sábado, 29 de mayo de 2010

Caminata a Teror


Estamos en el mes de mayo, mes de María, mes de peregrinación a ver a la Vírgen del Pino. Tamaraceite es lugar de paso para los peregrinos que van a la Villa Mariana. Nuestro amigo Sergio Naranjo nos deja con un relato sobre la caminata a Teror. Muchas gracias sergio por tu gentileza y esperamos que lo disfruten.

A las siete y media me bajo de la guagua en Piletas, en el paso de peatones frente al Ciudad del
Campo, el colegio que se estrenó justo cuando yo acabé en el Adán. Y me encamino hacia Teror, a probarme, a ver qué pasa. Hace un frío cortante, algo de viento del norte, el cielo está nublado, y aunque no es mucha, la caravana llega a Mercadona, aunque a nosotros nos paró cerca del campo defútbol. Recuerdos de caminatas y de otros paisajes, de prisas y excitaciones, de noticias que dar, de amarguras, de nervios por el camino, en aquel ahora desolado panorama, vacío de vida, destrozado,acabado, en nombre de un progreso mal enfocado que nos dejó esta presentación lacerante. Ni un pájaro, sólo el sonido de los coches que suben y bajan, alternando o sobreponiendo su ruido infernal. Caminar es temerario entre tanta prisa, tanta grosería y tanto egoísmo como hemos llegado a tener con nuestros avances sociales. Qué resultado. A eso de las ocho voy por El Toscón Alto y me suena el móvil, que me recuerda que aquellos tiempos en que me calzaba y me iba donde quisiera ya han pasado y están más cerca los otros en que me calzarán para ir donde no quiera. Oigo los primeros cantos de algunos pajarillos que endulzan el ambiente arrasado, y gallos, varios. Perros de todos los ladridos. A medida que avanzo y se acaba la cuesta se me muestra la vegetación, aquella que cuando yo era chico llegaba a la marea y ahora tímidamente se asoma a partir del Fielato, flora de tabaibas y retamas, de alguna palmera, de pitas y tuneras, de cerrillos y aquellos eucaliptos, que puestos allí con las mejores intenciones, llevan un siglo contribuyendo a desecar el suelo. Bajo el Risco Jiménez entro en el municipio de Teror, recuerdos de niñez sentado al borde, los pies colgando en el vacío donde volaba el cuervo, donde nidificaba la paloma rabiche; el admirado halcón que a veces llegaba y mataba una de ellas con su vuelo de misil animal; el admirado cernícalo vigilando... Muy poco queda ya, salvo la cruz que recuerda el último viaje de mi amigo, amarga decisión que le respeto y me hiere de nuevo cuando la miro. Cuántas no han sido las veces que he pensado en acompañarte desde esa parada, si la vida se hiciera siempre dolor. Las curvas de la Hoya fría, recuerdos del coche di hora que en otro lado contaré, de aquellos piratas y aquellas caminatas, vuelvo a usar el móvil, para tranquilizar a quienes no han de inquietarse, aquellos a quienes debo la vida y ahora ven pasar la vida unas laderas más allá. Y al asomar de las cañadas me azota un viento frío y cortante, mi palo de acebuche, trabajado por mi padre, que guardo como tesoro, que yo no sabré enderezar, sabiduría que él se llevará algún día. Veo desde el camino que el sol llega a la Vuelta de los Alambres, pero en cuanto llego allí, se ha retirado hasta Los Llanos, prolongando el frío que me acompaña en el cuerpo y en el alma, mirando aquel despropósito, uno de tres, que destroza lo que nos va quedando, en nombre de la velocidad, de larapidez, del silencio y el egoísmo, aquella monumental obra que ha descolocado para siempre la antesala del paraíso que fue el barranco de Guanchía. Resisten pájaros, que con sus cantos me van acompañando, varios capirotes, que me emocionan por su número, yo creía muy exiguos; linaceros que se adueñan de la vegetación, ahora de matorral que va aumentando, de codesos, de retamas, de escobones. Un canario del monte suena cuando llego al final de la cuesta y me recuerda quién es el dueño de la tierra; mirlos que ya se hacen oír en el medio del monte. Son las once de la mañana y ya he llegado a la Plaza Teresa de Bolívar. No he querido parar en la Fuente, mis piernas se habrían negado a continuar el viaje. He disfrutado del paso por el Puente del Molino, a pesar de lo coches; he sufrido los rigores de aquella última subida, pero he llegado otra vez a la Plaza.
Se me asoma la iglesia con su Torre Amarilla, imagen ahora de trasiego, de encuentro, de luz, vencida ya la sombra de las nubes, aquí el aire es fresco y no hace frío. Y encaro a la Virgen del Pino, para unos madre, para otros icono, para todos símbolo de Gran Canaria y de sus gentes, paradero y salida de tantas cosas en la vida. Según me cuentan los peores augures, Pinillo, puede que esta sea la última vez que te venga a ver paseando y por mi cuenta, tú allá arriba y yo aquí, contemplando esa estampa que tantos de los míos vieron alguna vez, con la esperanza, a la que yo ahora me aferro, de que el tiempo se dilate y no se me haga corto; o de que por lo menos, la cosa quede en una merma de mi voluntad y movimiento, si se me puede quitar de arriba a este pasajero indeseable que ahora me acompaña, me corroe y me consume en medio del más espantoso dolor que alguna vez imaginar pude. A lo mejor haces un trato conmigo, como dicen otros que puede pasar, y hacemos un ten con ten entre el dolor, las piernas y la suerte y no sale todo muy mal. Y pueda seguirte mirando, como ahora, aunque tenga que ser cuando otro quiera que nos podamos ver.

domingo, 23 de mayo de 2010

Los túneles secretos de Franco y Hitler en el Barranco de Tamaraceite

Javier Durán, redactor jefe de La Provincia y natural del barrio de Jacomar en Tamaraceite, ha realizado un artículo sobre el Cuartel Manuel Lois en el Barranco de Tamaraceite que no deja de tener su cosa.

