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miércoles, 28 de julio de 2021

La catástrofe de la Presa del Toscón


Vamos a recordar hoy un acontecimiento que sembró el pánico y la consternación entre los habitantes de Tamaraceite, San Lorenzo y Tenoya allá por los años 30 del S XX. Entre lo que cuenta la tradición oral y lo que recoge el periódico Diario de Las Palmas de la época y la carta Etnográfica del Cabildo Insular de Gran Canaria, les voy a trasladar este acontecimiento que supuso la noche más negra para nuestro pueblo de Tamaraceite y sus pagos, denominándose "La terrible catástrofe del Toscón". 

La presa del Granadillar, de Jacomar o El Toscón (se le conoce por los tres topónimos) fue construida entre los años 1930 y 1932 sobre otra que ya se encontraba en la zona. Alcanzó una altura de unos 20 metros de altura y cuyo proyecto fue realizado por el ingeniero Simón Benítez Padilla. La presa llena podía alcanzar 110.300 metros cúbicos de agua. Una presa que después de terminada, y debido a los periodos de sequía nunca había sido llenada.

Después de dos años, a la Presa de Granadillar empezó a entrar agua y se llenó por primera vez. La alegría de los agricultores de la zona por tener agua para el riego pronto se convirtió en llanto ya que la estructura de la presa no aguantó tal presión y sufrió una rotura que nadie esperaba ya que era relativamente nueva, al llenarse completamente por primera vez el 21 de febrero de 1934. Según cuenta la prensa de la época y la tradición oral, el estruendo fue como un terremoto en plena noche. Al romperse el muro de la presa las aguas discurrieron violentamente por el Barranco del Toscón destruyendo por completo el Puente de La Hoya de la carretera que desde Las Palmas conduce a la Villa de Teror, así como varias casas de mayordomos y algunas fincas de plataneras, falleciendo ocho personas entre adultos y niños. Se la conoció entonces como la terrible Catástrofe del Toscón.

El Diario de Las Palmas lo recogió así en 1934:

(…) La inmensa avalancha de agua, unos 150.000 metros cúbicos, arrastró árboles, piedras y tierra, con cuyo material taponó el puente del barranquillo de Teror, represándose nuevamente. La fuerza del gran volumen rompió la contensión, lanzándose otra vez vertiginosamente, en una extensión de cuatrocientos metros de ancho por tes y cuatro metros de altura, barranco de “Jacomar” abajo.

En su desengrenada carreta las aguas arrastraron dos casitas, situadas en el lugar conocido por “El Barranquillo”, propiedad una de don Lorenzo Montesdeoca y habitada por su mayordomo llamado Ramón y conocido por “El Pastor”, su esposa y dos niñas, una de un año y otra de tres. La otra vivienda arrasada estaba un poco más abajo, y la habitaba el mayordomo de don José Velázquez, llamado Maximiano Sánchez, que dormía con su esposa y dos hijos pequeños en una de las habitaciones, encontrándose en otra inmediata los mayores Modesta, María y Adán y en la cocina otra menor llamada Eva. Además durmió allí anoche, contra costumbre, el gañán de una finca vecina propiedad de don Lorenzo Montesdeoca, llamado Rogelio Herrera Ortega. Las dos viviendas fueron totalmente arrasadas, no quedando de alguna ni la señal y sus habitantes envueltos en la corriente y arrastrados» 

(Diario de Las Palmas, 23-2-1934).

Según estudios realizados por el geógrafo Jaime J. González Gonzálvez, en 1944 el  ingeniero presista Julio Alonso Urquijo elaboró un informe para la Jefatura de Obras Públicas de Las Palmas sobre la Presa del Toscón donde afirma que la presa se vino abajo por no haber ejecutado cimientos. Para los peritos la causa de la rotura fue la capa arcillosa que cementa los conglomerados: al llenarse el embalse durante un invierno excepcional, tras varios años de sequía y calores, hubo un corrimiento del terreno por las fisuras producidas en la arcilla. Y al fallar el terreno del cimiento intervino la segunda causa: el empuje de abajo arriba del agua, la subpresión. Según el presista autor del Proyecto, Simón Benítez Padilla, que realizó una visita a la presa tras la rotura, corrobora -el corrimiento del terreno- la presencia de una larga grieta, claramente perceptible a todo lo largo de la ladera siguiendo la orilla exterior del cimiento.

