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jueves, 1 de marzo de 2018

En recuerdo a Don Aurelio

Por Antonio Domínguez
La consciencia es muchísimo más que el temor a Dios o al diablo y el apercibimiento constante del pecado. Hoy mi consciencia se abate, aquí en lo material,  por la muerte del médico Don Aurelio Gutiérrez Brito; hombre de exquisita buena consciencia con los pobres y desvalidos;  a los que regalaba tratamientos medicinales completos de las muestras gratuitas que recibía de los representantes.

Don Aurelio era un hombre que se marcaba metas, despreciando los sacrificios que conllevaban. Fue médico de moda y le llegaban pacientes del sur y de toda la isla, cuando, aquí en su casa de Tamaraceite fue el único médico nocturno para todo el municipio de San Lorenzo. Cuando llegaba de una urgencia, no dormía ni diez minutos para acudir a la llamada de la siguiente. Hay excepciones como en todo y con todo pero, creo que muy pocas personas no tienen pequeño o gran favor que agradecer a Don Aurelio que después de cobrar las módicas 300 pesetas por una levantada de madrugada  e ir por todo el municipio a salvar vidas, se puede declarar el hombre máximo  benefactor y completado con el buen trato, la conmiseración, el amor y el calor humano.

Estuve diez años como su ayudante;  parte de mi dilatado currículo que empezó como lavador de coches. Siempre me decía: “…estudia Antonio, tu amor por la sabiduría es encomiable, pero del saber se come sólo con el título…”. Más tarde, cuando tuve mi taller, fue porque él vino a buscarme, a ofrecérmelo a mí primero que a nadie, y en el devenir llegué a estar un año completo sin poder pagar el alquiler (en aquél aciago país del dictador Franco) y bastantes otros más pequeños  periodos. Don Aurelio siempre me decía: “…sigue para adelante Antonio, ¡lucha, defiéndete, el alquiler puede esperar!...”. Para mí fue un padre, un amigo y mi mejor educador. Nombro aquí, porque se lo merecen, a mis otros dos grandes benefactores: Don Antonio Juan Suarez y don Vicente Artiles -copropietarios de los Apartamentos ININTA donde yo ejercía mi taller- conchabados ellos dos, con don Aurelio en aras de la laxitud con mis obligaciones de arrendador.  

Éste sí que podía aspirar a Santo, aun sin pisar una iglesia y sin credo religioso, que yo supiera. Hablaba con los capitostes del pueblo con el mismo acomodo que con Jacinto; o el pobre más pobre que viviera en la más profunda cueva de La Montañeta; la que pateaba a diario por la asistencia a los enfermos. Era hombre de mucho trabajo y sacrificio. De arrojo por el otro sin mimos ni pereza. Desde mi bendición corriente por humana, humanamente le bendigo (digo de usted lo mejor) mi querido preceptor y benefactor.

Mi pésame sentido a sus hijos, y hago extensivas mis condolencias a todo Tamaraceite y a todo el municipio de San Lorenzo al completo. 