Los estrategas militares de la larga posguerra española acometieron a partir de los años cuarenta la obra subterránea más ambiciosa que se conoce del sistema defensivo de Canarias. Bajo las laderas que rodean el cauce del barranco de Tamaraceite en su camino hacia el Auditorio horadaron un laberinto de túneles que alcanza una superficie de 7.304 metros cuadrados. A partir del año 2006 comenzó el proceso de desmilitarización de los 168.500 metros cuadrados del llamado cuartel Manuel Lois, y es ahora por primera vez cuando un periódico accede a los planos originales de la potente infraestructura. El espacio creado para la guerra se convertirá en un área sociocultural que reforzará la candidatura de Las Palmas de Gran Canaria a la Capitalidad Europea en 2016.El equipo de arquitectos integrado por Beatriz Ruiz de la Torre, David Martell Sosa y José Manuel Cruz, responsable de la primera fase de rehabilitación de las zonas de edificación, aún trabaja en desentrañar los secretos de los planos de la Dirección de Construcciones e Industrias Navales Militares. El papel (el primero de los proyectos data de 1944) y la constatación física acaban de entrada con una de las leyendas urbanas: ninguno de los túneles llega hasta el mar ni conecta con la Base Naval. Frente a la fábula, la realidad: el laberinto sólo se puede descifrar con los proyectos en la mano, y su funcionalidad esconde los secretos constructivos desplegados en Europa a partir de la I Guerra Mundial, y que alcanzan su máximo apogeo a partir de la II Guerra Mundial y con la posterior Guerra Fría con ejemplos como la Línea Maginot (desde Bélgica hasta Suiza haciendo frontera con Alemania) o el mismo Gibraltar.Los casi 8.000 metros cuadrados de túneles escondían en sus entrañas una central eléctrica, un almacén de torpedos, un polvorín doble, dos polvorines simples, un almacén de artificios y un almacén de minas. Los pasillos hormigonados permiten, en algunos casos, la circulación de camiones que descargan en muelles hasta los que llegan los raíles de las vagonetas. La carga tenía como destino enormes salas (12 metros de ancho por 48 de largo, y 10 de altura) de almacenamiento, con un modelo de puente-grúa para la colocación de los proyectiles. Unas seis décadas después de la finalización de la construcción del complejo bélico, las puertas acorazadas con giro de cremallera se mantienen firmes frente a los actos vandálicos, y la estructura de los túneles y las grandes cámaras resisten el paso del tiempo.Los expertos subrayan "una singularidad espacial que permite, tras la desaparición del uso inicial, transformaciones para otros fines". El objetivo, tras su desmilitarización, es adaptarlos para la creación, desde proyectos audiovisuales, instalaciones artísticas, exposiciones o propuestas musicales. La huella bélica impregna unos corredores en los que destacan, sobre todo, unas rejillas de ventilación que tienen sus puntos de aire en las laderas del Barranco. Una mirada a las montañas permite apreciar los emboquillados de los respiraderos que alimentan con bocanadas de oxígeno el subsuelo. La red de túneles mantiene una temperatura permanente de 15 grados, un bioclima obtenido no sólo por el cobijo de las entrañas de la Tierra, sino también por el laborioso sistema de ventilación natural. La opción cambiará a forzada, con medios mecánicos, en los espacios en los que transitan camiones.La construcción más atractiva se concentra en el túnel que los ingenieros llamaron en 1946 Polvorín Subterráneo para Artificios. Su recorrido interior no permite conocer su singularidad, a no ser que el guía tenga un conocimiento previo de la forma. Una vez que se despliega el plano se identifica una fisonomía en H, determinada por cuatros casetas, también denominadas celdas, que tenían por finalidad permitir la manipulación aislada de explosivos. Las cuatro habitaciones son, aparentemente, independientes, y están construidas en madera, levantadas del suelo del túnel y separadas de los laterales para evitar la humedad. Para un indocumentado en la materia podrían pasar por estancias que, a la manera de un búnker, servirían para esconder a personas. Pero el polvorín de la zona D2, con 700 metros cuadrados entre sus dos bocas de entrada y las cuatro cámaras, aún esconde otro secreto. Las cuatro habitaciones están comunicadas entre ellas por unos pasillos en forma de X, que en su punto de unión tiene una chimenea de ventilación que atraviesa la montaña en vertical y acaba en un respiradero con techo circular que finaliza en punta. La enigmática forma asomando en la montaña es visible desde el fondo del barranco, al lado de una típica garita para los soldados. El tubo de ventilación, horadado de arriba a abajo, y desarrollado con un estudio al milímetro para conectar con el punto exacto del subsuelo, permite conocer en su trayectoria las técnicas para evitar los efectos de un hipotético ataque al polvorín. En este sentido, nada más descriptivo que un enorme bloque de hormigón macizo anclado al terreno y a la estructura de la chimenea, cuya misión es contener los efectos de la onda expansiva. El carácter defensivo reaparece en el denominado almacén de torpedos, en el sector K1, donde el túnel de entrada sufre una modificación de trazado que tiene por objetivo burlar un ataque a través del emboquillado de la fortificación.Tras visitar el túnel D1, con una cámara para minas de 2.470 metros cuadrados, la pregunta es cuánto costó la infraestructura levantada por la Armada para su Infantería, y la segunda es por qué adquirió una dimensión tan grande. En relación al presupuesto, su larga duración demuestra que no fue fácil para la precaria industria militar española de posguerra afrontar el pago de materiales y de jornales de trabajadores. Un experto en edificación de túneles calcula que en los años cuarenta los casi 8.000 metros cuadrados llegaron a unos 30 millones de pesetas en hormigón, mano de obra y maquinaria, es decir, unas 2.000 millones de pesetas de las de hace poco (12 millones de euros). El gasto no deja de ser llamativo en un periodo en que Canarias estaba sumergida en las carencias de la autarquía económica, con desabastecimientos básicos por su posición comprometida entre los dos bloques de la Segunda Guerra Mundial. Mientras ello ocurría, en pleno Mando Económico de García Escámez, los estrategas de Franco arañaban titánicamente el interior de las montañas del final del barranco de Tamaraceite (para los ingenieros militares, de Guanarteme). Para la excavación, la época ya permitía el uso de algún tipo de máquina, mientras que la sujeción de las paredes laterales y de los techos podía hacerse con técnicas, entre otras, como la del encofrado deslizante. Un artilugio de madera que sostiene el hormigón inyectado hasta que fragua. Una vez obtenido el secado, se vuelve a rodar el encofrado para avanzar en el afianzamiento de la estructura. Hoy día este tipo de operaciones se solventa con la utilización de un material que se adhiere a la roca y que por su solidez descarta desprendimientos futuros.En el A1, con una cámara de 260 metros cuadrados, queda la arqueología industrial más visible. Se trata de un generador de luz, quizás el motor reciclado de un submarino, que daba luz a los habitantes del cuartel Manuel Lois, que en los años setenta pudieron llegar a unos 1.000 con motivo de la fase crítica de la Marcha Verde de Marruecos sobre el Sahara. De allí retornaron unos barracones que el proyecto de rehabilitación tiene previsto utilizar, y que fueron construidos para soportar altas temperaturas y a los que se les dará una misión de paz y de creación cultural. Más abajo, el pozo de agua de Los Martinón, uno de los más antiguos de Gran Canaria, y cerca de los respiraderos de los túneles los huecos de las Cuevas del Rey, asentamientos prehispánicos protegidos de gran valor arqueológico, y más allá, en las laderas, los cambios de tonalidad de un territorio que informan del pasado geológico de la isla de Gran Canaria.La leyenda llama a esta geografía que fue ocupada a lo grande por los militares. ¿Quisieron alcanzar el mar, o al menos aproximarse lo más posible? No estaban lejos, y un drenaje del barranco hubiese permitido una subida de la marea. ¿Participó una mano de obra cualificada extranjera en la realización de los túneles y en su equipamiento? Tampoco hay constancia de ello en la documentación oficial. Juan José Díaz Benítez, doctor en Historia por la ULPGC, y gran conocedor de la etapa militar de la Isla durante la Segunda Guerra Mundial, destaca que ni del Instituto de Historia y Cultura Naval, ni del Archivo de la Administración General de Alcalá de Henares, se puede cotejar una participación de ingenieros del Tercer Reich alemán en la construcción. De igual manera, se refiere a la presencia, como se ha llegado a decir, de técnicos de la Krupp. "No hay nada al respecto. Los ingenieros españoles ya tenían experiencia en este tipo de infraestructuras, y de los Krupp sólo hay señales en dos baterías, en Mesas de San Juan y Melenara, y sólo en lo que se refiere al armamento", subraya.

