. Algunas tardes me sentaba con él en su pequeño estudio. Siempre me prestaba su sillón de orejas y me encantaba escucharle. Compartimos inquietudes por nuestro pueblo y me animaba para que hiciera cosas. En su libro Tigotán dejó esta dedicatoria: fui amigo de tu padre; soy amigo tuyo pero este obsequio va por otros motivos, tu pasión por nuestro Tamarazait que nos une en el interés”
Mis padres han sido, en parte, responsables de que hoy tenga tantas cosas que contar en este pregón.
Hoy nos reunimos en esta iglesia llena de historia con el fin de dar comienzo a nuestras fiestas. Les animo a participar en los distintos actos que se han organizado.
Quiero aprovechar este momento para agradecer a todos los amigos que cada día trabajan para que nuestro pueblo sea mejor. De manera muy especial a Pilar y a mis hijos Eduardo y Cristina por su paciencia.
La fiesta de San Antonio Abad debe crecer siempre alrededor de su acto principal. Me gustaría algún día escuchar que las fiestas de nuestra isla de Gran Canaria son Nuestra Virgen del Pino en Teror, La bajada de la Rama en Agaete, El charco en la Aldea y La Bendición de animales en Tamaraceite. ¡Felices Fiestas!.