domingo, 25 de febrero de 2018

Fallece el médico Aurelio Gutiérrez Brito

Emblemático y querido doctor de Tamaraceite

Por Esteban Santana

LPDLP. La historia de un pueblo la construyen sus personajes, bien sea por su profesión, por su condición social, por su apodo, por su carácter o por sus vivencias. Hoy quiero recordar a uno de esos personajes que ha dejado mucha huella entre los habitantes de Tamaraceite y sus pagos, Don Aurelio Gutiérrez Brito, médico del pueblo y para el pueblo. Todo un personaje que desgraciadamente nos ha dejado, tras una corta enfermedad, y por cuyas manos pasamos, en sentido literal, muchos de los habitantes de Tamaraceite y sus barrios colindantes.
Escribir sobre Don Aurelio Gutiérrez es hablar de toda una institución a nivel social, en un pueblo, que por mis años de niño era un nucleo alejado de la ciudad de Las Palmas de GC, pero principal población del extinto Ayuntamiento de San Lorenzo.
Llegó a Tamaraceite a finales de los años 50 y aquí se quedó para siempre, ejemplo del cariño que nuestra gente le daba y la devoción que muchos le teníamos por su saber y trato en la consulta y en la calle. Don Aurelio era un médico del pueblo en estado puro. En una época en la que junto al cura y al maestro, jugaban un papel determinante en la vida social.
Pero Don Aurelio era un médico "diferente" para su época, cercano a su gente, sencillo, emprendedor y gran defensor de su familia. Su esposa Carmencita fue su compañera y confidente, mujer también luchadora que supo sacar a sus hijos adelante. Se supieron sobreponer a la tragedia de perder un hijo, en este caso a su hija Inma, una linda chica de larga melena negra que falleció con apenas 18 años cumplidos en un accidente de tráfico.
Ninguno de sus otros hijos siguieron su estela, salvo Mamen, la otra niña de la familia que ejerce enfermería en tierras andaluzas. Aurelio, Joaquín, José Carlos y Nacho eran más de letras.

Sus comienzos no fueron fáciles pero supo hacerse con la simpatía y el respeto de la gente de Tamaraceite, Tenoya, San Lorenzo y todos los pagos que le rodean. Fue médico de empresa de los Betancores y tuvo su primera consulta en el edificio donde vivió Don Raimundo, al lado del bar de Cristóbal, muy cerca de la Plaza Don Ceferino Hernández. Compartió consulta posteriormente con otro gran médico de aquellos años como fue Don José Hernández. Su enfermera de siempre fue Rosita, una persona encantadora que recogía los carnés con las medicinas "para repetir" y que lo acompañó durante años y a la que le cogió el relevo Mercy Soto, la mujer de otro de los sanitarios de Tamaraceite, el practicante José Ramón, el hijo de Ramoncito "el de los ciegos". Pero su primer enfermero fue Antonio Domínguez, el hijo del barbero y que lo acompañó en muchos de sus desplazamientos a los domicilios por aquellos años en que comenzó su andadura profesional.
A Don Aurelio le tocó compartir vida en el pueblo con las parteras, como Mariquita García, Encarnacionita, Mariquita Rodríguez y Cesarita Alonso, ya que hasta los años 70 las mujeres no iban a la clínica a dar a luz. Si la criatura venía bien las mujeres esperaban en casa hasta la llegada de la partera, pero, si por el contrario, venía de nalgas se avisaba al médico y se buscaba corriendo un coche para ir a la clínica.
Algunos de los mayores de Tamaraceite todavía recuerdan cómo llegó Don Aurelio a Tamaraceite, "flaco como un guirre" y donde enseguida se integró haciendo grandes amigos como Antonio Juan Suárez el del molino o Don Vicente Artiles el farmaceutico y con los que emprendió algunos proyectos conjuntamente.
Fue el médico de muchos niños y niñas del distrito, y hasta hace poco estaba recetando. Su gran sueño era escribir un libro sobre sus memorias y soy fiel testigo de que mucho recogió por escrito de sus vivencias. Ojalá las veamos publicadas algún día.
Tamaraceite le debe mucho a Don Aurelio porque fue fiel a ella hasta el final. Siempre le tendremos en nuestro recuerdo Don Aurelio. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento a un gran profesional pero sobre todo a un gran vecino.