domingo, 16 de mayo de 2010

La barbería de Pedro y Sindo Domínguez


Pedro y Sindo Domínguez Herrera son los barberos por antonomasia de nuestro pueblo de Tamaraceite. Ellos llevan en la sangre lo de la barbería ya que su padre Pedro Domínguez Reyes empezó de barbero comprando el local al primero barbero y luego practicante del pueblo, Don Félix García, y que estaba situado en la Carretera General de Tamaraceite nº 27. Don Félix García. fue barbero antes que practicante ya que el gobierno de la época le financió para hacer un cursillo de practicante en la Península. La barbería es aparte de lugar de arreglo de cabeza y afeitado un centro cultural y social, un lugar de tertulia, el ágora de Tamaraceite, como así lo cataloga alguno de sus clientes. Sindo pinta cuadros, algunos están en la barbería y ha participado en alguna exposición colectiva. Por su parte, Pedro es hombre de letras, escribe poesía y cuentos y es un libro abierto ya que sabe de todo, desde arreglar un televisor hasta distintas técnicas de construcción. Él nos cuenta que eso se lo debe a todo lo que ha aprendido de sus clientes. No pudo estudiar cuando joven porque la crisis apremiaba y había que trabajar, pero de mayor hizo el acceso a la universidad para estudiar Derecho, quedando fuera por 0,25 décimas.
En la barbería podemos ver fotos antiguas de Tamaraceite donde muchos apenas se reconocen porque el paso de los años ha hecho mella en ellos. Los sillones de la barbería son de la narca Belmont, tienen casi 80 años y fueron adquiridos en una barbería del Puerto, de la calle Venezuela, en los apartamentos Ininta, trasera del hotel Astoria, donde trabajaba como barbero el hermano mayor, llamado Antonio. Una barbería de “antes” que conserva todo el sabor de antaño, pero sobre todo, es una pequeña casa de la cultura.

jueves, 13 de mayo de 2010

Las alcantarillas de la memoria


Las alcantarillas de la memoria. (Cualquier parecido con la realidad es puro cuento.
Cosa tuya, lector, será creerlo o no. Como haces con tantos otros que te han dicho. Y que sabías que era un cuento.) Sergio Naranjo


El trol nos trincó al Jalufo y a mí jugando a las carreras de bolígrafos en su clase, y nos echó de allí. Fuera nos quedamos, en la escalera de aquella V-11 que resultaba hasta peligrosa. Nos pusimos a reír, tal es la gracia que le hacen esas tonterías a la mente de un treceañero. En esto asomó aquel animal, su cara daba espanto. Yo estaba primero, pero además se vio que venía por mí. Me jincó una cantidad de leña atroz, con las palmas, con los puños, con los pies; me fue tirando por las escaleras hasta el descansillo de abajo mientras pronunciaba insultos impronunciables. Allí me dejó, tirado, dolorido, sólo medianamente calmado cuando el secretario le espetó la locura que estaba haciendo. Pero no se lo recalcó demasiado, que con el trol se podía jugar un expediente. Me quedé quieto, desturronado, el Jalufo asombrado, pero lo tranquilicé, y cuando casi al final de la clase el salvaje nos mandó entrar, lo hice riendo, aunque me dolía hasta el alma, para no quedar mal ante nadie. Tiempos. Si ello aconteciera hoy, me habría escapado al centro de salud y a la comisaría, pero aquello pasó antes, y si mis padres se hubiesen enterado habría sido peor, habrían dado por buena la paliza y quién quita si no la hubieran completado.
Al llegar el final del curso, yo ya sabía que estaba suspendido. En realidad, lo tenía claro desde mucho antes, pero poco a poco se me iba haciendo imposible entender qué contenía su asignatura. No podía preguntar, pero él siempre lo hacía para ponerme en ridículo y tener por dónde dejar justificado el más que cantado suspenso. A la hora de repartir las notas a los padres, fue mi madre por allí, y el trol estaba al acecho. En cuanto me tocó a mí, el tolete de mi tutor se encogió y le dio paso a aquella bestia. No quiso saber nada que no fuera meterle mano a su novia debajo de las escaleras, mientras el otro se ensañaba con mi madre, tan católica ella, en explicarle que con el niño no había nada que hacer, que era muy mal estudiante y que no servía para nada. O repetía curso o se iba a la formación profesional, no había más que hablar. Pero eso sí, tenía que recuperar en verano, porque su nivel era tan bajo que ni para lo otro servía. El tutor, pusilánime, asintió, y trató de justificar tan buenas notas en general con aquel suspenso que no se justificaba, pero lo hizo. Lo hizo tan bien que me valió la bronca de mi madre todo el trayecto de vuelta a casa y el guantazo de mi padre. Tan bien lo hizo que me lo he encontrado muchas veces después y no me he dado ni por conocido. No lo puedo ni ver. El Cabo entraba en el patio de abajo todas las mañanas como un misil. La cabeza inclinada hacia delante; las cejas clavadas en los ojos; la boca crispada hacia abajo; la perilla que le daba un aspecto demoníaco; las manos cruzadas en la lumbar; enfundado en una bata blanca. Correteaba a un lado y otro, gritaba, daba órdenes paramilitares, golpeaba, expulsaba y finalmente iba a rendir sus cuentas a la maestra rubia, pininsular ella, ante quien se transfiguraba en un caballero sonriente y quijotesco. Cuando se enfrentó con quienes íbamos a clases de recuperación, soltó una frase que no voy a olvidar nunca: “No estamos aquí para buscar el provecho de mañana, sino para aprovechar el día de hoy.” Durante aquellas clases, el Cabo me presionó, me atosigó, me sometió al mayor grado de exigencia de la asignatura. Y siempre salí bien parado, siempre respondí, resolví, trabajé. Hasta que un día, cerca ya de septiembre, al acabarse las clases, se dirigió donde yo estaba sentado y, gracias a eso, se puso a mirarme con su pose tan característica, y me dijo: “¿Y cómo es que has suspendido tú esta asignatura?” “Usted sabe que ya estaba suspendido, no es que yo suspendiera”, dije yo. Y entonces, el Cabo levantó las cejas, torció la boca, se giró sobre sus talones y muy despacio se fue hasta su mesa. Pena de no haberte tenido de maestro, oye, qué distinto habría sido todo. El día de la entrega de notas se volvió a repetir el ceremonial. En cuanto me tocaba a mí, el trol se interpuso entre mi madre y el tutor tolete. Exigió el resguardo de la matrícula del instituto de FP, condición sinequa non para darme el aprobado del examen. No había aparecido en todo el verano por el colegio; no sabía qué había hecho o estudiado yo, si había aprovechado el tiempo; sólo sabía que iba a por mí. Y hasta que mi madre, tan católica ella, no le enseñó el papel amarillo aquel, no dio su conformidad. El examen, que yo reclamé, nunca apareció, hasta que la paciencia de mi madre se acabó y nos fuimos de allí. He pasado más de treinta años odiándote, maldiciéndote, día por día, cada vez que recuerdo aquello, cada vez que cobro mi paupérrima nómina, oficial de máquinas de FP II, mediocre electricista, yo que quería ser ingeniero de electrónica. La vida es un tren que al pobre le pasa y si no se sube, de nada le vale correr detrás. Y tú me apartaste del andén, trol. No podré perdonarte nunca, y por eso nunca he querido volver al colegio, porqueme tengo miedo. Porque te puedo ver y buscarme la ruina, listillo, a ver si ahora me pegas. No hasta hoy. La vida ha sido una sucesión de cosas buenas y malas, y los antiguos alumnos del Adán mehan demostrado que las malas, como tú, han de quedarse en su sitio: En las alcantarillas de la memoria

