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viernes, 9 de agosto de 2013

Los Fuegos de San Lorenzo

Por: Pedro Domínguez Herrera
Quedan horas para que los artificios, con chispas de colores, nos vuelvan a sorprender y esa nata de humo lechoso, atrapado por la luz de las farolas y la de los ventorrillos, con el olor a pólvora quemada, mezclado con el de los calamares asados nos alienten los recuerdos. Las manzanas cubiertas de caramelo rojo, los algodones de azúcar flotando pegajosos…en mismo lugar y casi de la misma forma, de aquel verano de hace varias décadas.

Hay recuerdos que quedan para siempre, que incluso los olores, los colores, los sonidos y el tacto tibio, sudoroso y fresco, se graban por una especie de embrujo. Estos sentimientos, cuando otros con en mismo tono los evocan son amables memoransas  que nos acarician el alma.

Aquella tarde noche de los fuegos, se empezaba con el baño. Solo había un reloj; un despertador a cuerda que tardaba en dar las cuatro y cuarto, que era cuando se cumplían las tres horas del almuerzo, tiempo preceptivo para que no hubiera corte de digestión. Mientras en el baño, la cocinilla de petróleo calentaba un caldero de agua para la mezcla. ¡Por fin llego la hora! Con un trozo de jabón Samba, que servía para la ropa, fregar la loza y para asearnos y el estropajo que se usaba pera la tizne de los calderos, y en baños importantes, para quitar la mancha de la tierra penetrada en la piel de los tobillos. Los estropajos eran de forma cilíndrica, empaquetados  con un papel de muy baja calidad y una tinta encarnada, que se escapaba de los contornos de las letras, que alababan el producto.  Me di el baño semanal que así era y así se usaba.

El pantalón de pana gris, una camisa a rayas y los zapatos unos mocasines negros imitación burda a cuero, que se incendiaban de calor al mínimo contacto con el sol, con unas cuadriculas tapadas con finas plantillas de cartón, que se nos clavaban. Para mas tormento, siempre los compraban con un numero menos, decían que para cuando  estiraran, no se salieran del pie. Los de cordones no tenían ese problema, se podían amarrar. La juventud que todo lo puede, soporta lo que le echen.

En el campo de fútbol, que estaba donde ahora los colegios junto a la plaza, allí con poca luz, ventorrillos de verdaderos gitanos, ruletas, cubiletes a escondidas… Había un juego que costaba a peseta; un enrejado circular con unas botellas de vino sobre una mesa. El juego era con caña de pescar, el que metía en el gollete una argolla, le daban la botella. Había un chiquillo de la Montañeta muy habilidoso que lo había intentado, casi la consigue pero se le acabó el dinero. Le dije que jugara cuatro pesetas que tenía y si ganaba vino nos lo repartíamos. Dos botellas de vino que nos dio la suerte que traguemos entre pecho y espaldas En aquella época se permitía el botellón, la venta de bebidas a menores y conducir borracho casi se aceptaba si no había accidentes. El beber y el fumar era símbolo de virilidad. ¡Si seguimos viene la resaca!…

Desde otro ángulo, que no tiene que ver con la memoria de un viejo a chiquillo, los fuegos de San Lorenzo son el acto festivo mas importante que se celebra en Las Palmas, reconocido admirado y seguido hasta en la cumbre. En todas las montañas de la isla, donde se puedan ver los fuegos, se juntan grupos de gente como luciérnagas de luz, en cualquier derrotero, con cerveza rones y asaderos Queda que felicitar a los que ahora y siempre han hecho posible este acto y que perviva en ellos la satisfacción de hacer realidad lo que tanto se quiere y nos da la vivencia de LOS FUEGOS DE SAN LORENZO.

 A LOS QUE ENTRAN EN ESTA PAGINA Y A LOS QUE LES PUEDA LLEGAR TOMO LA LICENCIA DE ANIMAR A QUE ACUDAN AL PUEBLO HERMANO DE ROMERIA  A QUEDAR PRENDADOS POR LA BELLEZA Y EL ARTIFICIO DE LA QUEMA DE FUEGOS. LOS FESTEJOS SU SUERTE E HISTORIA DE SAN LORENZO LA TOMAMOS COMO ALGO NUESTRO

martes, 9 de agosto de 2011

Vamos pa los Fuegos de San Lorenzo


Hablar de las Fiestas de San Lorenzo y olvidarnos de los fuegos es como dejarnos atrás la esencia de este evento estival que es de los más importantes de nuestra isla. Muchas son las personas que vienen de todas partes de Gran Canaria que no quieren perderse este espectáculo único en nuestro archipiélago. Para celebrar esta fiesta quería hoy recuperar una joya en forma de canción que nuestro buen amigo Raúl Arencibia, presentador del programa de TVE Tenderete, compuso hace unos años para unas fiestas. Esta canción trata de mostrar las fiestas de San Lorenzo desde la óptica del tamaraceitero de antaño, que vivía todo el año pensando en la víspera del Día de San Lorenzo, cuando se estrenaban zapatos y vestido, aunque los primeros solo fueran de ida porque quedaban destrozados del camino y el bailoteo. Una fiesta que ha ido perdiendo muchas cosas a lo largo de los años pero lo que no ha logrado perder es la ilusión y el cariño que ponen sus habitantes para tratar de dar acogida a todos los que acuden a disfrutar de nuestras Fiestas de San Lorenzo, porque son las fiestas de todos.

domingo, 9 de agosto de 2009

Las Fiestas de San Lorenzo


Una de las celebraciones importantes de nuestro distrito son las fiestas de San Lorenzo. Pero según cuentan muchos de los tamaraceiteros de siempre, la fiesta de San Lorenzo lo “hace” la gente de Tamaraceite. Aunque eso me imagino que era antes, ya que las fiestas se han popularizado en gran manera, llegando hasta el pueblo de San Lorenzo muchos visitantes de la ciudad y de pueblos limítrofes.
Una tradición para los más antiguos, para el día de las fiestas, era estrenar ropa y zapatos. Manuel Cazuela antes de fallecer nos contaba que su madre le compró un “ropón” (batín), unos calzoncillos con tiros y unas alpargatas de goma que se las puso en Tamaraceite y cuando llegó a San Lorenzo tuvo que tirarlas porque las tachas se le clavaban en los pies.
Antes la gente cogía el Camino Viejo y hacía el camino de ida y vuelta a pie, ya que no existía ni la carretera ni la mayoría tenía vehículo para desplazarse. El mayor atractivo de las fiestas han sido los fuegos, muy famosos en toda Canarias y de los más importantes. En la imagen podemos ver a una familia de Tamaraceite dando un paseo por San Lorenzo.