martes, 16 de enero de 2018

Agustín Angulo Sánchez

Javier Durán LPDLP

Agustín Angulo Sánchez. 
Bajo una lluvia fina y en la misma tierra que le vio nacer, fallecía la madrugada del Día de Reyes nuestro tío Agustín Angulo Sánchez, el último eslabón que unía a la familia con un pasado agrícola que se diluye y que queremos asir entre olores, rostros y voces que nos acunan. Agricultor desde tiempos inmemoriales -no le recuerdo en otra dedicación- , abandonó la vida abrigado por el territorio donde ejerció hasta bien entrados los ochenta años como sabio en semillas, abonos, aguas, tuberías, pozos, plataneras, podas, aljibes, linderos, fincas, cacería, ganados, gallanías...
Cerró los ojos en Jacomar, el lugar que fundaron su abuela Juana Betancor Hernández - hermana de Diego Betancor Hernández, creador del emporio agrícola 'los betancores'- y su abuelo Santiago Sánchez Rodríguez, donde allanaron terrenos, levantaron paredes de piedra seca y construyeron su casa para ganarse el pan de cada día.
En el momento de darle este humilde adiós trato de secuestrar su sabiduría y subirme en sus remotos recuerdos: el vergel de Casa Ayala, la finca de su otro abuelo, Agustín Angulo Alemán, otro agricultor a la vieja usanza, que abrió en 1929 un almacén de empaquetado de fruta en la Carretera General de Tamaraceite, todavía en pie. Tío Agustín bebió de las fuentes de sus ascendientes. Junto a su madre, Ascensión Sánchez Betancor, y su tía Pino, tití, cultivó Jacomar, gestionó sus plataneras y mantuvo en el tiempo como una roca dura, resistente, el maravilloso arcano de un mundo lleno de sensaciones. Lo veo con sus botas hasta las rodillas, alto y fuerte, mirando cómo nos bañábamos en los riegos llenos de agua bajo un sol incandescente. Para mis hermanos, para mis primos, para todos, él era una parte del paraíso de nuestra infancia, el sitio al que siempre volvíamos tras una semana de colegio. Y allí, con abuelo, abuela y tití siempre nos esperaba para mostrarnos los secretos del campo, desde cómo coger el hurón para que no te mordiese a cómo ordeñar una cabra. Ha muerto un hombre cuya larga vida tuvo siempre la misma frontera: las tierras de su familia. Gracias tío Agustín por enseñarnos a ser mejores personas.

jueves, 27 de julio de 2017

El cine y la tv en Tamaraceite lloran a Santiago Diepa "Satán"


Tamaraceite está de luto porque uno de sus vecinos más conocidos, "Santiago Satán", nos ha dejado en el día de hoy. La vida de Santiago, vecino de la Montañeta, giró en torno al cine y la televisión en Tamaraceite. Fue durante muchos años el referente técnico de las televisiones de lámparas en Tamaraceite, San Lorenzo y Tenoya. No había De Wold, las televisiones que traía Macriver, RCA o Philip que se le resistiese. Conocía los entresijos de las viviendas de nuestro pueblo como el que más y siempre tenía un chiste o una palabra agradable para grandes y chicos.

Fue el técnico del Cine Galdós durante años sustituyendo a Miguelito, un cine que vió nacer en su juventud y que comenzó su andadura en los años 30. Fue construido por Don Juan Medina Nebot, pasando posteriormente a manos de Don Manuel Marrero Barrera, propietario de la mayoría de los cines de la capital, entre ellos el Cuyás, y con el que trabajó.

El cine tenía varias categorías de asiento, en las primeras filas estaban los grandes bancos comunes y a los cuales se accedía por el callejón lateral, eran los más baratos. En la parte de atrás estaban las butacas de asiento individual con reposa brazos. En la planta alta había dos palcos con capacidad limitada al que accedían los más pudientes, autoridades y los amigos del acomodador de turno o de los que echaban la película, Miguelito García o Santiago Diepa.

El Cine Galdós desapareció a principios de los años 80 cuando comienza a hacer furor la televisión en color, las grandes salas en Las Palmas y el uso del coche privado y la guagua que facilitan que este lugar emblemático vaya teniendo cada vez menos seguidores. Santiago se tuvo que adaptar a las nuevas técnicas y a la televisión en color y lo hizo con gran clase. Autodidácta, fue maestro de otros técnicos en Tamaraceite, pero siempre será recordado por su gran personalidad, profesionalidad, pero sobre todo por ser una gran persona y muy apreciado por todo el vecindario. D.E.P 