lunes, 10 de mayo de 2010

La reforma de la Plaza en los años 80.




La Plaza de Tamaraceite ha sido desde hace más de 70 años el centro neurálgico de nuestro pueblo de Tamaraceite. La plaza vivió hace más de 25 años uno de los momentos más trsites de su historia, cuando fue remodelada sin el concenso del vecindario. Tamaraceite se echó a la calle para protestar por este hecho como así lo recoge la prensa de la época. Un artículo para no perderse.

viernes, 30 de abril de 2010

Orgía de sangre en Tamaraceite


Tamaraceite fue portada hace más de cuarenta años de uno de los asesinatos más sangrientos acaecidos en España. La prensa nacional lo titulaba como orgía de sangre y lo relacionaba con rituales de brujería. Años más tarde ocurrió otro asesinato, el del hijo de Juanito el Árabe. ¿Coincidencia, mal de ojo, brujería?
El Programa Cuarto Milenio realizó un especial sobre este caso que pueden visitar en las siguientes direcciones:
Parte 1: http://www.youtube.com/watch?v=TGsWhcTzI_c&feature=PlayList&p=206A1DFF1DFE23C4&index=0Parte 2: http://www.youtube.com/watch?v=7O1K1fI8K2Y&feature=PlayList&p=206A1DFF1DFE23C4&index=6Parte 3: http://www.youtube.com/watch?v=WIIKpqVvTqE&feature=PlayList&p=206A1DFF1DFE23C4&index=7

martes, 20 de abril de 2010

El estelero

Nuestro amigo Sergio nos ha dejado con otro de sus recuerdos verídicos. Este hombre es un saco de bellos recuerdos de nuestro pasado que no debemos olvidar. ¿Quién no fue alguna vez al estelero de Tenoya o al de Piletas? ¿O a que te subieran la madre? Un hecho real que nos lleva atrás en el tiempo de una manera divertida.

Mi concuño llegó a tocar el timbre, no sé ni cómo, cambao como una jose, enmuletado con un escobón. - Que si me llevas al estelero de Tenoya, que me di un estuerzo y estoy tó estronchao.Mi conciencia habló por mí: - ¿Y no será mejor ir al centro de salud y que te pongan un calmante y te vea un médico? El vozarrón se alborotó y llenó la calle: - ¡Ha dicho que no, médicus no! ¡Que me cosen las nalgas con indiciones quemonas y me dejan quince días tirao en la cama! Y mi conciencia, otra vez: - Mira que una lesión en la espalda es cosa muy seria.Los gritos se oyeron en el pueblo entero.- ¡Si usté no es hombre pa una cosa destas, hay se pué quedar con sus medicinas y sus finuras, que lo que yo quiero es que me lleve al estelero o busco quien me lleve!Media hora más tarde estábamos en los lomos de Tenoya, preguntando las señas de aquel hombre tan nombrado. Fue a ser en una casa muy antigua, bajando a la derecha, cuando la cuesta se empinaba del todo. Había seis o siete personas, y menos mal, que en cosa de minutos fueron docenas. En la sala de espera no cabía una tercera parte, y la escena era de asombro: En la vida había visto una reunión más silenciosa, nadie hablaba, todos callados como tocinos. El estelero llegó y empezó a pasar la gente y obrarse el milagro. Por allí fue desfilando aquel grupo de tullidos, lisiados, tronchados de todo tipo. Un breve diálogo, un gemido de diferente intensidad, un trasiego de dinero con algunas palabras más y vuelve a salir ahora aquella persona, derecha como una vela, sonriendo, respirando, hablando con todo el mundo y despidiéndose.Cuando le tocó a mi concuño, a mí me invitaron a esperarlo en una antecámara, separada por una cortina de donde estaba el estelero, y a la vista de la sala donde estaban los demás. Se reproduce el ritual y se oyó hablar a los dos hombres. De golpe, se oyó un bramido que a mi cuenta tembló hasta la cortina. Si lo oyen en Sevilla, que poco faltó, lo cogen para las saetas de Semana Santa. Y mientras el eco de aquel horroroso esperrío iba buscando salida barranco abajo, yo me vi en una situación apurada, tratando de contener las carcajadas que se me escapaban, con lo que la concurrencia me mal miraba. Alguna palabra más y sonido de monedas precedieron la salida de mi pariente. Enseguida entró otro, apurado, mientras aquél trataba de encontrar la vertical, la mirada extraviada, la cara brillando y pálida, la boca contraída, parecía un San Juan Evangelista en procesión.Se le cayó una moneda y el hombre se agachó, por instinto, a recogerla. Al hacerlo, tuvo tan mala suerte que se volvió a destorcer, el cuerpo sacudido por una contracción y la cara crispada por el dolor. - Llévame al médico, anda…Entonces le dije:- Vira para atrás, ya que estás ahí, y que te lo vuelva a arreglar.Y dice el hombre, la voz en un resuello:- ¡Ni anque tenga que asentar el culo en una tunera! (Nota: Todo lo relatado es estrictamente cierto y sucedido. Sólo he omitido el contenido del bramido, irreproducible.)