Esteban G. Santana Cabrera

jueves, 9 de mayo de 2013

El patrimonio hidráulico de Tamaraceite también es historia


Jaime González (geógrafo).Dice el Ingeniero de Caminos Francisco Bueno Hernández en el punto Las presas del siglo XX de su artículo Las presas históricas españolas. Ingeniería y patrimonio, que «no solo las presas de cierta antigüedad son las que deben considerarse históricas. La contemporánea también es Historia. Y un buen número de presas construidas a lo largo del siglo XX pueden y deben tener tal consideración y ello por muy diversos motivos, al margen de los sociales y económicos. Algunas están reconocidas a nivel internacional y aparecen en manuales no sólo de ingeniería, sino de arte o patrimonio, en igualdad de condiciones con edificios o patrimonio industrial. Resulta paradójico que en España se conozcan y reconozcan menos que en muchos otros países.»
En este sentido, podemos decir que las presas de embalse, los pozos, las galerías, los estanques/depósitos, los canales, las tuberías, y las demás obras hidráulicas construidas durante la batalla del agua (Siglo XX), también son Historia. Y son muchas las obras hidráulicas que deben estar en la relación de Bienes de Interés Cultural con la categoría de Monumento de Ingeniería. Muchas.
En las conclusiones del artículo Construction of large dams in the Canary Islands (Construcción de grandes presas en las Islas Canarias), enviado en septiembre de 2011 al XXIV Congreso Internacional de la Comisión Internacional de Grandes Presas (ICOLD-CIGB) - Kyoto (Japón) 2012, planteábamos que en el siglo XXI debíamos de reconocer los notorios valores históricos que tienen las grandes presas de embalse que han sido construidas en las Islas Canarias. Especialmente las presas de mampostería (de fábrica pétrea), al ser las Islas Canarias (Gran Canaria)«la última región del mundo occidental donde se emplean de forma sistemática las fábricas de mampostería para la construcción de grandes presas».
La primera etapa hidráulica en Gran Canaria fue indocta y espontánea, con un recurso –las aguas continuas– que fue derivado a través de surcos. La segunda etapa fue una transición, de los surcos al subsuelo. Insuficientes las aguas continuas superficiales, el grancanario buscó las lentas corrientes bajo los álveos y las derivó con drenes abiertos en los acarreos de los cauces o las elevó de someros pozos. Surcos, minas de barranco, pozos. Y comenzó a poner azudes en los cauces a las aguas discontinuas y derivarlas a pequeños estanques.
La tercera etapa hidráulica en Gran Canaria fue grandiosa, sorprendente, enorme, gigantesca, explosiva. Fue, en palabras de un Presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria, el tiempo de la minería del agua. Siglo XX.
Pero con el alumbramiento de las aguas subterráneas, obra de la iniciativa particular, también se construyeron canales y tuberías para trasvasar el agua de unas cuencas a otras, desde la cumbre y medianías hasta las fincas fabricadas en las costas incultas; estanques/depósitos, para almacenar el agua en lo alto o en el interior de las propias fincas; y grandes y pequeñas presas de embalse, para captar y/o almacenar las aguas discontinuas o subterráneas. Todo un ejemplo de esfuerzo y de lucha por el agua. Más de 7.000 obras hidráulicas. Un número muy superior a las cifras que hay en los documentos modernos.
La cuarta etapa fue la de la terminación de obras hidráulicas de mampostería ciclópea y la construcción de obras de hormigón mamposteado, de hormigón y las presas de materiales sueltos de Tirajana y Siberio. También se construyeron obras hidráulicas curiosas e interesantes en los 70 y principios de los 80, fruto de la fuerte tradición que había con la piedra (tercera etapa).
En el capítulo Presas de fábrica en España, de la grandiosa y gigantesca obra Ingeniería de Presas. Presas de fábrica, los dos autores entienden por “presas históricas” a las anteriores al siglo XIX, ya que es cuando se produce en España «la transición desde un periodo de diseño intuitivo a otro basado en los principios de la Mecánica Racional». En las Islas Canarias esta transición ocurre cuando se pasa de hacer diseños de presas intuitivas en la década de los 60 del siglo XIX al diseño y construcción de grandes presas a principios del siglo XX acordes a la Mecánica Racional.
Así, en Gran Canaria se diseñaron 7 grandes presas con perfil muy robusto en 1862 por parte del Ingeniero de Caminos Juan León y Castillo en el angosto Barranco de Tamaraceite, pero habría que esperar a la primera década del siglo XX para la tramitación de Proyectos y construcción de grandes presas con perfiles tipo de inspiración Racional (San Lorenzo, represa del Pinto, etc.)
Al no haber “presas históricas” construidas en Gran Canaria, podemos entonces reconocer el valor histórico que tienen las grandes presas de mampostería diseñadas y construidas entre 1902 y 1964. Desde la Presa de San Lorenzo, cuyo proyecto tiene fecha de octubre de 1902, a la finalización de la vieja obra de Chira en 1964, del Cabildo Insular de Gran Canaria.
Aunque la construcción de mampostería continuó hasta principios de la década de 1970, se ha escogido la fecha de 1964 no sólo por la finalización de la mayor presa de embalse construida por la Corporación Insular, sino porque Vigilancia de Presas inició su etapa en Canarias en enero de 1964. Ese año marcó un antes y un después en la construcción de grandes presas, así como en su valoración histórica. Desde las construcciones antiguas, las presas de fábrica pétrea, a las construcciones modernas, presas de Ariñez, Siberio, Tirajana, Conde y Cueva Blanca. En medio, una transición de presas de mampostería (por finalización o recrecimientos) y de hormigón mamposteado (Parralillo, Fataga, Gambuesa). Y, por supuesto, la construcción de la única presa bóveda en Canarias (Soria). Pero en Gran Canaria todas estas obras hidráulicas tienen notorios valores históricos y etnográficos, al igual que los miles de estanques, los millares de pozos, los cientos de galerías, la tupida red de conducciones (canales y tuberías), y lo demás que existe por su construcción en mi isla, Gran Canaria.
Fuente: canariasahora