miércoles, 8 de febrero de 2017

Adiós a un histórico: Agustín Angulo

C7. El fútbol canario llora la pérdida de Agustín Angulo, quien falleció la pasada madrugada tras un largo ingreso hospitalario. Nacido en 1928 en Tamaraceite, su figura ha sido una de las más importantes en el balompié regional, su labor fue más allá del balón. Tras una larga carrera como portero, con paso por equipos como el Porteño, en el que coincidió con Juan Guedes, y que estiró hasta los 45 años, fue fundador del Chanchullo, emblemático club de veteranos, y hasta el fin de sus días ejerció como informador arbitral e impulsor de todo tipo de competiciones y eventos relacionados con el balón.
Tal fue el calibre de su aportación que la Federación Española de Fútbol le invitó, en gesto de cortesía, a presenciar la final de la Eurocopa entre España y Alemania disputada en 2008 en Viena.
En una entrevista concedida a CANARIAS7 en mayo de 2011, Agustín Angulo recordaba sus tiempos como jugador ("si no hubiese sido por Montes o Pepín, que eran unos monstruos, seguro que habría llegado mi oportunidad en la UD Las Palmas") y sus amistades como ilustres como Guedes ("todavía recuerdo las comilonas que nos dábamos en Tenoya después de los partidos") o Germán Dévora ("cuando era un chiquillo me probaba con sus disparos en Las Canteras").
Padre de Tito Angulo, jugador amarillo de 1983 a 1987, nunca perdió el entusiasmo por difundir las bondades de la escuela canaria y, al frente del Chanchullo, participó en competiciones por toda España, Venezuela, Hungría, Francia, Holanda y Alemania.
"Para mí, el fútbol es la vida", repetía cuando se le preguntaba por el deporte al que consagró todo su tiempo.
Su cuerpo está siendo velado en el tanatorio San Miguel, sala número 201. Descanse en paz.

domingo, 29 de enero de 2017

¡Adiós Tata!

Saro, Mariquita García y Carmela
En estos días se nos fue una persona muy querida en Tamaraceite. Carmela Cabrera, más conocida por Carmela García por su madre, Mariquita García "la partera", y con la que muchos niños de los que hoy peinan canas vinieron al mundo con ella. Se fue nuestra Tata, nuestra segunda madre, como ella bien decía, que tenía ocho hijos.

Carmela como su madre María, fue una emprendedora. Era la mayor de tres hermanos, Saro y Tomás, a los que quería con locura, y a los que vio partir muy jóvenes aún y empezando a disfrutar. A partir de ahí siempre decía que su vida se había roto y así fue en progresivo retroceso hasta su muerte.
Carmela desde muy joven se dedicó a la costura junto a su hermana Saro, y muchos trajes para las fiestas de San Lorenzo e incluso alguno de boda diseñaron. A comienzos de los años 70, abrió una tienda en el número 13 de la Calle Magdalena enfrente del Colegio de Angelita y un poco más arriba de la oficina de Correos, que se encontraba haciendo esquina con el callejón de Conchita y el antiguo colegio de Chita. La tienda de Carmela fue un referente en el Tamaraceite por esos años, sobre todo en La Montañeta. 

A mucha gente ayudó por estos años, no solo con los artículos que vendía en su comercio, sino además hacía de intermediaria para que muchas familias pudieran comprar en Triana ropa o muebles en Omebe, uno de los comercios más punteros del Schamán de aquellos años. Simultáneamente, durante unos años, acogió en su casa a muchos estudiantes de arquitectura, para los que era una madre por el cariño que les dispensaba porque en muchos casos era lo comido por lo servido. Pero como ella decía, la casa siempre estaba llena, y en verano, cuando estos retornaban a sus islas, se quedaba la casa sorda. 

Ejemplo de emprendiduría que no supo aprovechar porque se quitaba de lo que no tenía para socorrer al que lo necesitaba y para que nadie pasara desconsuelos ni en Reyes ni cumpleaños. Mucho le quedaron a deber de los "fiaos" y nunca le escuchamos decir un reproche para con aquellos que les debía. 

Hoy, si me lo permiten, quiero dedicar un minuto para su recuerdo, para Tata, nuestra Tata, que siempre estaba ahí cuando la necesitábamos.Mujer alegre y sencilla, solidaria, cercana a sus vecinos con los que nunca tuvo una discusión ni enfado y ellos lo pueden corroborar.Le encantaba el carnaval y los bailes y a más de un mozo tenía loco en sus años mozos. 