sábado, 10 de abril de 2010

Don Adán del Castillo




Nuestro padre, D. Adán del Castillo y Westerling nació en Las Palmas el 19 de febrero de 1845. Fue el sexto hijo del Cuarto Conde de la Vega Grande, D. Agustín del Castillo y de la esposa de este, Dña. Ana Westerling y Massieu.Nuestro padre, y digo nuestro padre porque estoy segura que hablo en nombre mío y de mis hermanos que ya no están, fue hombre de carácter muy sereno y ponderado. Estuvo ligado siempre a los principios que en nuestra familia se tuvieron por inalterables, pero supo al mismo tiempo marchar con el ritmo que los momentos iban señalando, pero sin altibajos ni extremismos.Hijo de su tiempo, para él fueron sagrados los principios de la conducta social que su familia había seguido y a mi entender y al de todos los que cuanto solicitaron su ayuda o consejo y fueron estos principios los que supo transmitir a sus hijos y que nosotros seguimos con atención muy rigurosa, dentro de las variaciones que el tiempo y la vida ha impuesto.Nuestra familia, los Castillo, por la que mi padre sentía un respeto inmenso, desciende de dos conquistadores de Gran Canaria, D. Hernán García del Castillo y su hijo Cristóbal, dos capitanes que vinieron a la isla en la primera expedición del General Juan Rejón, en 1478; es decir hace 500 años.Nos decía mi padre que aquel Hernán había sido uno de los cinco capitanes que vinieron a la conquista con Rejón.Estos dos señores fueron los que los que de verdad fundaron el Telde cristiano, costearon casi en su totalidad las obras de la parroquia de San Juan Bautista, don Cristóbal hizo traer parte de sus valiosos ornamentos incluidos en el famoso retablo flamenco que hasta hoy se ve en el altar mayor de aquel templo. Esta familia llegó a Gran Canaria procedente de Andalucía , donde se habían establecido y desde entonces hasta hoy asiento seguro en el archipiélago dando su sangre a las familias de mayor tradición histórica en él y a muchas de la península.Cristóbal García del Castillo realizó en Gran Canaria una labor muy fecunda , creó el famoso ingenio de azúcares que llevaba su nombre y poseyó una importante flota para atender a sus explotaciones agrícolas, que fueron muy importantes; tal vez una de las primeras de la región. El creó el tan conocido e importante Mayorazgo de Castillo en las tierras del sur de la isla con asiento principal en Telde.Nos decía mi padre que nuestra familia sostuvo el patronazgo de la Iglesia y Monasterio de Santo Domingo de Las Palmas, aparte otras importantes fundaciones que sería excesivamente extenso detallar.Más tarde entraron en estas obligaciones las propiedades de San Lorenzo y San Gregorio en la misma zona, que siempre atendieron con gran desprendimiento y afecto, y entre ellas las de Tamaraceite con la de la Virgen de los Reyes en Las Palmas. Sería enfadoso citar las personas que se destacaron a través de la historia, pero creo que debo destacar al historiador D. Pedro Agustín del Castillo y Ruiz de Vergara, del que tanto se ha escrito como patricio e historiador.Este D. Pedro Agustín fue nuestro abuelo. Dejó entre otros escritos su conocida descripción Histórica de Las Islas Canarias. Precisamente este señor vivió de niño en nuestra casa de la calle del Castillo. Se cuenta en la familia que estando en la azotea echando a volar una cometa se ató el hilo a la cintura y vino un golpe de viento muy fuerte y se lo llevó, y gracias a su preceptor no pasó la cosa a mayores.Mi padre fue un hombre muy activo pero sin ambiciones, enemigo de las intrigas y luchas políticas. Vivió como toda su familia las vicisitudes de país en el último tercio del siglo pasado y parte de éste, pero sin demasiadas apetencias ya que para que prestara siempre su colaboración más desinteresada a cuanto significara servicio a la Patria y a nuestra tierra.El vivió, como todos, las circunstancias y conflictos producidos aquí por el derrocamiento de Dña. Isabel II, la Segunda República, la Monarquía de D. Amadeo de Saboya y más tarde la Restauración en la persona de D. Alfonso XIII.Al declararse la guerra de Cuba tanto mi padre como mi madre, actuaron con mucho interés en las tareas de instalación en Las Palmas de un Hospital Militar de emergencias que se organizó en el anterior local del Casino, así como en otras medidas tomadas para un caso de urgencia. Puedo sentirme orgullosa, como se sintieron mis hermanos todos, y del ambiente de la formación humana y muy cristiana que se nos impartió en nuestra familia. Mi padre había estudiado primero en el colegio de San Agustín , hasta terminar el grado, luego quiso su padre enviarlo a la península a incrementar sus estudios, pero las exigencias del patrimonio familiar tenía, impidieron llevar a cabo la iniciativa, aquí siguió estudiando y perfeccionando sus estudios. Estudios de Agronomía que tanto le interesaban con los profesores que entonces teníamos, ya que la calidad agrícola de sus propiedades así lo precisaban.Nuestros padres se casaron en 1878, mi madre perteneció a la antigua familia de Manrique de Lara, de la que fue Mayorazga, y fuimos siete hijos.Mi madre fue señora de gran corazón y de muy entero carácter. Presidió la Junta de Damas que se formó aquí con motivo de la estancia de S.M. Don Alfonso XIII, en el año 1906, antes y en instantes muy difíciles, cuando la Diputación Provincial nos olvidaba , ella fue la principal organizadora del conjunto de Damas que se impuso la difícil y abnegada tarea de solicitar de puerta en puerta la aportación de las clases pudientes a fin de suministrar víveres, ropas y hasta instalaciones al Hospital de San Martín y al resto de establecimientos benéficos que padecían una penuria espantosa. Ella en unión de su marido y tal vez adelantándose a su tiempo, intentó fundar una guardería infantil, pero fueron tantos los impedimentos con que se hubo de encontrar que desistió al final descorazonada por la falta de apoyo.Más tarde ya en este siglo fueron ellos quienes cedieron terrenos muy amplios en Guía, junto al Albercón de la Virgen, para la creación de un granja agrícola, que era lo que mi padre sentía con más intensidad, la agricultura; y hasta pensó en algún instante levantar por su cuenta el edificio del Centro, pero al ver la apatía que tanto el Gobierno como los centros locales e insulares demostraron, quedó fundada pero en papel. Nuestra familia, hubo instantes que fue dueña de gran parte de los lugares de San Gregorio junto a San Lorenzo, que en lo antiguo se llamó Lugarejo, y de Tamaraceite.Siempre atendimos como hemos hecho en cuantos lugares hemos tenido tierras, las solicitudes que en orden a establecimientos de carácter benéfico público y muchas veces privados, se nos han solicitado y aunque las cosas han cambiado, nosotros y en honra a nuestro padre hemos cedido gratuitamente estos terrenos de Tamaraceite para crear en ellos el centro que lleva su nombre.Fue caballero de la Gran Cruz del Mérito Agrícola y Presidente del Consejo de Fomento de Las Palmas. Perteneció a la primera junta que se celebró en el Cabildo Insular ( en el cuadro que está en el Cabildo Insular ) con la primera presidencia figura él también ( como consejero ) en el año 1912.( … )