Se fue en silencio como fue su vida, discreta, sin hacer ruido ni escándalo. Querida y respetada por todos. Un ángel que ya está en el cielo por tanto bien que hizo a sus semejantes. Tata siempre te tendremos en el corazón. Tus niños, como tú nos decías siempre se sentirán orgullosos de ti porque fuiste un ejemplo para nosotros y eso siempre quedará en nuestros adentros.

miércoles, 30 de marzo de 2016

¡Adiós Antonio, adiós Padrino!



Por: Esteban G. Santana Cabrera.

¡Llevamos una rachita en Tamaraceite qué no vean! Hace poco más de dos semanas que perdíamos a Benjamín Saavedra y quedó Tamaraceite impactada ante tal noticia. Porque cuando una persona buena y encima, buena persona, se nos va, un vacío se nos queda en el cuerpo y en el alma. Pero a la marcha de Benjamín a la Casa Celestial se les han ido sumando estos días los nombres de otros vecinos que han contribuido a hacer la historia de nuestro pueblo, y lo que somos y cómo somos se lo debemos en parte a ellos también. Al igual que Benjamín, Rafael, Gloria, Pepe Juan, Santiago y Antonio han sido vecinos ejemplares y que han sido ejemplo de buenos vecinos, luchadores, emprendedores y trabajadores, pero sobre todo, querían a su pueblo, y cada uno a su modo, contribuyeron a crear conciencia entre sus allegados y vecinos sobre la necesidad de sentirse orgullosos de ser de aquí, de Tamaraceite.

Pero hoy, si me lo permiten, quiero recordar especialmente a Antonio Rodríguez Trujillo, "el Padrino" como todos lo llamábamos cariñosamente. Un ejemplo de superación y de que realmente se puede cambiar. Como bien me decía él en más de una ocasión, había nacido dos veces, porque le tocó vivir una primera parte en la que no supo canalizar su inteligencia y su talento en positivo, recordemos que estudio electricidad, lo que le llevó a la "mala vida", envuelto en el alcohol y la paranoia y a estar de carnaval de febrero a febrero.

Pero Antonio supo aprovechar la segunda oportunidad que le dio la vida y se convirtió en un vecino amable, querido por grandes y pequeños, cariñoso, que siempre tenía una palabra o un hecho que contar o consejo que dar. Sus paseos por el pueblo y su presencia en todo acto civil o religioso que se preciara.

Orgullosísimo de haber sido modelo de Jesús Arencibia, sus manos quedarán para siempre plasmadas en el mural de nuestra iglesia parroquial de Tamaraceite. Antonio "el padrino" fue galardonado años atrás como Premio Radio Tamaraceite a la superación, ya que logró, tras muchos años sumidos en el alcoholismo y la marginalidad, desengancharse y reinsertarse en la sociedad. ¡Y vaya que se reinsertó! En noviembre de 2014 Tamaraceite le volvió a tener en cuenta y se le hizo un homenaje por parte del Ayuntamiento en la Casa de la Cultura para reconocerle su valor.Fue un ejemplo al valor que tuvo al afrontar la enfermedad y hablar sin reparos de la muerte, ésa que nos llega a todos y a todas algún día.

Antonio, siempre te recordaremos, Igual que a Benjamín, desde estas líneas pido a las autoridades municipales a que consideren a Antonio Rodríguez "el padrino", como propuesta a formar parte de nuestro callejero, porque aunque su espíritu siempre estará con nosotros, nuestras calles son de nuestra gente, de la gente buena que, como Antonio,con su ejemplo, engrandecieron a este pueblo.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Rafael Rodríguez (el Alpupú): un abuelo y mucho más