Fuente: micolegioadan.blogspot.com

lunes, 5 de abril de 2010

Una afición no muy común


Entiendo que no es muy común ver a un tipo con unos prismáticos acostado en el suelo de noche viendo y contando estrellas, aunque en mi caso llegó a ser lo más normal del mundo. No por el mero hecho de soñar sino más bien por curiosidad y comprender esta maravillosa ciencia. Un día por curiosidad cogí unos prismáticos que teníamos en casa, unos Kenko 10X50 y se me ocurrió observar el firmamento con ellos, la verdad que en ese momento y tras 5 minutos me dije que eso era muy complicado para mí y que como no comprendía lo que observaba no le dedicaría más tiempo. Unas semanas más adelante mientras cursaba 3º BUP en el Cairasco de Figueroa una fría mañana de Diciembre de 1995, reparo en que se me olvidaron en casa unos ejercicios que se iban a corregir ese mismo día, así que no me quedó más remedio que sacrificar el descanso del recreo e irme a la biblioteca junto con algunos compañeros, donde el silencio sepulcral era su santo y seña. Los ejercicios no eran nada del otro mundo y en 10 minutos prácticamente estaban resueltos, una vez resueltos y mientras se sucedían las bromas risas entre los compañeros, presté atención a los libros que tenía en la estantería de enfrente, reparo en unos pocos clasificados como ciencias naturales pero apartados del resto, me refiero a que el orden de apilado de los libros en esa estantería en concreto era de izquierda a derecha y estos pocos libros estaban uno encima del otro en la parte contraria de la estantería, como si estorbaran o algo parecido, no pude resistir la curiosidad y me acerqué a ver por qué estaban apartados del resto, cuál fué mi sorpresa al ver que uno de esos libros se titulaba "Como observar el firmamento con prismáticos", no podía salir de mi asombro, naturalmente ese mismo día pedí prestado el libro en la biblioteca donde una tal Estrella, me cedió el libro sin problema alguno no sin antes recalcarme la fecha de devolución, el libro era una traducción al español de un conocido divulgador y Caballero Inglés llamado Patrick Moore, donde explicaba generalmente la clasificación de las estrellas más brillantes del cielo por constelaciones, con la ayuda del libro ya comencé a ponerle forma a todo aquel caos de estrellas, para la nochebuena del '95 ya reconocía todas las constelaciones del cielo de Invierno, pero tenía una limitación, la azotea de mi casa de Piletas no disponía de mucho campo de visión, así que no me quedó más remedio que buscar un sitio con un cielo más abierto y poca contaminación lumínica, el lugar elegido, la cercana montaña de San Gregorio, en un principio siempre iba reclutando con éxito amigos y conocidos que tenía por aquellos años, pero hay que entender que a todo el mundo no le gusta esta afición y aunque al principio había mucho entusiasmo, se iban aburriendo poco a poco, algunos confundieron esta afición con el avistamiento de Ovnis y , lógicamente salieron decepcionados, entre tanto durante el transcurso de las semanas pude seguir reconociendo más estrellas y constelaciones con la ayuda de aquél magnífico libro y las buenas condiciones de transparencia que ofrecía por entonces el cielo de San Gregorio en los puntos más alejados de la civilización, sobre todo mirando hacia el sur donde lucían magníficas las constelaciones del Centauro y la esquiva cruz del sur, esta última de forma parcial, los planetas Júpiter y sus 4 lunas perfectamente visibles con los prismáticos (realmente tiene más de 20 satélites), Venus y sus fases, el escurridizo Mercurio inmediatamente tras anochecer, el rojizo Marte y Saturno aunque el anillo era invisible a mis modesto equipo . Poco me duró el "observatorio", lo que tardaron en cansarse los amigos y para ir yo solo pues no me arriesgaba, así que dejé de lado durante un tiempo los prismáticos, unos meses más tarde anunciaron por televisión que para la 2º semana de Abril del año 1996 sería visible el cometa Hyakutake, cerca de la estrella Arturo, todo un hito por lo cerca que pasaría de nuestro planeta, ya reconocía esa estrella y por este cometa volví a coger los prismáticos de nuevo y aguardé pacientemente a que se retiraran las nubes esa noche de máximo acercamiento que, para más señas era Viernes y, ciertamente fué todo un espectáculo, a simple vista se veía enorme con su brillante cabellera y su gran cola, no cabía en el campo de los prismáticos y se me quedó una huella que no me abandonaría nunca, esta era mi afición y decidí en ese momento dedicar bastante de mi tiempo libre a recopilar información y comprender los fenómenos y la mecánica celeste y, como no comprender el clima de la zona, para poder decidir que días y qué condiciones eran más apropiados para observar y cuáles no, obteniendo conclusiones bastante interesantes.Unos meses más tarde allá por Junio de 1996 nos mudamos a la parte Sureste de la isla y aquí he seguido evolucionando en el aprendizaje esta ciencia, ahora mismo ya dispongo de varios telescopios, prismáticos gigantes, cámaras, etc....aunque esto quizás sea otra historia. Pero jamás podré olvidar mis primeros pasos en la materia el tiempo que residí en el Barrio de Piletas..Recientemente he recibido una de mis fotos de la luna ha sido elegida "Lunar Photo of the day" en la web LPOD gestionada indirectamente por la Nasa, foto que me gustaría compartir con todos ustedes. http://lpod.wikispaces.com/February+26%2C+2010
Fuente: Israel Tejera Falcón http://astrovecindario.blogspot.com

miércoles, 31 de marzo de 2010

Semana Santa. Descanso, fervor y diversión.


Se acerca el puente de Semana Santa. Descanso, fervor, diversión o las tres se conjugan a la vez. Todavía, pese a quien le pese la Semana Santa se sigue viviendo con plenitud, eso sí de otra manera que antes, pero continúa siendo una manifestación de respeto y simbología para el cristiano. La vida del cristiano gira en torno a la Resurrección de Jesús, referencia más importante de nuestra fe. Durante los tres primeros siglos del cristianismo la única fiesta que realmente se celebraba era la Pascua de Resurrección. Con el paso del tiempo ese acontecimiento de la Resurrección se fue ampliando alrededor de la Semana Santa que se celebra el domingo siguiente a la primera luna llena del equinocio de primavera, entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Yo tengo muchos recuerdos de la Semana Santa, cargada de solemnidad y respeto. La gente se iba preparando desde el Miércoles de Ceniza con la entrada de la Cuaresma, cuando no se podía oir hablar de carnaval. Cuarenta días de ayuno y abstinencia, sobre todo de carne los viernes, que se llevaba a rajatabla. Por esos años el latín era el idioma oficial de la iglesia y los monaguillos tenían que aprenderse de memoria las oraciones en la lengua clásica. Don Manuel Rodríguez, al salir de la escuela, en los escalones, les enseñaba, y daba más “leña” que clases... Pero se aprendía. Uno de los monaguillos de aquella época recuerda que en Tamaraceite el cura Don Manuel Rodríguez puso, en donde hoy está el mural de Jesús Arencibia, las cortinas que le había prestado el dueño del cine, Don Manuel Marrero. Colocó unas cuerdas y había que tirar de ellas cuando, en la Vigilia de Pascua, el cura cantara “Gloria in excelsis Deo” (Gloria a Dios en las alturas). Y mientras cantaba el gloria, los monaguillos tenían que hacer sonar con fuerza las campanillas chicas. Manuel se cansaba de tocar tanto tiempo y el cura le daba capones en la cabeza diciendo: sigue, sigue, sigue... Mucho respeto sí que había en semana santa. En la radio solo podías escuchar música clásica y como te cogieran cantando el viernes santo te daban un capón.Ese día era el clásico del sancocho con gofio amasado y batatas.Muchos monaguillos se peleaban por salir en las procesiones que eran muy solemnes en los pueblos y la capital, aún cuando no estaba muy de moda lo de las cofradías. El vestuario del monaguillo, era la sotana y el roquete en la parte de arriba. El mayor llevaba sobrepelliz. También se ponían la moceta, una especie de capa hasta media espalda, como las pañoletas de las mujeres. El sochantre estaba para cantar y el sacristán estaba para el arreglo de la iglesia. Quién no recuerda hace unos años, algunos ya, cuando llegaba la semana santa y los grupos de jóvenes se reunían para vivir "su semana santa". En algunos de nuestros pueblos se representaba por las calles la pasión y muerte de Jesús, que culminaba colgando a "Jesús" de un madero. Incluso la iluminación la ponían varios coches con sus faros encendidos. Todavía sigue esta tradición, después de dieciocho años, en la Villa de Agüimes donde se representa el Auto de la Pasión escrita por Orlando Hernández, hijo de la villa. Otras muchas son las imágenes de estos días, como la del sábado, cuando se bendecía el agua y los monaguillos salían a rociar las casas. Ellos entraban y la gente les decía dónde debían rociar. Los moradores en agradecimiento daba algunos huevos o algunas perrillas que ellos iban recogiendo. Cuando llegaban a una tienda, compraban con el dinero de la alcancía un poco de pan y sardinas. A los monaguillos de antes nadie los tenían que despertar para ir a misa. El gallo de Cirila Cantero en Tamaraceite los despertaba los domingos a las cuatro y media de la mañana y solamente por el hecho de ponerse la sotana no dormían en toda la noche pensando en el pan calentito que traía Agustinita para los monaguillos. En estos días la Semana Santa se vive de manera algo "diferente". Los cristianos de hoy en día combinan playa con cultos, que no está mal tampoco, porque digo yo, tiempo para todo hay.

viernes, 26 de marzo de 2010

La graduación del machito

Les dejo con otro de los recuerdos de nuestro amigo Sergio Naranjo. ¡Excepcional!

Para poder ser respetado, en medio de aquella sociedad cruel, bárbara y tierna, todo a la vez, había que superar varias peleas y hacer el burro del modo más extremo. Y casi lo tenía hecho, cuarto de E.G.B., H-10, Doña Miriam de tutora y clase de chiquillos nada más; ellas estaban con don Fernando en la H-9. Curso 74/75 que se daba hasta mediados de julio, no creas; ya le ganaba a un montón y las burlas zahirientes del año anterior habían sido superadas. Ahora quedaba la última prueba, la que todo el mundo te recordaba si no habías hecho, para ser tenido en respeto: las chiquillas.A las chicas no se les decía nada, que se ponían a llorar y sus pruebas no eran válidas; a las grandes menos, que aparte de pasarse el día alega y alega, me habrían mandado al carajo y alguna bofetada de compaña. Tenían que ser las de una edad como la mía, de unos nueve a once años, antes de que todos llegáramos a esa edad en que nos echamos a perder. Se ponían a jugar a algo de lo suyo, y yo las tenía que retar para hacerlo también. Y si pasaba la prueba, sofoco incluido, estaba todo hecho.Al brilé no me aceptó ninguna, que con lo bruto que soy mis pelotazos no los quiere nadie; a eso del sé-sé-sé con las manos y cantando no acepto yo, que es una machangada que no da valor ninguno. Las cogidas, calimbres y coritos de las chiquillas son coto cerrado y ninguno entra allí. Al final me fui al elástico. Al pie de la puerta trasera del Colegio, frente al comedor, a la izquierda según se entra, bajo la sombra de un árbol frondoso, dos chiquillas sujetan un elástico de unos tres metros estirado, mientras otras seis o siete van saltando. Yo les suelto la bravata despectiva para que se piquen; no puede ser insultante, que entonces lo puedes pasar muy mal, o peor si llaman a alguno de los grandes y te bañan en leches. Me sale bien, ochenta diablas con cara de angelitos que no sé cómo lo oyeron ni de dónde salieron, me respondieron, todas a una: ¿Aaaah, síiiiiiii? ¡Pues a ver si tú lo haces, listiiiiiillooooo!Todas se disponen a examinarme, pero el candidato a machito se siente ufano y fuerte. Tobillo. ¡Buah! Fue pasar caminando por encima. Rodilla. Apenas tuve que levantar la pierna, la cabeza alta, retador... Ellas, ufanas, seguras, calladas... Medio muslo. Ellas saltan primero. Asombrosamente, hacen una pirueta de media vuelta, saltan y lo pasan. Yo ya empiezo a pensar que por qué no reté a las que están más al centro saltando a la soga. Pero supero el trago. Me fui aflojando, aflojando...Cintura. ¡Boooh! La cosa se está complicando. Hay que verlas, se van al suelo con las manos, hacen la palma, giran, pasan el elástico y caen de pie, la falda siempre en el sitio. Hombre, yo también puedo hacer eso, y sin falda que me preocupe, pero aquellos sudores ya no son de cansera. Hombro. Ahora se puede estirar la pierna hacia arriba, pisar el elástico con el pie, bajarlo y pasar. Ellas lo hacen, y me miran suspicaces. Mientras lo hago voy rezando para que esto acabe.Oreja. No sé qué noté en algunas cuando pasaron todas y me tocó a mí, pero al pisar, a una se le escapó el elástico (yo pa mí que lo soltó, juraíto por dió) y me llevé un jaramagazo del hombro al tronco de la oreja, pasando por todo el pescuezo y saliendo por la coronilla, que se sintió en San Gregorio. Los que jugaban al fútbol en el patio de arriba, en equipos de cincuenta cada uno, asomaron a reírse; otro tanto hicieron los de la reconca, pegados al terrero; los del calimbre de allá por la H-6 se llegaron pronto. Por la banda de abajo, los del boliche dejaron los guás; los de las estampas de los escalones del comedor no pudieron dar una palmada más; algunos abandonaron el voleibol un rato; y hasta los del churro de cerca de casa de Manolito se acercaron también.Y allí quedó este pobre penitente delante de aquellas brujas, ahora calladas, soberbias, satisfechas y ufanas, sin reírse, degustando su venganza, gesto despectivo, mientras yo no tuve más remedio que dejar el intento para mejores veras y de otras maneras. Batido en retirada, con la cabeza gacha, creyendo que había fracasado, resultaba, en ese imposible mundo de entender que son las ideas de las mujeres, que había ganado el título.Ya fui tenido en respeto y nadie más se metió conmigo. Pero este que está aquí no ha vuelto a desafiar a una mujer en los treinta y cinco años posteriores ni en otros tantos que viviera.