LPDLP. Conocí a Rafael como un hombre serio que muchas veces jugaba a reír y ser bromista. Sobre todo con su amigo inseparable Manuel Santana el Cazuela, otro gran personaje del pueblo de Tamaraceite, también fallecido. Rafael y Manuel eran conocidos por sus nombretes: Rafael 'el Alpupú' y Manuel 'el Cazuela'. Los dos dieron muchos momentos de alegría a los parroquianos de Tamaraceite con sus parodias y sus aparentes y divertidas discusiones.
Pero lo del humor era sólo una faceta de su vida. Fue un hombre creyente, responsable y serio en sus compromisos. En él puse toda mi confianza mientras fui cura en Tamaraceite. Se ocupaba de manejar los dineros de la iglesia. Contaba semanalmente lo que se recogía en las colectas dominicales y lo ingresaba en la Caja.
En la vida familiar ejerció, sobre todo, de abuelo. Hablaba de ellos con emoción. Los éxitos de sus nietos los convertía en éxitos suyos. Y como se emocionaba fácilmente, al hablar de ellos sus ojos se humedecían al instante.
Consciente de eso, y queriendo recoger el testimonio del Rafael abuelo, el día que falleció pedí a su nieta, Samantha, compartir juntos un artículo en sui recuerdo. Y esto es lo que ella ha escrito: "Nunca se encuentran las palabras adecuadas para consolar la pérdida de un ser querido. Los abuelos forman una parte crucial de nuestra vida, nos malcrían a la vez que nos ilustran con increíbles historias que parecen sacadas de otra vida. No obstante, nunca nos preparan para vivir sin ellos, y aunque sabemos que es ley de vida, no existe un momento adecuado para que duela menos. Para cada persona significa algo diferente, yo sólo puedo hablar de lo que ha significado para mí y mi familia la pérdida de Rafael Rodríguez Rodríguez.
Son mil y una las historias que tenemos hijos y nietos. Unas divertidas, otras de lección de vida, y otras, cómo no, reprimendas merecidas: al fin y al cabo somos la fusión "alpupú- fandango", así que todos hemos sido un poco trastos.
Pese a alguna colleja, siempre se mostró paciente y dispuesto a ayudar. Nos enseñó el valor de las cosas, a ser buenos economizadores, respetuosos y justos. Incluso a algunos de nosotros nos enseñó a disfrutar del intelecto y del razonamiento a través de sus partidas magistrales de ajedrez.
No sólo fue querido por su familia y amigos, sino que además fue siempre bien valorado en su trabajo, con el que disfrutaba incluso en su hogar. "La carpintería de abuelito", allí nos mostraba y empapaba de su ingenio, convirtiendo simples trozos de madera en espadas o pistolas, poleas, colgadores, incluso puertas, en definitiva, cualquier cosa que necesitáramos.
Fue un luchador hasta en sus últimos momentos, y pese a que lo daban por perdido, el resurgía una y otra vez, como decimos en casa: Rafaelito Rodríguez genio y figura hasta la sepultura.
Aún llegando el final, nunca dejó que nadie se le impusiera, dejando siempre claro su papel para nosotros, nuestro querido Patriarca.
Fue un hombre de ideales atemporales, "chapado a la antigua" como le decíamos los más jóvenes, pero no lo tuvo fácil, era del 30 y su gran espíritu de superación, inquebrantable hasta el final es uno de sus legados. A pesar de los tiempos que tuvo que correr, vivencias, acontecimientos e historias hicieron que se adaptara y modernizara a los de hoy, haciendo de él un Marido, un Padre y Abuelo cuya vida es un referente a seguir.
A todos se nos llena la boca al hablar de mi abuelo, quien no dudó en ningún momento de privarse de lujos para que nosotros pudiéramos tener siempre todo lo que necesitáramos.
Su pérdida ha dejado un gran vacío en nosotros, pero su amor, su cariño, sus enseñanzas, nuestros más preciados recuerdos junto a él siempre quedarán, haciéndonos sonreír cada vez que lo recordemos diciendo cosas como: "Totorota", "Mentecato", sus míticas fotos sin cristales en las gafas o sin mirar a la cámara porque no le gustaba el reflejo, o sus refranes favoritos: "Un ricachón mentecato, ahorrador empedernido, por comprar jamón barato lo compró medio podrido. Entre botica y galeno gastó doble del jamón por no comprar jamón bueno, hoy piensa que fue un loco puesto que economizar no es gastar mucho ni poco, sino saberlo gastar".
Y así será como lo recordaremos, como un hombre sabio que siempre nos tendió la mano, al que quisimos, querremos y sobre todo, jamás olvidaremos".

domingo, 20 de marzo de 2016

¡Adiós Benji, adiós!

Benjamín con Suso Vega 
Por: Esteban G. Santana Cabrera

Quiero confesarles que hoy es un día especialmente triste para mí, porque como bien dice el estribillo de la canción "cuando un amigo se va, algo se muere en el alma". Y no deja de ser cierto este párrafo, porque los amigos forman parte de esa familia que nosotros hemos sumado a nuestro alrededor y que nos acompaña, nos arropa, nos animan, nos bajan a la realidad,...están aunque no estén, 

Hoy un trocito de mi alma y la de muchos  tamaraceiteros, y no exagero con lo que digo, se nos ha muerto con el fallecimiento prematuro de Benjamín Saavedra PérezBenji como le decíamos nosotros familiarmente. Apareció en mi vida y en la de mi familia  recién llegado del internado San Antonio, del que salió para poder echar un cabo en la economía familiar. 

La historia de Benjamín es la de un niño de familia numerosa, con una madre enferma y un padre ingresado permanentemente. De pequeño es internado en el Orfanato San Antonio donde estuvo hasta los 14 años en que sale de allí para incorporarse un año en el colegio e inmediatamente dejarlo para ponerse a trabajar para poder ayudar en casa. Limpiar palomares, descargar camiones, carpintero, peón de la construcción, ayudante de supermercado, etc.. fueron algunos de sus empleos, de los que por supuesto no cobraba una nómina sino que vivía de la buena voluntad de los que lo "contrataban". Víctima del engaño de más de un desaprensivo, mi amigo Benjamín compaginaba su trabajo con los cuidados de su madre enferma. Siempre buscaba un hueco para sus dos aficiones, jugar al fútbol y ver la tele. Recuerdo aquellas tardes de fútbol en el Adán del Castillo, sus regates, y su inteligencia moviendo el balón. ¡Cómo respetábamos a Benjamín! 

A pesar de su situación económica y personal, siempre tenía tiempo para los demás, para echar un cabo en lo que podía a los que lo necesitaban más que él, que desgraciadamente "haberlos hailos".  A mi madre le ayudó mucho en el bazar. Llegaba por las noches después de una dura jornada lavando coches, descargando camiones, en una carpintería, o en lo que fuera, y siempre tenía tiempo para ayudar. ¡Y siempre sonriendo! 

Afortunadamente mi amigo Benjamín, fue un ejemplo de constancia y perseverancia. Ya cumplida la veintena tuve la oportunidad de prepararlo para sacar el graduado escolar, que lo obtuvo con mucho esfuerzo y dedicación.  De buen corazón y sobre todo de mucha generosidad, consiguió un trabajo fijo, en la Pescadería de Andrés, y en él se le valoraba lo mucho que valía. Era la sonrisa y la alegría de la tienda y eso lo puede refrendar cualquiera. Por todo esto fue reconocido como Premio Radio Tamaraceite a los valores y a la superación en el año 2005.

A veces el nacer en "buenas familias" no da lo importante de esta vida que es ser "buena persona", con corazones grandes como los de Benjamín y otros tantos, y que para mí, como bien le decía a él en muchas ocasiones, tiene el cielo ganado en el sentido amplio de la palabra.

GRACIAS Benjamín, amigo, por tu amistad desinteresada, por tu humildad, tu sencillez y tu simpatía.GRACIAS por ser ejemplo para muchos de nosotros. te fuiste a tu estilo, sin decir nada, en silencio, sin querer molestar. No pudimos despedirnos, pero un trocito de tí siempre permanecerá en nosotros, en tu pueblo de Tamaraceite, en su gente y espero, y lanzo el reto a quien competa, ver tu nombre en el callejero de alguna de nuestras calles, más temprano que tarde. D.E.P