sábado, 20 de marzo de 2010

Entrega de Notas




Se acerca el final del trimestre y con él la bien temida entrega de notas. Pero este hecho traumático en otro tiempo, parece que en la actualidad ha perdido ese toque de intranquilidad y tensión que bien vivimos algunos llegando incluso a tener pesadillas con este papel. En la imagen podemos ver un boletín de notas de hace 36 años, el de nuestro amigo Sergio Naranjo, y que a buen seguro le traerá algún que otro recuerdo. Si me permiten les voy a contar mis días de entrega de notas. Mis primeros recuerdos del colegio son del "Colegio de Chita" , cuando estaba situado en el Callejón del antiguo Correos, en la Calle Magdalena en la Montañeta. Cuando empezamos la primaria mi padre por cercanía a su trabajo nos apuntó en el Colegio san Francisco Javier de Guanarteme. De los primeros recuerdos que tengo de ese colegio es "cagarme de miedo" en el sentido literal de la palabra. Don Santiago era el terror de los niños y todavía siento en mis nalgas las palizas por no saberme la lección o no saber resolver una raíz cuadrada en 4º de primaria. Pero tenía compañeros que lo tenían más crudo aún, ya que los pobres se la llevaban por ser zurdos. Yo la verdad que no fui un estudiante ejemplar porque tuve la suerte, o la desgracia, de tener un hermano gemelo del que me aproveché mientras pude, o lo que es lo mismo, él estudiaba y yo me copiaba. Recuerdo como si fuera hoy que en 6º, en el Adán, mi hermano me despertaba a las 6 de la mañana para que estudiara para el examen que tendríamos horas después. Yo de remolón terminaba con el libro de sociales delante pero con el ojillo cerrado. Cuando preguntaba Doña Angelina en Sociales me ponía con el libro escondido en la falda a decirle la lección y ella no se daba cuenta, o eso al menos nos parecía. Al final en el examen terminaba poniéndome lo más cerca posible de mi hermano para ver si podía escapar. Y a veces escapaba, y tanto, que así sobreviví hasta 2º de BUP, en que repetí curso y ya me tuve que buscar la vida. Después de esa "catástrofe" no volví a repetir curso alguno y la entrega de notas empezó a dejar de ser un mero trámite para convertirse en el indicador del esfuerzo realizado. Generalmente era así aunque, a veces, éste no se veía recompensado y venían las desilusiones, como si algo te rompiera el alma y el cuerpo. Pero sin duda que la enseñanza sin entrega de notas no es lo mismo. Ahora me toca a mí poner las notas y lo que sí que les aseguro es que siempre viene a mi mente mi etapa de "gandul" y me sirve para valorar mejor el esfuerzo de mis alumnos y a entender también a los que todavía no han descubierto que estudiar realmente vale la pena.

domingo, 14 de marzo de 2010

Tiempos pasados no tan buenos (I)


Nuestro amigo Sergio Naranjo nos envía otro de sus recuerdos de la infancia. Les dejo con él.

Según llegué al Adán del Castillo, allá por fines de noviembre de 1973, a mi cuenta pasaron pocos días, aunque fueron unos quince, y se nos mandó ir a formar al patio. A grito pelado, de forma muy dura, los niños unas filas, las niñas otras: ¡Firmes! ¡Ar! ¡Cubrirse! ¡Ar! ¡Fuera! ¡Esa palmada al muslo! ¡Alinearse bien o van saber lo que son latigazos! ¡Firmes! ¡Ar! Marcando el paso... ¡Ar! Y allá vamos los niños a dar zapatazos contra el suelo, mientras las niñas se mueven, pero no tan fuerte. ¡De frente! ¡Ar! Y salimos. No sé qué puede ocurrir hoy, los maestros están coléricos, hay gente rara en el Adán, gente seria, de mal carácter y mal encarados. Parece que disfrutan con hacernos eso. Salimos del colegio y enfilamos el Paseo de los Mártires. Pobre de quien se eche fuera del paso, del orden. Le pegan, y si llora le pegan más. A las niñas no les gritan, las insultan porque son niñas. Vamos haciendo un rítmico traqueteo calle adelante, hasta que llegamos frente a una tienda y allí bajamos, ¡paso normal, ar!, y no marcamos el paso, bajamos los escalones y nos vamos a situar donde alguien que se hace cargo de nuestra fila nos pone. En la plaza está formada una banda de requetés, que se llaman así y no requetenes, que así les llaman en San José, ustedes que son unos maúros. Son feos, tienen una boina roja, una camisa azul, un pantalón negro y botas de soldados; tienen unas correas en el cuerpo, y se bambolean rítmicamente al compás de unos tambores. Po-porropón, pon-pon, siempre sonando una y otra vez, y de vez en cuando cornetas. Banderas. Y malas caras, mal genio. Algunos tienen unas chaquetas blancas y dan órdenes. Se hacen saludos levantando la mano. Algún niño llora y le pegan, y no se calla, y se lo llevan a un recodo de la plaza y le pegan más.Se hacen saludos de unos a otros, se dan gritos, nos mandan firmes. Y los tambores. Po-porropón, pon-pon, una y otra vez. Yo quiero estar en San José, lejos de allí, con mis cochitos y mis ruedas para jugar; con mis cañas haciendo de caballos; con mis boliches, mis trompos... Pero me aguanto. Hace unos días que he llegado a este colegio y todo ha sido sufrir, el nuevo, el débil. ¡De frente paso normal! ¡Ar! Y vamos entrando a la iglesia, a mí me ha tocado al medio de la segunda fila de la izquierda, casi en el centro de la nave. Y Don Luis nos espera, con una sonrisa beatífica y satisfecha, las manos reposando cruzadas en el pecho, actitud santa. Ha terminado el sonido del tambor y alguien desde algún sitio que no identifico, grita a pleno pulmón: ¡Camaradas! ¡Viva Cristo Reeeeeyyyy! Todos responden: ¡UH! ¡Vivas PAÑÑÑÑA! ¡UH! ¡Vival CaudiLLOOOO! ¡UH!Nunca había estado en una misa como esta. Trapos en el altar con símbolos del desfile de la victoria. Banderas en la iglesia. Y una homilía para decirnos muy enardecidamente que éramos el futuro de la grandeza nacional. Había nacido, en efecto, un rebelde. Cuando uno de ellos me soltó un jaquimazo que casi me tira al suelo porque no grazné después de uno de esos vivas (no sabía qué ni cuándo había que responder, al año siguiente vaya si lo supe), no lloré. Pero ya tenía claro que aquella no era mi gente, ni aquello era lo mío. Nunca sería de ellos.No. Todo tiempo pasado no fue mejor, aunque me puedes devolver mis ocho años.